Fernando Simón es un cartón de vino (malo)

CARLOS LUQUE FLÓREZ

Como en el pasado hice con Pedro Sánchez y su comparación con el mito de Narciso la analogía de hoy no supone una gran originalidad, pero ahí va.

Tengo que reconocer que mientras escribo estas líneas mis pulsaciones se elevan notablemente. Fernando Simón es un personaje que me enerva sobremanera, por decirlo suavemente. Supongo que esa animadversión hacia este supuesto doctor será compartida por muchos lectores. 

Hablamos de una persona que dirige un organismo estatal cuyo nombre es ‘Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias’. ALERTAS, señor Simón, se lo pongo grande para que lo vea venir, no como los “uno o dos casos como mucho”. Su función es alertar y coordinar, y la experiencia acredita que es incapaz de hacer bien ninguna de las dos funciones que debería ejercer. 

En fin, asumo que todos ustedes conocen las tropelías cometidas por este siniestro personaje, así que rebobinemos: Fernando Simón es un cartón de vino (malo).

Vayan por delante mis disculpas con la marca ‘Don Simón’, nada ni nadie merece ser comparado con algo tan sumamente funesto, pero permítanme esta licencia poética.

La primera similitud es tan obvia como que la canción de Radio Futura, “el tonto Simón”, se le adhiere perfectamente: Dicen que siempre cuentas la misma historia / Es lo que esperan todos, se sienten mejor / ¡Ay Simón! Si pusieras tu cuerpo en acción / Eres tonto Simón /Y no tienes elección.

Lo de “se sienten mejor” se lo reservo a aquellos twitteros infantilizados o psicopáticos que decidieron endiosarle mientras era, presuntamente, responsable de la muerte de miles de compatriotas.

Vayamos más allá del nombre. Al igual que el vino en cartón, Fernando Simón es malo. Y además el envoltorio tan poco es precisamente una obra de arte. (Fernando, tiene usted casi 60 años y por desgracia es portavoz del Gobierno de España, haga el favor de vestirse como alguien de su edad)

El económico precio del vino Don Simón propicia que sea utilizado por los más jóvenes para acompañarlo con otro tipo de bebidas alcohólicas. Es habitual ver el mítico cartón en reuniones sociales de poca elegancia protagonizadas por gente usualmente embriagada. Un elevado nivel de alcohol en sangre sería de las pocas cosas que podría explicar aquello a lo que me refería antes: el endiosamiento de un tipo tan negado por parte de un sector infantilizado de la población.

Mientras algunos utilizan el Don Simón para «entretenerse» otros son más partidarios de utilizarlo como condimento culinario. Del mismo modo que el desGobierno de España lo utiliza como pelele tras cocinar sus desinformaciones en los consejos de ministros.

Otra similitud entre el vino y el no-doctor es que su fama les precede. Mucha gente olvida que Don Simón comercializa buenos productos. Sin embargo la reputación de vino peleón del brick pesa más, y poco pueden hacer para desprenderse de ella. 

A Fernando Simón lo quieren hacer pasar por un prestigioso epidemiólogo. Pero todo ser humano con un mínimo de capacidad intelectual y sentido crítico sabe que Simón ocupa un cargo que se le viene muy grande.

El señor Simón es el doctor menos docto de la historia, no llega a matasanos y aún así ocupa un cargo de responsabilidad «por razón de su expertitud», como dice la señora Calvo.

Aunque sabemos que Don Simón no es el mejor producto del mercado muchas veces lo compramos porque la marca ha conseguido granjearse un cariño especial entre parte de la sociedad. Otro rasgo que comparten el cartón de vino y nuestro protagonista de hoy.

No olvidemos que, al margen de su «expertitud», Fernando Simón es nombrado director del CCAES en 2012, bajo el mandato de Mariano Rajoy, no por sus méritos profesionales, o quizá sí…No obstante, lo meridiano es que su mujer es familiar de un ministro de Aznar. Piensen lo que quieran. ¿Aunque sabían que no era el mejor para el puesto le designaron por lazos sentimentales? El Partido Popular siempre a la vanguardia de las pifias…

Para acabar siempre me gusta insuflar esperanza a los lectores así que veamos en qué no se parecen el no-doctor y la querida marca de Jumilla.

Don Simón no ha parado de crecer desde su nacimiento mientras que Fernando es cada vez más denostado. Si bien es cierto que tengo la sensación de que Iván Redondo ha tratado en las últimas fechas de esconderlo, quizá piensen que así la sociedad olvidará todas sus malas praxis. Por favor, España no olvides, ten memoria.

Para finalizar, la marca murciana se ha enfrentado a numerosos juicios a lo largo de su historia, en todos ellos ha salido ganando. Si Dios quiere, y la Justicia es ciega, eso no ocurrirá con Fernando Simón, cuya negligencia al frente de la lucha contra el coronavirus le hará sentarse ante un juez y pagar por todo el daño causado.

“No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino”

Confucio

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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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