Sobre el manual para dejar de ser universitarios

El Club de los Poetas Muertos

El club de los poetas muertos

IGNACIO LEONARDO PUEYO BESTUÉ

Así empezaba Juan Carlos Monedero su artículo titulado Manual para dejar de ser universitarios en 1999:

<<Decía Canetti: «Era un monte y estalló. Era un árbol y cayó a tierra. Era un león y se acobardó». Perversiones del monte que pierde su firmeza, del árbol que abandona el mandato de sus raíces, del león que traiciona el orden de la jungla. Podríamos añadir nosotros: “Era un universitario y le bastó su rincón”. Perversiones de quien no se atreve a pensar en nombre del mundo. Encerrado en su pequeña porción de saber, de responsabilidad, de duda. Ensimismado en la falsa certeza de una herramienta sin alma, de un territorio cercado, de un tiempo enclaustrado. En un rincón, atento a sí mismo, vestido de su imitada destreza, ajeno al universo. Eran un monte, un árbol, un león que dejaron de serlo. ¿Vamos a dejar de ser universitarios?>>

¿Y usted querido lector, está de acuerdo en estas afirmaciones con el Juan Carlos Monedero de 1999?

Aunque este artículo fue escrito hace ya dos décadas, en mi humilde opinión considero que la preocupación por la creciente estadística de desconocimiento transversal universitario se sigue acentuando cada vez más, conforme se suceden generaciones de egresados.

Lo cierto, es que si nos paramos a pensar en las consecuencias de esta tendencia, son mucho más graves de lo que parece. Como les comenté en el análisis ¿Sirven para algo las humanidades?la Universidad nace en palabras de Alfonso X el Sabio como aquel: “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender e intercambiar los saberes».

Aquellos alumnos universitarios que me leen, padres cuyos hijos estén en esta etapa y quizás los mismos docentes, convendrán conmigo que los grados universitarios hoy en día en España y en la mayor parte del mundo poco tienen que ver con aquellas palabras de Alfonso X.

A la Universidad en 2021 se va un 99% del tiempo a tragar unos conocimientos y escupirlos seguidamente para obtener un diploma que lo acredite. El porcentaje de educación en lo que concierne a la discusión sobre los contenidos, o el aprendizaje a razonar críticamente, tienen una cabida ínfima.

Aquí podríamos pararnos a escribir sobre la parte de culpa que tienen la infinitud de mecanismos de anestesia que existen hoy en día para los jóvenes y la sociedad. Entre los que se encuentran el mal uso de las redes sociales, con una exagerada publicidad a la importancia del culto al cuerpo que tantas implicaciones tiene después, como ya sabemos o queremos ignorar que sabemos.

En estos últimos tiempos se ha empezado a promocionar desde las instituciones universitarias la importancia de tener unos hábitos de vida saludables en lo que concierne a realizar semanalmente ejercicio físico y una correcta alimentación. Pero, ¿Por qué no dotamos también a los universitarios de herramientas intelectuales sólidas para aprender a discriminar aquellos hábitos que les acercarán realmente a su felicidad y a una vida plena? ¿No les interesa a los políticos que legislan que aprendamos a razonar correctamente?

Deben saber que en España el suicidio sigue siendo la primera causa de muerte de jóvenes entre 15 y 24 años. Y como patología principal que nos conduce a esta triste estadística se encuentra la depresión. La autoestima baja, el estrés constante o un afrontamiento inhábil, son factores que se asocian a la depresión. Es un estado interno de tristeza y desánimo en diferentes niveles, tanto cognitivos como conductuales, que influyen significativamente en su quehacer total.

Según el paper científico citado: << El universitario debe pasar gran parte de su tiempo en la facultad y los éxitos o fracasos obtenidos en este espacio facilitan (en gran medida) la imagen de competencia o incompetencia que adquiere de sí mismo, en caso de ser negativa, puede originar depresión, de esta manera se forma un círculo que retroalimenta: estudio – fracaso – depresión – fracaso – depresión, etc. Se puede decir que existe una relación entre depresión y rendimiento académico. Sin embargo, las tasas de suspensos son muy elevadas como para pensar que el problema reside exclusivamente en el alumno. Así el nivel de depresión dependerá́ del significado de la perdida, la amenaza de perdida, el fracaso, la desaprobación o la desilusión tengan para el sujeto.>>

El estudio concluye que esta situación puede deberse en gran medida al “Engagement Professor-Student”. Es decir, la metodología de aprendizaje utilizada por los profesores en las universidades, y su compromiso en conectar y motivar a sus estudiantes.

Concluyo reafirmando que la universidad debe enseñar naturalmente de forma extraordinaria los contenidos de la ciencia en la que se diplomarán sus estudiantes. Pero también, debería tener la obligación de enseñar a razonar críticamente sobre la realidad, la sociedad y el presente a sus alumnos. Lo que les permitirá dar un contenido completo a sus años de vida adulta. Porque posiblemente, si sólo son enseñados a trabajar mecánica o mentalmente en su campo, no progresarán adecuadamente cuando tengan que trabajar en equipos multidisciplinares, algo completamente crucial en un mundo tan complejo como en el que vivimos y al que nos dirigimos.

Difícilmente los universitarios podrán servir a la sociedad si ignoran cuál es su cultura, sus luces y sus sombras, sus retos y conquistas pendientes.

No podemos soslayar esta importante tarea del universitario en aprender a salir de su rincón de conocimiento y confort, para hacerse universal y obtener las herramientas intelectuales que le permitan afrontar también sus baches vitales, con la determinación necesaria para superarlos y ser felices.

“De vosotros los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla”

Ángel Gonzalez

Fuentes:


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Publicado por Ignacio Leonardo Pueyo Bestué

Estudiante de Medicina por Europa. Neófito en el mundo de las Humanidades.

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