RECUERDOS ANTIGUOS ~Recuerdos de niñez~

Soto de Dego – Cangas de Onís 

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Mi primer recuerdo es la llegada a una casa que me resultó desconocida, estaba muy cansado, me introdujeron en una cocina y me dieron un vaso de leche, la cocina me resultó obscura y no tenía ganas de nada, aunque me tomé la leche. Creo que fue mi llegada a Soto de Dego. Si es así Juan no había nacido aún, si ese recuerdo es fiel yo tenía menos de 21 meses.

Recuerdo otro día, que en la casa en que vivíamos, supongo la misma que en el recuerdo anterior, en Soto de Dego, se recogieron todas nuestras cosas y las subieron a un carro de vacas. La mudanza debió llevar cierto tiempo y cierto estrés, porque se me quedó grabado. Recuerdo una espera previa a encaminarnos a la nueva casa, de como ese día Pedro aparejaba las vacas, poniéndoles las pieles de oveja sobre la testuz y luego el yugo, que se amarraba con aquellas correas tan largas. Pedro lo hacia pausadamente, yo diría ceremoniosamente.

Luego emprendimos el viaje. Yo tenía el privilegio de ir subido al carro.

Cuando íbamos con la mudanza, a mí me subieron al carro y mi hermana mayor protestaba de que ella tenía que andar y yo iba en el carro. En esa fecha yo tendría unos cuatro años.

Otro día, en el mismo lugar, en Soto Dego, apenas habíamos comido y nos avisaron a los más pequeños que estaba naciendo un ternero, que fuéramos a verlo; fui pero la cuadra estaba obscura y apenas vi nada. Recuerdo que a mi madre no le pareció edificante llevar a unos niños a que presenciasen ese espectáculo.

No tengo muchos más recuerdos, siendo tan niño, de hecho mi hermano menor llega a mi vida después, aunque estaba allí desde esos momentos, supongo que me sustrajo la atención de mi madre, pero sólo me acuerdo de él cuando ya se defendía sólo y caminaba, claro que este niño caminaba con nueve meses.

Recuerdo otro día que jugaba junto a la casa debajo de la galería de la casa contigua y hacíamos chocolate con tierra y engañábamos a mi hermano menor para que se lo comiera y le decíamos que era chocolate. Mi pecado era de dejarme llevar, la iniciativa la llevaba mi maravillosa vecinita, apenas unos meses mayor que yo.

Tengo muchos más recuerdos sueltos pero ya en todos mi hermano menor es omnipresente y ocupa casi siempre una parte importante del escenario.

Cuando me enamoró Maribel, Juan no tuvo ningún protagonismo, a mis seis años ya me impresionaban mucho las hembras humanas y una vez me llevó Maribel a su casa, era la niña de la granja, que nos traía la leche, de la edad de mi hermana mayor, la que con mucha frecuencia actuó con autoridad sobre mí. Pero yo en lo relativo al amor era precoz y aquella niña ejerció sobre mi su hechizo como nos representan en El Príncipe Valiente, a Aleta hechizando a Val.

Más recuerdos los vividos en el molino, la relación con la familia de la molinera, y los de las lavanderas, en un lavadero artificial, de los que se construyeron a principios de siglo, con canal y sifón incluidos.

Museo de los Molinos Mazonovo, Taramundi (Asturias)

En cuanto a leyendas de aldea, en el terreno de la superstición, me decía la molinera, que me parecía muy anciana, que “los pelos de vieja se convierten en culebras si se maceran en agua y de ahí salen las sierpes».


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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