Mercader de almas rotas

Pedro Sánchez apisonadora

CARLOS LUQUE FLÓREZ

El pasado 4 de marzo asistimos a uno de los espectáculos más lamentables de la historia de España. En mi corta vida jamás había presenciado una aberración como la que presidió su Cretinidad Pedro Sánchez. Y estoy seguro de que, si pregunto a nuestros mayores, les será igualmente complicado recordar un show propagandístico tan indigno.

Huelga decir que al festival de la ignominia al que hago referencia es al denominado por Moncloa como «acto simbólico de destrucción de armas intervenidas en operaciones policiales desarrolladas en España a las bandas terroristas ETA y GRAPO».

Antes de decir nada, no quiero soslayar la valleinclanesca obra desde un punto de vista aséptico, evitando significantes y significados. ¡Menudo esperpento! En la redonda cabeza reimplantada debió imaginarse como algo épico. Pero la realidad es que ver a la apisonadora acercarse era algo propio de Monty Python o de la más absurda comedia de Mr. Bean.

Monthy Phyton

Aunque ya ha pasado una semana desde el lamentable aquelarre decidí esperar unos días para redactar esta columna. En primer lugar para apaciguar mi temperamento, y en segundo y más importante, porque, como toda España, tenía claro lo que iba a ocurrir.

Narciso y su coleguita Grande-Marlaska no esperaron ni 24 horas en acercar a otros cinco etarras a las Vascongadas. Si los favores a los asesinos ya suponen una ofensa, hacerlo un día después de semejante paripé es deleznable. Y para más inri decides que entre los premiados se encuentre el asesino de un político de tu partido.

Con un gobierno decente no debería preocuparnos en exceso ese tipo de operaciones, pero con el actual, cada traslado es una piedra más que ponen para construir un muro que se lleva tiempo viendo venir: la transferencia de prisiones a la autonomía vasca. Eso significa que cuando un etarra ingresa en una cárcel del País Vasco su puesta en libertad es cada vez más próxima.

Dejando a un margen las habituales concesiones sanchistas a los asesinos me gustaría dedicar unas líneas al acto en particular.

Ni el reposo mental de una semana ha conseguido que comprenda cuál era el propósito de la espantosa ceremonia. La izquierda, en su pertinaz intento de autojustificación del mal, se empeña en decirnos que ETA está muerta y enterrada. Sin embargo, Iván Redondo decide que es buena idea retransmitir la destrucción de cientos de armas de la banda casi un lustro después del supuesto fin de la misma.

Imagino que es una excéntrica intentona de inocular en el imaginario colectivo que es el todopoderoso Sánchez quien ha puesto fin al terrorismo. Quiero pensar que no ha conseguido engañar a nadie, y que, más bien, la mayoría vimos la infame pantomima como una forma de dejar patente su intención de borrar del todo lo que es ETA. Si suprimen su significado legitiman a sus herederos. Herederos de criminales y sostenes de Gobierno.

El objetivo es eliminar el porqué de tantos asesinatos para que nadie se escandalice cuando les vemos estrechar las manos que anteayer empuñaban las armas que ahora destruyen. Nunca he visto algo tan indecente, ni en política ni fuera de ella. Qué estómago deben tener los socialistas que todavía militan en el nuevo Partido Sanchista…

Su Sanchidad ha logrado convertir en tiempo récord un partido crucial en una máquina propagandística de la que reniegan hasta sus líderes históricos. Es una apisonadora, un arma cargada de cinismo. Sólo él es capaz de recordar que existen más de 300 crímenes de ETA sin resolver mientras aplasta la verdad, la memoria, la dignidad y la justicia.

Por cierto, las armas no tienen la culpa, Otegi sí. Más loable que pasar por encima de armas sería no plegarse ante quienes secuestraban empresarios y les obligaban a jugar a la ruleta rusa.

Es cierto que ya nada nos pilla por sorpresa, es el precio que Sánchez debe pagar por los votos del PNV y del brazo político de la banda criminal. Pero no por esperado deja de ser repulsivo.

Jamás debemos acostumbrarnos al deshonor, en el momento en el que la indignación deje paso al conformismo aquiescente, el mal habrá ganado. Y en este mundo lo bueno siempre termina por triunfar.

«Cuidado con aquellos que buscan multitudes…»

Charles Bukowski

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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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