La Francia previsora y la España procastinadora

Feria de Céret (2019) Una de las más importantes de Francia

DIEGO GONZÁLEZ GILABERTE

Las principales ferias de las tierras galas ya han comenzado -en algunos casos incluso terminado- a organizar sus festejos. En Francia indudablemente prefieren prevenir que curar, planear de forma organizada antes que apresuradamente y con poca antelación, como en España.

Por todos es sabido que Francia está unos cuantos pasos por delante de España en cuanto a organización, transparencia, variedad y espectáculo en sus ferias. Una vez más lo están volviendo a demostrar con Céret, Bayona, Dax y otras plazas más, que ya tienen encaminadas o finalizadas la programación de sus ferias para un incierto 2021 que todos esperamos sea más “normal” que este 2020 que ya llega a su fin.

No es algo novedoso de las ferias francesas ya que es algo que las caracteriza, pero seguir haciéndolo ante uno de los años más inciertos de las últimas décadas les honra.

Además, en el caso de Céret, por ejemplo, se da la situación de que se mantienen para 2021 tanto las ganaderías como los toreros que estaban anunciados en 2020. Una muestra de lealtad y confianza en quienes estaban dispuestos a ir a una plaza tan exigente como Céret. Algo evidentemente utópico para cualquier feria española, organizada por empresarios incompetentes y sin afición.

Como bien se refleja en mi biografía de esta página web, me considero torista antes que taurino, debido a la connotación que este último término tiene últimamente. No estoy a favor de los indultos sin criterio ni del tercio de varas como mero trámite de la lidia, pero eso es otra historia. 

Francia es, actualmente, La Meca del torismo, del toro como eje fundamental de la fiesta. Lo que debe ser, vaya. Por ello, muchos aficionados -entre los que me incluyo- peregrinamos a nuestro país colindante para ver al toro como máximo protagonista del ruedo. Es irónico, ¿no creen? Siendo la tauromaquia la actividad cultural española por excelencia, muchos aficionados deciden cruzar la frontera para presenciar las ferias que aún conservan la esencia tauromáquica. Los musulmanes deben peregrinar a La Meca al menos una vez en la vida, pero los toristas debemos peregrinar a nuestra Meca particular al menos una vez al año. 

Las ferias francesas -evidentemente, algunas más que otras- reúnen todo lo que los toristas buscamos: importancia vital y meticulosidad en el tercio de varas, toreros que buscan lucir el toro y no lucirse ellos mismos, y el toro íntegro, bravo, ese que impone y no da pena, como eje principal de todo el festejo y la feria. Esto añadido a lo que ya he mencionado en cuanto a la organización en sí otorga a las ferias francesas un prestigio merecido y una atracción prácticamente magnética para los aficionados toristas.

Además, aparece un factor que no se vive en las plazas españolas: la unión. Los aficionados aúnan criterios muy parecidos. Buscan lo mismo, y por ello se acaban encontrando en las mismas plazas, esas a las que peregrinan. El ambiente de fraternidad que se vive después de la corrida, pasando la tarde y parte de la noche con todos esos aficionados que han visto lo mismo que tú. 

Se discute sobre la corrida o distintos aspectos de la fiesta de los toros ya que, aunque la base del criterio es muy parecida, existen matices que dan lugar a conversaciones respetuosas e interesantes. Algo inviable en España por la disparidad de criterios existente -debido también a la frecuencia con que visitan una plaza de toros unos y otros- con la que sería verdaderamente complicado mantener una conversación respetuosa. Se puede discutir con amigos o conocidos, pero no con cualquiera como sí se puede hacer con mucho gusto en Francia.

Francia sigue consolidando su afición a los toros y España sigue quedándose atrás una vez más, aunque ya no sorprende. Los empresarios españoles tienen mucho que envidiar de la organización de las ferias francesas. Por cómo se vislumbra el futuro, me temo que esta dinámica no cambiará y seguiremos presenciando una Francia previsora frente a una España procrastinadora.


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