8M: derecho a ultrajar

8M: derecho a ultrajar

CARLOS LUQUE FLÓREZ

Escribo estas líneas un 8 de marzo de 2021 desde la capital de España. País donde, gracias a Dios (y a su innegable lucha), las mujeres conquistaron sus derechos hace décadas, y en donde hemos visto cómo ocupaban puestos de alta responsabilidad sin que nadie sospechase de su valía.

Bueno, las hay más brillantes que otras, pero sin duda su capacidad no depende de su sexo, sino de su nivel intelectual. Hemos pasado de Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre a Meritxell Batet y Pilar Llop…Juzguen ustedes los méritos de cada una.

La experiencia y los datos acreditan que hace lustros que en España existe igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. Si bien es cierto que en los últimos años la indudablemente merecida igualdad se ha tornado en una rancia discriminación positiva hacia la mujer.

Ese feminismo pijoprogre recuerda a tiempos pasados y categoriza a la mitad de la población como el sexo débil, que necesita ayudas porque no se valen por sí mismas. El cinismo izquierdista en su máximo esplendor.

Y el socialismo nunca defrauda. Así que del estéril neofeminismo también buscan sacar su particular tajada, basada en rédito electoral, e incluso económico. Que se lo digan a Irene Montero, ni medio año sita como cajera en Saturn y ahora manejando presupuestos de 500 millones de euros.

EFE

Nuestras actualas gobernantas inventan un yugo ficticio que oprime a toda española. Desde una posición de poder, que muchos (y muchas) querrían para sí, trafican con la ilusión de cuatro niñatas con pajaritos en la cabeza.

Año tras año alientan a una masa morada y alelada a tomar las calles. Intentan hacerles creer que saliendo una vez cada doce meses a pringar la vía pública están consiguiendo luchar por una causa inexistente. Y únicamente lo hacen porque aspiran a conseguir sus votos. Punto. Es asombrosa la capacidad que tienen para reclamar derechos que ya tienen.

Cabe preguntarse cuántas de las muchachas que salen cada 8 de marzo a «tomar las calles» son tan inocentes como para salir a manifestarse pensando en que sus extravagantes reivindicaciones y proclamas les conducen a una suerte de Paraíso feminista, y cuántas lo hacen por mero ocio.

Con el paso de los años y el asentamiento de Podemos y la progresía global, el 8M se ha convertido en una simple y llana jornada carnavalesca. Si lo tomasen como lo que es, una fiesta, me parecería igualmente ridículo e innecesario, pero, al fin y al cabo, no dejaría de ser un festejo popular más que englosaría la larga lista de tradiciones patrias.

Sin embargo, eso no es así. Decíamos que año tras año alientan a la masa morada y alelada a tomar las calles, lo cual es francamente grotesco. Pues este año deja de ser algo única e irrisoriamente innecesario para convertirse en una nueva afrenta a todos los españoles.

Mientras a la mayor parte de la ciudadanía se le coarta una parte importante de sus derechos fundamentales y no se nos permite hacer prácticamente nada, no sólo se permite sino que se alienta a que las feministas salgan a tocar el tambor y exigir no se sabe qué a no se sabe a quién.

No hace falta ser un lince para discernir que todos estos grupúsculos están unidos por el odio a todo lo que no sea exactamente como ellos. Lo mismo ocurre con la Hasel Borroka, son antisistema de extrema izquierda que se sirven de cualquier excusa para salir a hacer ruido, seguramente que no les aguanten ni en su propia casa ayuda.

Además, no es difícil advertir que un sector significativo de las manifestantas forman parte de la corriente «hembrista». No obstante, reconocerlo estaría feo así que camuflan sus deseos con tintes de «igualdad».

Lo mismo ocurre en «el Gobierno más feminista de la historia», que afirma que hace falta más feminismo que nunca. Y la misma semana que sus cuentas oficiales nos bombardean con carteles morados y moralinas ridículas ellos mismos se desmontan. Reclaman igualdad mientras publican investigaciones que dejan en evidencia la facilidad que tienen todas las mujeres a, entre otras cosas, cursar los estudios que deseen.

En resumidas cuentas, España es un país donde la igualdad entre los dos sexos está garantizada, precisamente así lo reglamenta nuestra Constitución. Entonces, ¿qué derecho ansían las radicales feministas en 2021? El derecho a reírse de todos los españoles.

El derecho a ultrajar a una nación entera es lo que pone de manifiesto celebrar el 8M un año como este. Y de ese derecho a la ofensa sin precedentes participa el mismísimo Gobierno. La izquierda política y social ha perdido el respeto por todos, y no le duelen prendas ni disimulan. Tienen la desfachatez de vanagloriarse de ello.

«Toman las calles» ,y alientan a ello, entretanto los hosteleros se arruinan por las medidas gubernamentales sin contrapeso en forma de ayuda. Miles de personas pasean su odio visceral e irracional por nuestras calles mientras no se nos deja salir de nuestras ciudades a ver a nuestras familias. Al mismo tiempo que multitudes feministas gritan inútiles soflamas a nosotros nos pueden multar por pasear sin mascarilla por el monte. Un año después de celebrar un tóxico 8M se pisotea la memoria de las vidas perdidas por permitir esa maldita manifestación.

Eso es un ultraje sin precedentes, un agravio para con todos los ciudadanos que llevan una vida más o menos «responsable». Y eso es lo que quiere la izquierda radical: pisotear nuestros derechos y reírse en nuestras caras día tras día sin ninguna consecuencia. Es más, si disientes de su vil totalitarismo eres un fascista.

No entraré a valorar especialmente que sí se prohibieran las manifestaciones en Madrid, lo que me parece bien. ¿Pero qué hay detrás de esa prohibición? Están reconociendo su criminal error del año pasado, el absoluto riesgo de concentrarse masivamente. ¿Por qué? Para poder decir sin sonrojarse que «la pésima gestión sanitaria de Ayuso impide a las mujeres luchar por sus derechos».

Y aún así, finalmente se permitió que cientos de personas se manifestasen con tranquilidad. ¿Para qué están las leyes?

Isabel Díaz Ayuso
El Mundo (Antonio Heredia)

Señores, esto es la izquierda en España. Afrenta tras afrenta con total impunidad y derecho a ultrajar a todo un país con plena inmunidad.

Tic tac. Su chollo se acabará.

«No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia»

Montesquieu


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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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