Marisú. La campana extractora de la cocina del desGobierno

CARLOS LUQUE FLÓREZ

Cuando uno cocina lo frecuente y recomendable es encender la campana extractora, para evitar malos olores y la acumulación de humo. 

No todos tenemos la suerte de vivir en el Palacio de la Moncloa o en una mansión en Galapagar así que, lo más probable, es que la mayoría de quienes me estén leyendo no dispongan de un comedor en su casa y, por tanto, estén acostumbrados a comer en su cocina. 

Cuando uno come en su cocina es habitual que se repita una situación que seguro que todos ustedes identifican. Me refiero al estridente ruido provocado por la citada campana extractora. Se trata de un sonido extremadamente molesto, cuasi atronador.

Pero lo tenemos tan interiorizado, tan asumido como algo cotidiano, que son muchos los días que comemos con el dichoso rumor de fondo y ni siquiera somos conscientes. Hasta que alguien se levanta y lo para. Entonces recuperamos una tranquilidad que ni sabíamos pérdida. El silencio renace al parar el desagradable mantra. Recuperamos la calma.

Pues bien. Eso es exactamente lo que me ocurre con la ministra de Hacienda y Portavoz del desGobierno de nuestro querido país. María Jesús Montero es una política nefasta y una pésima gestora, como acredita su paso por la Junta de Andalucía. Pero ese no es el tema aquí convenido. Rebobinemos: Marisú es la campana extractora de la cocina del desGobierno. 

Puedo prometer y prometo que cada vez que Marisú comparece trato de escucharla de principio a fin, pero se me hace imposible. Escucharle es tremendamente estomagante. ¡No sabe hablar! Y no se equivoque, no me refiero al deje andaluz que no me importa, sino al revés. Me refiero a su entonación y a su mala praxis a la hora de juntar más de dos sílabas. 

Si usted ha sido capaz de escuchar una comparecencia entera de la menestra portacoz tiene mi reconocimiento. No obstante, asegúrese de no poseer cierta tendencia al masoquismo. 

Estoy casi seguro de que el psicópata Pedro Sánchez repudia a Montero y que nombrarla Portavoz fue un ejercicio de crueldad para reírse de ella a diario. 

Cuando uno escucha a Marisú primero le presta atención, luego se convierte en un mantra que interiorizamos hasta que dejamos de tener el foco puesto en él, y cuando se calla….Ese momento sólo es comparable a cuando un comensal se levanta a apagar la desagradable campana extractora. Liberación total. 

La analogía no acaba aquí. Nuestra no querida Marisú también es comparable a las campanas de nuestras cocinas en otros aspectos. Y es que es ella la encargada de tragar todo el humo que sale del Gobierno para después intentar elucubrar y mentir a 47 millones de personas.

Por último, como saben, las campanas de las cocinas, aunque a simple vista no, son un inconmensurable nido de suciedad que cada cierto tiempo requiere limpieza, sino acaba lleno de mierda. Limpiarlo cada 4 años implica ser un guarro. Los españoles no tenemos tal fama, no somos ingleses. Así que procure hacer lo que esté en su mano  para tratar de quitar la mierda del extractor lo antes posible.

«No soporto ver la casa sucia. Ahora mismo me levanto y apago la luz»

Quino

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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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