Cuatreños, Cinqueños…,¿Seiseños?

Ana Escribano

DIEGO GONZÁLEZ GILABERTE

2020. Año fatídico para nosotros, aficionados taurinos. Pocos festejos -ninguno en Madrid, la plaza más importante de todas-, poco apoyo institucional, pocas ganaderías sin problemas para seguir adelante, pocos aficionados en las plazas; en general pocos toros. 

Todas las grandes ferias han sido canceladas y los pocos festejos que hemos visto han sido en pueblos y con suerte en algunas ciudades. Se ha echado en falta lo más importante, el eje de la fiesta: El toro; con trapío, serio, imponente, íntegro, el dueño del ruedo.

La amplia mayoría de ganaderos no han tenido otra alternativa que hacer realidad su mayor pesadilla: llevar sus propios toros al matadero. Esos mismos toros que con tanto amor, paciencia y esfuerzo, habían criado desde su nacimiento. Una decisión aciaga, pero realmente inexorable dada la situación que vivimos. Debido a dicha situación, el auge de la crisis del sector taurino ha sido incontenible, y es preciso buscar soluciones que contribuyan a la reconstrucción de la tauromaquia.

El debate sobre la posibilidad de que se permita lidiar toros con seis años está apareciendo con asiduidad últimamente. No son muchos los ganaderos que siguen teniendo toros con cinco o seis años ya que, como he mencionado antes, han sido enviados al matadero. Pero sí sigue habiendo algunos toros cinqueños en el campo. Toros que se siguen manteniendo por decisión de sus ganaderos, que se niegan rotundamente a enviar sus propios animales, criados para morir en una plaza, a un matadero. 

Hay evidente disparidad en esta controversia incluso entre integrantes del mismo sector. Hay ganaderos que se oponen firmemente a una ley que permita lidiar toros con seis años puesto que el coste que supondría mantener un toro de lidia un año más es demasiado elevado, y dadas las circunstancias ya desembolsan una cantidad económica considerable en mantener sus animales durante cuatro o cinco años.

Por otro lado, hay ganaderos que defenderían una hipotética medida de este corte ya que les permitiría lidiar toros que pensaban lidiar este 2020 y siguen en el campo, dándoles mayor beneficio económico que si lo es enviasen al matadero y con el conveniente añadido que supone siempre para un ganadero ver el comportamiento de su toro en la plaza. No sólo eso, sino que muchas ganaderías a las que les cuesta entrar en el circuito verían esta medida como una posibilidad de entrar y afianzarse en él.

El aficionado mira por el ganadero -quien cría el toro, el eje fundamental de la fiesta- y por el futuro de la propia fiesta. La opción de presenciar la lidia de un toro de seis años, aunque sea temporalmente, puede ser enriquecedor para la fiesta y los aficionados, quienes veríamos en esta posibilidad un aliciente más para ir a la plaza. Aunque igual que con los ganaderos, también aparecería algún genio para decir que un toro de seis años es excesivamente peligroso para el torero. Un argumento completamente ridículo que desafortunadamente no me sorprendería nada.

Una medida temporal que permitiese la lidia de toros de seis años podría beneficiar a los ganaderos que no han decidido mandar sus animales al matadero. Pues surge otro problema, ¿qué toreros estarían dispuestos a matar un toro de seis años, si todos ponen pegas para matar cinqueños? No es sólo eso. Es que, además, en la época de reconstrucción de la fiesta en la que nos encontramos, es indispensable la retransmisión televisiva para realzar la afición.

Si las personas que realmente controlan la tauromaquia y el rumbo que toma, las mal llamadas figuras -para mí, figuritas-, no quieren matar ni toros de cinco años, y sólo un puñado de toreros y con poco tirón estaría dispuesto a matar toros de seis años, el canal Toros dirá que o torean las figuritas o no retransmiten la corrida, y ahí la empresa se asustará y cederá.  

Aunque queden pocos toros con seis años, siendo la situación desfavorable, si a los ganaderos se les compensase por ese año adicional que mantuviesen a los toros en su finca, esta medida podría implementarse para que se pudiesen lidiar toros de tres edades diferentes beneficiando a los ganaderos. Eso sí, si un toro de seis años se va a pagar igual o peor que uno de cinco, que conociendo el panorama actual sería lo que pasaría, entonces que no pase. Debemos respetar y apoyar a los ganaderos que tan mal momento atraviesan de la forma que sea.

Román Collado ante un encastado toro de Adolfo Martín en San Isidro 2019 (lamejortoros.com)

Ahora bien, las figuritas, que tanto lloriquearían por esta medida, deberían aprender de las que sí han sido verdaderas figuras del toreo. Que aprendan a torear animales de verdad. Un toro de lidia ha de ser difícil, no fácil. Debe ser bravo, encastado, fiero, íntegro, exigente. Un toro de lidia debe vender cara su vida y no ser una hermanita de la Caridad, y no permitirles a los toreros dar más de veinte muletazos. Que se olviden de animales bobos y moribundos, obedientes e inofensivos.

Que se olviden de toros colaboradores, sin raza y que se dejan dar cien pases sin ningún tipo de oposición. Lo que se lidia en la actualidad es la antítesis de lo que debe ser un toro de lidia. Un toro de lidia debe imponer, no dar pena. El toro está perdiendo peligrosidad, y la tauromaquia está perdiendo aficionados. Quizá, digo yo, existe una correlación. Queremos ver toreros que dejen de lidiar cuatreños anovillados y se propongan matar toros “seiseños”. Queremos toreros machos.

«Los toreros de hoy son figuras, pero de mazapán y de pitiminí»

Doña Mercedes Picón, marquesa de Seoane

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