DE MARY MONTAGU A PFIZER-BIONTECH

Robert A Thom (1915-1979). «Edward Jenner inyectando la primera vacuna contra la viruela al niño James Phipps en 1796». La imagen forma parte de la serie «A History of Medicine in Pictures», que el autor realizó por encargo de la compañía farmacéutica Parke Davis, hoy día propiedad de Pfizer.

JUAN SEGURA NUEZ

1716. Mary Montagu, quien había superado la viruela y había visto a su hermano morir por la misma, viaja al Imperio otomano. Allí, observa que, quienes se pinchan con agujas impregnadas en pus de viruela de las vacas o “cowpox”, posteriormente no contraen la viruela humana o “smallpox”. En su regreso a Occidente, Lady Montagu realizó esta práctica de “variolización” sobre sus propios hijos y divulgó el procedimiento entre otras personas. Sin embargo, la clase médica continuó desconfiando del método.

No fue hasta 1796, ochenta años más tarde, cuando el médico Edward Jenner desarrolló la primera vacuna con un método que, hoy en día, rechazaría en absoluto la ética médica. Tomó muestras de una pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina y se las inoculó a James Phipps, un chaval de ocho años. Tras siete días en los que el niño presentó malestar, le hizo pinchazos superficiales con agujas cargadas de viruela humana, pero no desarrolló ninguna enfermedad.

Pero la vacuna de la viruela no se quedó ahí. Entre 1803 y 1806 se llevó a cabo la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna o Expedición Balmis, con el objetivo de que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español. ¿Pero cómo iban a llevar viales en buen estado, hasta América o Filipinas, si no había cámaras de refrigeración? Al doctor Balmis se le ocurrió la solución: llevar el virus en personas vivas. Llevó consigo a 22 niños expósitos, con solo 2 de ellos vacunados, vacunando durante el trayecto al resto, ya que las pústulas de los primeros dos niños no aguantarían todo el viaje.

Salida de D. Francisco Balmis a la América. Grabado de Francisco Pérez.

Tras años de evolución de la vacuna e impulso de ésta por diversos países, la OMS declaró erradicada la viruela en 1980.

Si llegados a este punto sigues aquí, querido lector, me alegro de que te interese el tema de las vacunas. Llega la hora de hablar de actualidad y, cómo no, del coronavirus. Hoy en día, por desgracia (mejor dicho, por pandemia mundial), el tema de las vacunas vuelve a estar de moda. Se están concluyendo los ensayos clínicos de varias contra el SARS-Cov2, e, incluso, la vacuna de Pfizer/BioNTech ya se está administrando.

A estas nuevas vacunas les están saltando varias críticas: que han tardado muy poco tiempo, que no se han probado lo suficiente, o que lo más seguro es que nos dé una reacción alérgica si nos la ponemos.

Por un lado, es cierto que la vacuna se ha desarrollado más rápido de lo habitual. Otras pueden tardar incluso más de 20 años. Sin embargo, las vacunas del coronavirus han pasado por los mismos ensayos que las vacunas contra cualquier otra enfermedad. Lo que no podemos saber, al no haber transcurrido el tiempo suficiente, es si va a tener efectos adversos a largo plazo.

Por otro lado, hace unos pocos días, se publicó la noticia de que dos trabajadores sanitarios ingleses, con historial de reacciones alérgicas, generaron una reacción alérgica contra la vacuna. La Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios de Inglaterra ya ha recomendado que personas con un historial de reacciones alérgicas significativas no se la pongan, algo que es común en todas las nuevas vacunas.

El ministro de Sanidad español, Salvador Illa, ha anunciado que la vacuna llegará a España en “menos de un mes”. Según el informe de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de EEUU), el estudio de Pfizer-BioNTech muestra disminución en el riesgo de desarrollar enfermedad COVID-19, tanto en su forma leve como grave. No obstante, también se señala que hay numerosos apartados que se desconocen de la vacuna, al no haber sido probados en los ensayos clínicos: su efecto en pacientes inmunocomprometidos, menores de 16 años, previamente infectados por SARS-Cov2; la duración total de la inmunidad; su efectividad a la hora de impedir que una persona vacunada transmita el virus; y su capacidad de generar inmunidad ante una posible mutación del virus.

Para hacer un control exhaustivo de los efectos adversos que puedan surgir y que no se hayan detectado en los ensayos clínicos, los gobiernos europeos diseñan un plan de farmacovigilancia: lo que viene a ser una continuación a gran escala del estudio, en la que participará todo aquel que se vacune.

Y llega el momento de hablar, como en la mayoría de los artículos anteriores de este Rincón, de libertad y responsabilidad. Responsabilidad por muchas partes: hace falta transparencia de las empresas farmacéuticas y gobiernos en relación a los efectos adversos, que lo que publiquen sea en búsqueda de la protección de la salud de los ciudadanos y no por intereses económicos; del personal sanitario, para discernir los beneficios y riesgos probados de los que no, y explicárselos a sus pacientes; y de los ciudadanos, de informarse correctamente y que no se difundan “bulos”-no creo que una vacunación masiva sea el plan de Bill Gates para controlarnos a todos con un microchip-.

Y libertad individual para decidir ponerse o no la vacuna. Sinceramente, creo que la eficacia de las vacunas desde la época en la que el pequeño James Phipps se jugó el pellejo para desarrollar la “primera” vacuna de la viruela es incuestionable. Es más, no vacunar a un niño de enfermedades como la difteria, el tétanos o la tos ferina, es poner en grave peligro su vida.

Pero en el caso que nos afecta en la actualidad, personalmente creo que todavía hay demasiado desconocimiento acerca de posibles efectos a largo plazo, especialmente en personas que, como yo, ya han sido infectadas por el virus (el estudio no incluía a nadie que hubiese sido positivo anteriormente en SARS-Cov2, para poder contabilizar los anticuerpos que la vacuna generaba por sí misma).

Como ya comentamos en ¿Economía o Salud o Economía y Salud?, no nos podemos permitir poner toda la esperanza en la vacunación, esperando con todos los países “cerrados”, sin tener ningún otro plan.

A excepción del agua limpia, ningún otro factor, ni siquiera los antibióticos, ha ejercido un efecto tan importante en la reducción de la mortalidad” 

Stanley Plotkin, en relación a las vacunas

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Publicado por Juan Segura Nuez

Médico en potencia. Batería por diversión.

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