¿A dónde vamos?

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Inicio mi colaboración en Rincón Bravío en tiempos de tribulación, con la mejor disposición para reivindicar la España que vivimos a diario, lugar en el que la vida nos ha ubicado, en un pequeño gran rincón del universo mundo, inserto en la civilización occidental europea. 

Unos españoles permanecemos en ese mismo entorno, otros han desarrollado su vida en la globalización. En el primer caso, será necesario abrir la mente, trascender al terruño para contemplar en su amplitud la realidad circundante; los que estén lejos necesitarán, como Ulises, su Ítaca a la que regresar periódicamente, bien de manera presencial o sentimental, como referencia de pertenencia. Pero resulta difícil saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos. Por el hilo se llega al ovillo. Se hace necesario intuir los rasgos que nos identifican para poder realizar nuestra aportación urgente a la restauración del patrimonio común. 

Tal vez la palabra más repetida en los diez últimos años en España y en Europa ha sido crisis, elevada por la pandemia a la categoría de tragedia: tragedia sanitaria, tragedia económica -primum vivere- crisis política, crisis social, crisis nacional. Considero que la pérdida de la identidad, es la gran dificultad para dar la respuesta que, como pueblo, hemos de aportar ante la gravedad de la tragedia. La pandemia ha venido a resultar la lupa que pone a la vista el grave problema que afecta a España en la sociedad, en el Estado, en el hacer político, en su porvenir.

Percibo a los españoles sumidos en un entorno de tensiones, incertidumbres, falta de claridad en el pensamiento, que nos conduce a no saber explicarnos a nosotros mismos, a no poder conocer con profundidad el tiempo presente porque se ha vaciado del pasado que lo explica. Recordando a Ortega y Gasset: “nos pasa lo que nos pasa, porque no sabemos qué es lo que nos pasa.”

Hemos de referirnos a nuestro pasado, a la herencia que hemos recibido de las generaciones precedentes, porque sin conocimiento del pasado no hay referencia. No podemos reconocernos en una fantasía improvisada, al gusto o conveniencia de intereses desnaturalizados, ajenos al legado que, a lo largo del tiempo, ha permitido a las generaciones alcanzar logros de orden moral, cultural y político, que constituyen las raíces de lo que somos. Se hace necesario proyectar un poco de luz sobre el presente con el foco del pasado, que resulta imprescindible para identificarnos y dar continuidad al futuro.

Por supuesto, no caigamos en el error de afirmar que únicamente somos una consecuencia determinista de la historia. Las personas, como individuos libres, contribuimos con nuestras decisiones a la realización de la historia, de la cual somos responsables en la medida que nos corresponde.

La construcción de la cultura occidental, de la que España ha sido uno de los protagonistas destacados, se ha llevado a cabo en una tarea secular de la que no se puede hacer tabla rasa para inventarnos una desidentidad falsificada. El sistema educativo ha dejado de lado a las humanidades y con ellas al pensamiento. La ignorancia acerca de nuestra historia y geografía ha contribuido a la desarticulación de un proyecto común como sociedad, que nos haría más fuertes y eficaces ante las contrariedades que nos asolan a todos los niveles. El olvido y la dejación constituyen el caldo de cultivo para el desencuentro que vivimos. El hueco que la ignorancia deja, cual recipiente vacío, está siendo colmado de falsedades a beneficio de intereses espurios y tiránicos.   

Reivindico la necesidad del conocimiento, mediante el estudio y la difusión, de las raíces culturales de Occidente que nos sitúen en la Historia -no confundir con memoria- de la que seguimos formando parte, ya que si nos distraemos de la tarea viviremos en una realidad virtual, diseñada al modo que describe George Orwell  en 1984 o en la tiranía de  Rebelión en la granja.

«¿Qué podremos hacer? ¿qué nos dejarán hacer? ¿qué nos pasará? Sin ninguna duda, lo que nos dejemos»

José María Aiguabella Aísa

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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