Un bravucón por Coslada

Pablo Iglesias bravucón

CARLOS LUQUE FLÓREZ

En un país normal que un ultra barriobajero se encarase con otro radical no sería noticia. Lo grave de todo esto es que, en nuestra querida España, el primero sea vicepresidente. Pablo Iglesias se propone emular un conato de pelea de partido de fútbol y se acerca a un joven para increparle a escasos centímetros. A lo que me pregunto, ¿qué leches pretendía?

¿Qué narices se pasó por su cabeza de chorlito? ¿Qué iba a hacer con el joven cosladeño? ¿Arrearle una somanta de palos? ¿Pedirle el número? No, la realidad es clara y el mandilón Iglesias no iba a hacer nada.

Como la mayoría de chulos, el señor Iglesias es un simple y ridículo bravucón. En su perversa imaginación debía creerse una especie de hombre del tanque de Tiananmén. Nada más lejos de la realidad. Estamos ante un execrable matón de colegio que se encara con los otros ultras porque sabe que nada le van a hacer, y que si se lo hacen tiene un séquito de escoltas detrás. O eso o buscaba la foto de campaña, es cierto que ante este «marxista psicópata» nada debe ser 100% descartado. A Iglesias un mandoble le hubiera compensado si le aporta un único voto.

Por otro lado, es irrisoria la reacción de aquellos ilusos que siguen viendo en Pablete un referente en algo. Permítanme la comparación, ¿quién se creen que es Iglesias? ¿acaso ven en su desgarbada figura un Connor McGregor en potencia? Sencillamente grotesco.

De todas maneras, como ya he dicho, no debemos descartar que buscase recibir un golpe. Todo aquel que no les baile el agua es categorizado de «ultraderecha», y al encontrarse con un verdadero «facha» pasa lo que pasa. Si al radical se le ocurre darle un guantazo ya tiene la estrategia electoral trazada. Cabe recordar que estamos hablando de un tipo que no hace muchos años se vanagloriaba de haber dado una paliza a un tipo siendo 3vs1. Ya sabemos que no tiene honor alguno, pero no desaprovecha ni la más mínima ocasión para mostrar al mundo su inmundicia moral.

Otro tema a analizar es la nefasta gestión del supuesto conflicto por parte de los guardaespaldas. Me cuesta entender que permitan a su protegido meterse en las fauces del lobo. Si, con nuestro dinero, rodean a este tipejo de seguridad estaría bien que, al menos, hicieran bien su trabajo.

También resulta curioso que el vicepresidente de un Gobierno que implora a sus ciudadanos que respeten las medidas de distanciamiento social se acerque a la boca de un desconocido. En fin…

Pablo Iglesias bravucón
EFE

Todo lo dicho hasta aquí no dejan de ser conjeturas. Sin embargo, hay algo impepinable en las imágenes. Nos muestran el odio que esta chusma alberga en su interior. Esa mirada de Iglesias refleja lo peor del ser humano. Esa agresividad primaria, que los seres humanos más evolucionados hemos dejado atrás con el paso de las generaciones, no se desprende de los comunistas.

Desde que este señor se puso a jugar a los políticos no ha cejado en su empeño de prender la mecha del guerracivilismo. Desea resucitar una guerra civil que, por cierto, perdieron. Y lo hace únicamente para seguir engordando su panza y su cuenta bancaria. Fomentan la fragmentación en polos y la crispación y están orgullosos de ello, siempre y cuando sean los protagonistas.

¿Habrá ido Pablo a provocar a Coslada como Rivera, Rocío de Meer, Santiago Abascal u otros diputados de la derecha iban a provocar a Cataluña o Vascongadas? ¿Recuerdan las críticas a Abascal tras encararse con las jaurías sediciosas? Lo hizo tras escuchar barbaridades, amenazas y recibir pedradas durante semanas. No obstante todos le tildaron de «fascista agresivo». Ahora bien, llega Iglesias a «plantar cara al fascismo» y todo son alabanzas.

No cuela, ya no engañan a nadie. El púlpito que se han construido en tiempo récord impide a los creadores de los escraches escuchar un atisbo de crítica. La verdad les escuece y por eso el fantoche protagonizó ese esperpento en Coslada y nos lo intenta vender como lo que no es. Es la práctica de todo totalitario, presentarse como víctima cuando es él quien ejerce de verdugo.

Un momento, volvamos a Abascal, quizá hemos dado con la tecla e Iglesias siente por Santiago la misma admiración que su abuelo por Franco. ¿Estamos ante la única similitud entre el Caudillo y el líder de VOX? A lo mejor Pablete está encandilado por Abascal y trata de imitarle con nefastos resultados. Las comparativas son odiosas. A uno le lanzan piedras y a otro verdades, vengan de quien vengan.

Abascal Vascongadas
EFE

Espero que los madrileños no caigan en las trampas que les tratarán de tender en las próximas semanas. Hay dos modelos. Uno lo encarna un tío al que llaman «casta», que es en lo que se ha convertido, y, o bien va de chulo y no lo es, o es un violento que pretende pelearse. El otro lo lidera una mujer que soporta todo tipo de insultos, manipulaciones y vejaciones y no hace nada más que gobernar por el bien de sus ciudadanos. No estoy empadronado en Madrid pero si me dieran a elegir lo tendría claro. 

España es mucho más que el goyesco duelo a garrotazos que quiere restaurar Podemos. Por eso quedarán reducidos a la nada y saldrán de las instituciones más pronto que tarde. Madrid: primera parada. Tic tac, el chollo se acabará.

«El odio es la venganza de un cobarde intimidado»

George Bernard Shaw

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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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