DEMOCRACIA Y ´EUGENTANASIA´ IV

Eugenesia

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Finalizada la Gran Guerra (1918) se estableció en Alemania la República de Weimar, bajo principios democráticos. Esto no fue óbice para que las teorías de la degeneración racial se hicieran presentes, como se puso de manifiesto en 1920 con la aprobación, por parte del Parlamento democrático de Weimar, de la Ley de asesoramiento matrimonial, según la cual un matrimonio podía ser desaconsejado.

Paralelamente se inició un debate sobre la conveniencia de eliminar a los enfermos considerados indignos de vivir. Cuatro años antes de que Hitler escribiera Mein kampf, profesores universitarios, como Karl Binding y Alfred Hoche, defendían la idea de que el Estado debía autorizar la eliminación de los ‹‹devaluados››. 

En 1923, el delegado médico del distrito de Zwickan solicitó al ministro del Interior una ley de esterilización eugenésica. Dos años antes de la llegada de Hitler al poder, la revista Archivos de Biología Racial y Social, le postulaba como el único líder capaz de solucionar el problema de la higiene racial. 

Con Hitler el nacionalsocialismo solo tenía que dar continuidad a estos planteamientos, diseñando una aplicación más eficaz de los mismos, demostrando que se puede hacer muy bien el mal.

Las ideas eugenésicas, que habían triunfado en el primer tercio del siglo XX, se retomaron en los años 70. O. Wilson, el ‹‹Darwin del siglo XXI››, reabría el paso a las tesis eugenésicas, afirmando en 1975: ‹‹el único imperativo ético concebible es la supervivencia del patrimonio genético de la humanidad››.

En los 80 las teorías sociobiológicas toman cuerpo en el mundo académico. El premio Nobel de física, William Shockley (1910-1989), proponía la esterilización de personas de bajo coeficiente intelectual. Otro premio Nobel, Francis Crick (1916-2004), físico, biólogo molecular y neurocientífico británico, consideraba necesario hacer pruebas genéticas a los recién nacidos antes de conferirles el estatus de ‹‹hombre››.

Sin darnos cuenta, el mundo científico e intelectual ha ido asumiendo todos aquellos principios y presupuestos que cuando en su día fueron aplicados por el nazismo nos horrorizaron. Pero ahora -encubiertos bajo apariencia de ciencia y democracia- estamos dispuestos a aceptarlos sin el menor reparo intelectual (J. Barraycoa).

El mundo occidental ha sucumbido ante la valoración prioritaria, cuando no exclusiva, de lo cuantitativo, cuya consecuencia es que la vida termina sometida al reduccionismo economicista. La economía entendida como cuidado y administración de los bienes necesarios para vivir, regida por el recto uso de las cosas es suplantada por una economía entendida como mera acumulación de bienes, regida por la ética del éxito crematístico. El mercado se convierte en la institución central de la sociedad, independizado de la ética.

La pérdida de facultades y capacidades es muy traumática en sociedades en las que el valor de las personas se centra en torno al éxito y al poder. La desconsideración de lo cualitativo lleva a la conclusión de que todo trabajo solo es útil si genera acumulación crematística. De este modo, la dimensión del cuidado se devalúa hasta caer en la desconsideración de las tareas relacionadas con la protección de lo humano en las personas más débiles: niños, ancianos, enfermos, disminuidos.

La vida contemplada como ocasión de placer inmediato, se ve limitada por el cuidado del otro. La persona enferma se encuentra en un estado de vulnerabilidad, física y emocional por lo que debe ser protegida por la ley. 

Cuando la alternativa al sufrimiento sea la muerte, los afectados siempre estarán entre los más débiles. La alternativa verdaderamente humana obliga al compromiso de proporcionar a los ancianos y enfermos unos cuidados paliativos que les permitan descubrir su auténtico valor como personas, a pesar de la enfermedad y el deterioro físico. ¿Solo los fuertes y exitosos llevan vidas dignas de ser vividas?

“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”

Montesquieu

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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