LA MADRE AÑORADA ~Recuerdos de niñez~

LA MADRE AÑORADA ~Recuerdos de niñez~

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Corrían los cuarenta, reinado de Franco *, Pedro y Constanza vivían en Avalle, aldea en el curso medio de la Vega del Sella, cultivaban tierras ajenas y hacían cestería de castaño que allí se había practicado desde siempre. También grababan al fuego los cestos y ese arte no dejaba de dar algunos resultados económicos que permitían ir, mal que bien, malviviendo.

*{Se había convocado un refrendo para decidir si España era un reino y como suele ocurrir en las dictaduras salió sí por abrumadora mayoría.]

La aldea estaba situada en la falda del monte al borde de la vega, más concretamente al este del río, donde el valle se estrechaba y el río se encañona. Parecía como si se hubiera dispuesto su ubicación para evitar que sus moradores ocuparan terreno fértil. Supongo que fue un asentamiento consentido o propiciado por el conde, pero limitando la aldea a ese terreno áspero que no resta valor a las tierras; pero que a su vez ofrecía asentamiento para la mano de obra necesaria para el cultivo.

Vega del Sella

El trabajo no mataba a los moradores de Avalle, pero sí las privaciones, el frío, la humedad, las malas condiciones de la vivienda, si se puede llamar así a las casuchas que habitaban. Por lo demás Pedro era de naturaleza endeble, pese a lo que en diez años de matrimonio había impregnado con su amor a Constanza lo suficiente como para que Dios los hubiera bendecido con siete retoños, de los que vivían cinco, que cuando comienza el relato trabajaban, berreaban y estorbaban, según cuál y según cuando.

Pedro era entusiasta de su familia, pero en esas condiciones, la vida de este matrimonio era más un pasar por un valle de lágrimas, que un camino de rosas. Y todo fue de mal en peor en sus últimos siete años, Pedro fue enfermando, no se sabe de qué, perdía fuerzas día a día. Los alimentos fueron escaseando en aquella casa. Constanza sufría las de Caín; los niños, que se valían un poco, andaban descontrolados por la aldea, amparándose donde podían; aún cuando allí nadie estaba sobrado de nada.

Recuerdo que no faltó algún vecino, un hidalgo local en concreto, un hombre alto y enjuto, más pobre que rico, pero caritativo, que no dejó de dar algún mendrugo de pan a los desventurados niños.

Teresina, la mayor, fue el único apoyo real para la desventurada Constanza, como correspondía por edad. Pese a ello era la más afortunada, ya que despertaba las simpatías de los vecinos por su apoyo a la madre y ser morenita, graciosa y sonriente, aún en esa penuria en la que se los veía.

Pedro, por fin, fue liberado de su padecer, por aquella que un día u otro nos librará a todos y Constanza se encontró viuda, perdida y deprimida.

Pero la vida no le permitió desasirse, ni deprimirse por mucho tiempo. Solamente sentía una gran tristeza y desamparo, y una presión por las boquitas hambrientas, pidiendo todo el día; bofetones y caricias alternaban la relación con sus hijos.

Los desvalidos rapaces fueron buscando su vida a su albedrío, y progresivamente fueron siendo rechazados por sus rapiñas, pese a su corta edad.

Llegaron las fiestas locales, las de la villa próxima… los feriantes y el bullicio. Constanza encontró consuelo en uno de los mozos de las atracciones y en el alcohol que con él compartía a escondidas en su carromato. Acabadas las fiestas Constanza se subió al carro y emprendió el camino sin acordarse de nada… ¿Quién lo sabe?, abandonando a su suerte a sus hijos.

cangas fiesta

En seguida los vecinos tomaron cartas en el asunto y el alcalde de barrio contactó con las autoridades municipales, que decidieron que se debía enviar a los niños al orfanato de Oviedo… pero pasaba el tiempo y los niños seguían en Avalle descuidados y depredando lo que podían.

Todos opinaban, pero nadie hacía nada útil. En una aldea vecina vivía una mujer soltera cuya economía mixta, campesina y comerciante de mercado le permitía vivir, frisaba los cincuenta y recientemente había perdido a su hermana mayor, que había fallecido. Dolores, que así se llamaba la caritativa señora, era bondadosa y sintió lástima por los niños. Se los llevó a su casa, puso unos jergones en el suelo para que pudieran dormir. En ese tiempo no les faltó a los niños algo que llevarse a la boca.

Pasó un tiempo sin que la autoridad competente se hiciera cargo del asunto de los niños abandonados y Dolores fue encariñándose con ellos, en particular con Teresina, la mayor, tan graciosa, tan agradecida.

Los recursos de Dolores fueron reduciéndose. En el hórreo siempre había habido alimentos conservados: peras que se secaban, manzanas, las alubias separadas de sus vainas y un sinfín de pequeñas cantidades de productos de la cosecha local, eran sus reservas y sus mercaderías. Dolores comerciaba con lo poco que tenía. En vida de su padre, antes de que su hermano hubiera emigrado a Argentina, iban hasta Riaño llevando y trayendo productos. Estas dos comarcas siempre habían tenido economías complementarias.

Riaño
Riaño

Para dar una idea del tren de vida de Dolores… decir que tenía una casa que habían construido ella y su hermana, pagando algún jornal a un albañil, cuando no sabían como hacer algo, pero la labor de peonaje la habían hecho ellas exclusivamente, desde acarrear la arena y la piedra del río a cualquier otra labor auxiliar.

En la casa había tres libros, dos de ellos religiosos, ninguno comprado por ella y los tres tenían santos, que es como se llamaba allí a las ilustraciones de los libros fueran religiosas o profanas.

Decía que la hacienda de Dolores se vaciaba, a medida que pasaba el tiempo y los niños se iban encontrando más satisfechos y confiados, aunque Dolores a menudo se exasperaba con ellos, por su desorden y su estado asilvestrado. Solamente Teresina era comprendida y mimada por Dolores de un modo especial. La pobre niña protegía a sus hermanos como podía, pero la situación se hizo insostenible y Dolores hablo con la niña y luego con las autoridades.

La pobre Teresina se puso muy triste al saber que sus hermanos se iban a ir a vivir a Oviedo, a una casa guapísima, donde hay muchos rapaces, y todos los días se come sopa y de todo. Pero ella pensaba que no los volvería a ver.

Así es como Dolores y Teresina constituyeron una familia y comenzaron a entenderse. Dolores estaba encantada con aquella hija que le llovió del cielo y Teresina pasó a vivir con menos miseria y zozobra; pero aunque Dolores era buena con ella, no dejaba de ser algo seca, poco expresiva y muy severa para con ella misma y para con los demás.

Teresina comenzó a aprender a no dar demasiada importancia a las cosas de Dolores y a mostrarse atenta y alegre, pero a no tomarse demasiado en serio las críticas y reprimendas que de cuando en vez recibía. Comenzó a ir a la escuela con regularidad, claro que tuvo que cambiar de escuela, ya no iba a la de la aldea que estaba al otro lado del río, iba a la villa.

Los cuatro hermanos de Teresina fueron ingresados en la inclusa en Oviedo, que entonces estaba en el edificio donde ahora está el Hotel Reconquista. Una vez allí formaron una piña protegiéndose entre sí y juntándose cada vez que la ocasión lo permitía. Eran tres varones y una hembra. La verdad es que ni siquiera recuerdo el orden, salieron adelante. Ninguno falleció, lo que no hubiera sido nada extraño en la inclusa en aquel tiempo.

Antiguo hospicio provincial de Oviedo
Antiguo hospicio provincial de Oviedo

Pero volvamos a Constanza. En el primer momento cuando abandonaba el valle natal, sintió la liberación de sus pesadumbres. Se fue subida en un carro entoldado tirado por un rocín desgarbado, escondida bajo la capota, habiendo metido en un hatillo cuatro cosas, no tenía muchas más.

No sintió pena, además el amor que experimentaba era tan distinto de lo sentido en los últimos años con Pedro y los rapaces siempre alrededor, pensó en Teresina, que se había quedado y se sintió algo responsable de haberle transmitido tan terrible carga, pero al fin se dijo la niña es lista y sabrá salir adelante. En cuanto a los demás no eran relevantes en aquel momento. En cuanto al niño de pecho y sus llantos, eran una pesadilla de la que se libraba.

En seguida pasadas unas horas de viaje la liberación fue absoluta… era como si estuviera tan lejos que ya nadie podría apresarla y volverla a la situación anterior. Pararon a comer y aunque los manjares no fueron gran cosa y se sintió algo excluida por las mujeres de la “trouppe”, su alegría iba en aumento.

Raimundo, que así se llamaba el feriante al que se había unido, seguía siendo atento y la incitaba a beber cada vez que tenía oportunidad. Él no se daba cuenta que ella no necesitaba de eso para emprender la aventura del camino. La liberación, el colorido, la abundancia y el calor corporal eran suficiente para que ella fuera capaz de seguirlo a donde fuera, aunque otros aspectos de la caravana fueran hostiles, pero eso era “pecata minuta” para ella.

De pueblo en pueblo, de feria en feria, fue integrándose en el grupo, perdiendo privilegios con Raimundo, pero también hostilidades de los demás. En ocasiones soportando infidelidades, pero también disponiendo de menos alcohol y no viéndose obligada a beberlo si no le apetecía. En resumen, mejoró su calidad de vida a medida que fue cogiendo estatus y autonomía dentro del grupo.

Feria antigua Asturias

En ocasiones, muy de tarde en vez, se encontraba con personas que ella conocía y por ellas supo de sus hijos, de su ingreso en la inclusa. En cuanto pudo les hizo una visita y les llevo caramelos. ¡Fueron tan felices! La verdad es que había pasado un año desde el comienzo de su peregrinar, el pequeño no la reconoció al primer momento. Constanza les prometió visitarlos en cuanto pudiera.

Claro que Teresina no estaba allí, durante años no la vio, a la más suya, a la hija más querida. Le contaron que vivía con Dolores. Ella conocía a Dolores y nunca le había caído simpática, la recordaba como excepcionalmente alta, seria, poco habladora con los que no eran sus íntimos, tal vez caritativa, pero adusta con los menesterosos.

Han pasado muchos años. El bebé del comienzo es minero como sus dos hermanos varones, Teresina sigue en la aldea, pero ha pasado unos años en Alemania, está casada y tiene varios críos, la otra hermana, no recuerdo su nombre esta casada con un viajante de comercio. Todo es prosperidad, sobre todo, comparando su vida con la de su época de Avalle. Los cuatro pequeños viven en la cuenca minera.

Pero ¿Qué fue de Constanza? Constanza es feliz. Abandonó la trouppe y se estableció en casa de la pequeña de sus hijas y es contemplada por sus hijos como una reina ¿Quién podría pensar la rentabilidad tan grande de unas visitas dominicales y unos caramelos entregados en las mismas?

Lo único triste de la historia es que Teresina no olvidó y no perdonó nunca a su madre, ¿qué influencia tuvo Dolores? No lo sé… Pero, ¿sería más feliz si hubiera perdonado a su madre y disfrutado de los hermanos? Nunca lo sabré.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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