Desmemoria, indignidad e injusticia.

CARLOS LUQUE FLÓREZ

La Real Academia de la lengua Española define la memoria como la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.

Recientemente un estudio demoscópico ha mostrado una realidad preocupante. Siete de cada 10 españoles no son capaces de reconocer a Ortega Lara. Seis de cada diez jóvenes no conocen a Miguel Ángel Blanco. Un 40% de los españoles no conocen a Irene Villa. 

Estos datos son sonrojantes. Si España no recuerda a algunas de las víctimas más reconocidas de la banda criminal ETA cómo van a conocer las historias de personas como Jiménez-Becerril o Rosario Muela

España dijo basta.

La memoria colectiva de la sociedad española está fallando. Comprensible si tenemos en cuenta que una parte importante de nuestros políticos tienen la vista puesta hace casi 100 años mientras pretenden hacernos olvidar lo que pasaba antes de ayer. Es más, no solo antes de ayer, si no pregunten en Alsasua o den un paseo por cualquier pueblo del País Vasco, donde ETA y sus símbolos siguen muy presentes. Parece que los que se hacían llamar gudaris sí se esfuerzan por mantener viva a ETA. Sin embargo, los que durante tantos años fueron perseguidos y asesinados por los terroristas, los quieren borrar de nuestra memoria.

La RAE define dignidad como la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden. 

El pasado mes de julio se celebraron las elecciones en el País Vasco y el partido EH Bildu obtuvo 250.000 votos. 250.000 personas que votaron ETA. Porque eso es lo que es Bildu. Un partido que no condena los asesinatos de la banda y que a los crímenes les llama Ekintzas y a los asesinos, gudaris. Asesinos a los que no dudan en homenajear en sus pueblos cuando abandonan las cárceles de las que nunca debieron salir. 

Bildu tiene a su cabeza a Arnaldo Otegui, funesto personaje que muchos quieren hacer pasar por un «hombre de paz». El típico hombre de paz que en su juventud se dedica a secuestrar a empresarios y les obliga a jugar a la ruleta rusa ¿verdad?

¿Es digno que los familiares de las más de 800 víctimas mortales de ETA tengan que ver a cinco blanqueadores de la historia criminal de la banda en el Congreso de los diputados? No, no solo es indigno sino que es vomitivo. 

El diccionario de la academia define la justicia como un principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. 

El secuestrador Otegui es visto por demasiados como un hombre de paz. El secuestrado Ortega Lara es desconocido por muchos y visto por otros tantos como un peligroso fascistoide.

José Antonio Ortega Lara tras su liberación.

A día de hoy existen todavía 379 asesinatos de ETA sin resolver. 379 personas perdieron su vida a manos de cuatros niñatos alienados y sin cerebro, y sus familias todavía no saben quién fue el responsable. 

Mientras tanto, cada vez más presos con delitos de sangre son acercados a las Vascongadas sin mostrar arrepentimiento alguno o colaboración con la mal llamada Justicia

¿Es esto justo o injusto? No solo es injusto sino que es nauseabundo.

Memoria, dignidad y justicia es el lema que durante años ha amparado a las víctimas del terrorismo. 

La memoria colectiva se diluye a pasos agigantados en pro de los abyectos intereses políticos de quienes nos gobiernan, más partidarios del neolenguaje y la llamada equidistancia. Los herederos de la ETA cada vez tienen más representación parlamentaria al tiempo que los asesinos gozan de beneficios penitenciarios inmerecidos. 

¿Qué queda de aquel grito bajo el que se cobijaban las víctimas de sus verdugos? Por desgracia, parece que cada vez menos. Hagamos algo por cambiarlo. O ETA habrá ganado.


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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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