«Le llamaban Libertad»

Le llamaban Trinidad

RVDO SR. D. JUAN MANUEL GÓNGORA MATARÍN

«La libertad, don excelente de la Naturaleza, propio y exclusivo de los seres racionales, confiere al hombre la dignidad de estar en manos de su albedrío y de ser dueño de sus acciones. Pero lo más importante en esta dignidad es el modo de su ejercicio, porque del uso de la libertad nacen los mayores bienes y los mayores males. Sin duda alguna, el hombre puede obedecer a la razón, practicar el bien moral, tender por el camino recto a su último fin. Pero el hombre puede también seguir una dirección totalmente contraria y, yendo tras el espejismo de unas ilusorias apariencias, perturbar el orden debido y correr a su perdición voluntaria».

Queridos amigos, así comienza la encíclica Libertas de Su Santidad el Papa León XIII de feliz memoria, donde nos recuerda que dicho don, la libertad, no es un fin en sí mismo, sino un regalo de la gracia para enfocar nuestra existencia hacia lo bueno, lo verdadero y lo perfecto, en definitiva, hacia la santidad. 

Vivimos tiempos convulsos donde nos pretenden hacer creer que la Verdad no existe, que todo es opinable, que el valor de nuestra vida depende de las circunstancias y del sentido que nosotros queramos darle. 

Tras lo acontecido en el Capitolio de Washington, que dista mucho de ser un asunto aclarado, hemos visto como se han sacrificado en el altar de lo políticamente correcto miles de perfiles y cuentas en redes sociales; una de ellas la de un servidor cuando este pasado domingo contemplaba como mi cuenta en Twitter era suspendida de forma unilateral aduciendo razones que carecen de todo sentido común.

Lo que ahora hemos sufrido algunos, un remedo de martirio social, viene larvándose años, desde que vemos como paulatinamente y desde estructuras y corporaciones supranacionales se impone un nuevo Orden Mundial que sibilinamente y de manera diferente a las formas de los totalitarismos materialistas del pasado s.XX, pretende modelar una nueva sociedad en la que incluso las conciencias están supeditadas al ídolo con el que pretenden desplazar a Dios, el Estado.

Sin embargo, no hay que perder la esperanza, debemos confiar en la palabra de Cristo que nos prometió estar a nuestro lado hasta el final de los tiempos. Y con esa firme convicción y la ayuda de la gracia podemos hacer frente a este neo-ejército filisteo bien financiado con bienes materiales que nada pueden hacer frente a los consejos del Apóstol San Pablo: «Tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios». Efesios 6, 13-17.

¡Feliz semana, que Dios os bendiga!


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