LA VERSIÓN DEL PENADO DE LA SANTA COMPAÑA ~Recuerdos de niñez~

La Santa Compaña

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Fueron unos días agitados, ahora acabado el funeral compongo los recuerdos y pienso que a veces las supersticiones son útiles a la Comunidad, e incluso a veces para algún alma descarriada.

Todo comenzó aquel martes en casa de don Celso el mayorazgo, cuando íbamos a comenzar a cenar. Bueno, el martes hizo ocho días. Llegaron las mozas muy excitadas. Matilde, la maestra que se hospedaba allí, dijo: 

-Cuando volvíamos de la tienda, ya estaba oscuro y jugábamos a ponernos luciérnagas en el pelo, era junto a los setos, llegó un hombre, se paró, nos miró, dio un alarido y se marchó corriendo como un loco… gritando, muy asustado, decía algo así como: a mí no… a mí no-.

En la cena comentamos el incidente, pero las mozas no eran capaces de decirnos quién había sido el hombre, decían que no era joven por el correr pesado. Matilde dijo: 

-No era joven, pero era grande y zarrapastroso-.

Luego esa noche, ya tarde, unos golpes aporrearon mi puerta, no suelo recibir visitas a horas intempestivas. Pensé: una extremaunción, alguien que se puso malo. Lo normal en casa del cura de la Vilaveya.

Me puse el hábito sobre el camisón de dormir, me quite el gorro cónico que usaba para combatir el frío en la cama y abrí el cuarterón superior. Era Venancio él de Jacinta, ese ser solitario, que vivía entre la Mourela, cerca de la Cuiña, no tenía amigos, aunque sí se relacionaba en la taberna con los hombres que la frecuentaban… No era muy de misas y cuando bebía bravuconeaba de sus conquistas.

Quería confesarse. 

-Es muy tarde Venancio, ¿Por qué no lo dejamos para mañana?-

-Mañana será tarde don Camilo, la Santa Compaña viene a por mí y quiero estar preparado-.

Lo interrumpí: 

-¡Eso es una tontería!.

-Usted no sabe, fui muy malo… pero quiero aprovechar, quiero ir al cielo como las beatas, cuando niño usted nos decía que basta un momento de… arrepentimiento-.

-Además a lo mejor si me confieso la Santa Compaña no se atreve a venir a por mí, para qué quieren a uno que no va ser un alma en pena, sí usted me confiesa, como voy al cielo, ya no tendré que penar por los caminos-.

Al día siguiente no había amanecido y ya me esperaba el la puerta de la Rectoral. Pasamos a la iglesia y en el confesionario se disparó acusándose: 

-Padre, don Camilo, yo fui un hombre muy malo y muy hombre, se acuerda usted de la Manuela que apareció estripada en  la fraga Dapena, pues fui yo-

-Oiga, yo no quiero condenarme, sé que fui malo, pero, aunque no me acuerdo bien, creo que Dios perdonó a la Madalena que era muy puta y eso es peor, yo sólo soy muy hombre-

-Hijo, Dios todo lo perdona, pero cuéntame, ¿Qué te pasa, por qué estás aquí? y así podré…-

-Ya le dije, es por la Santa Compaña, padre… usted sabe que yo nunca fui muy de misas, pero la Santa Compaña es otra cosa, la vi esta noche y tengo miedo a que venga a buscarme cuando me acueste, por eso no dormí esta noche. La vi ayer antes de ir a su casa-.

-Eso es imposible-.

-Como lo estoy viendo a usted ahora… fue en la esquina del camino junto a la casa del mayorazgo-.

-Yo iba caminando… oí a dos mujeres… el Malo me engañó, me fui a ellas, ya sabrá lo que me gustan las hembras, creí que eran la maestra nueva y la Teresa, la criada del mayorazgo. Pero no… cuando volví la curva vi a la Santa Compaña esperándome, no sé si me vieron, sólo vi a dos, tenían fuego en el pelo, estaba muy oscuro, corrí para que no me dieran la antorcha…

-Padre yo no sé qué hacer, he pensado en poner muchas velas a la virgen, pero ella no las va a aceptar… además yo fui el padre del hijo de la molinerina, ella decía que no quería pero yo la forcé… Siempre se resisten pero les gusta ¿Sabe usted? Pero… que va a saber usted, los curas no son hombres, aunque Colás dice…-

-Calla pecador, no seas sacrílego…-

-Venancio la Santa Compañía no existe, así que no pudiste verla-

-Tan cierto, como lo estoy viendo usted, de lejos oí las voces, ya le dije, me engaño con las voces de la maestra y la Teresa, pero cuando me acerqué vi a los fantasmas con el pelo lleno de fuego y van a venir a buscarme… menos mal que salí corriendo y que no me pudieron dar la antorcha del relevo, si no, no lo cuento…-

Reconforté a Venancio como pude y se fue a su casa apesadumbrado. Nadie lo vio por la aldea en varios días y cuando fui a ver que era de su vida, lo encontré muy débil, delirando y rodeado de botellas vacías. Avisé a Clarita la caritativa hermana soltera del mayorazgo, que fue solicita a socorrerlo, no hubo solución, cuando la vio de negro comenzó a gritar en los vapores del alcohol:

-A mí no, a mí no, yo no hice nada, ellas siempre querían, siempre querían, yo no tengo la culpa de ser así, tan hombre-.

Bueno, al fin y al cabo, de buena nos hemos liberado. Y aunque soy sacerdote y no debía decir esto,  estoy inclinado a pensar que la Santa Compaña existe y se presenta en la fantasía de las personas que la necesitan.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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