El origen de lo político y las Neuronas espejo

El origen de lo político y las Neuronas espejo

IGNACIO LEONARDO PUEYO BESTUÉ

Hasta principios 2007 era el terrorismo de ETA el principal problema y preocupación de los españoles según las encuestas del CIS (44.6%). Y desde esa fecha hasta la actualidad en marzo de 2021 es el paro quien nos quita más el sueño como población (59.8%). A este gran problema le sigue la sanidad en segundo lugar, y la política en el tercero, destacando principalmente por el mal comportamiento de nuestros políticos y la corrupción.

Problemas de otra índole como la violencia contra la mujer, el racismo o la monarquía apenas suponen un problema al 6.7%, 0.4% y 0.2% respectivamente de los encuestados, a diferencia de lo que nos intentan vender a diario en las redes y medios de comunicación. La evolución de los hábitos y preocupaciones de los españoles desvela cómo la sociedad ha ido cambiando y surgen en ella nuevos intereses.

Alejándonos un poco del prisma de la actualidad, es interesante pararse a pensar sobre el origen de nuestro interés sobre “lo político”, que nos rige como sociedad a día de hoy, e invertimos una considerable cantidad de horas de nuestras vidas y preocupaciones.

En una reciente conferencia del filósofo D. Higinio Marín, comentaba que los grandes historiadores saben que lo que había antes de la política no fue más que trivialidad y la guerra entre coetáneos de la misma especie. A esta afirmación alguno de ustedes se podría preguntar si existe alguna diferencia con la actualidad. Efectivamente existen muchas. Y se basan en los límites que establecemos como sociedad para convivir.

Estos límites que son artefactos humanos, no existen realmente. Los designamos en base a nuestra experiencia de los que otros hacen o hicieron antes que nosotros. De ahí que radique una extraordinaria importancia en que nos fijemos en aquellas personas y cosas que nos ayuden de una forma óptima.

En este punto es dónde cobran importancia las llamadas neuronas espejo o neuronas especulares de las que igual ustedes ya han escuchado hablar. El neurobiólogo Giacomo Rizzolatti en 1996, observó como las neuronas motoras de cierta parte del cerebro de un mono se activaban cuando él realizaba un movimiento.

Lo interesante es que el mono no se había movido y sin embargo neuronas suyas se habían activado al observar el movimiento en otro ser. Estas neuronas se han estudiado en monos y posteriormente han sido encontradas en humanos. En nosotros se han hallado en las regiones motoras del cerebro (circunvolución frontal inferior y la corteza parietal inferior) y en las regiones involucradas en la visión y en la memoria.

Las neuronas espejo intervienen además en las intenciones de los movimientos y por tanto están presentes en gran cantidad de acciones inconscientes. Para entender esto imaginemos que vemos a alguien coger una taza de una mesa donde está junto a otros objetos relacionados con comida. Si tú lo estás viendo en tu cerebro se activaran las neuronas espejo correspondientes al movimiento. Si los objetos que acompañan a la taza están desordenados además se activaran otra cantidad de neuronas espejo adivinando la posible intención de ordenarlos. Y si esos objetos están ya ordenados se activaran otras neuronas que simulan la intención de que se va a beber de la taza.

En relación a la evolución de la política podría tener gran importancia en el aprendizaje y la imitación. Podría resultar entonces que la conciencia social y la personal estén relacionadas con este tipo de neuronas y que como la cultura se transmite por imitación, aprendizaje y lenguaje, lo haga por medio de las neuronas espejo. Una posibilidad que abre la Neurociencia y que pretende dar explicación a nuestra conducta personal e investigar la civilización y la política desde la mirada de nuestras propias células.

La dirección que están tomando las investigaciones de la Neurociencia parece que dejan al ser humano sin libertad de decisión y acción, como si todo estuviera controlado por las conexiones neuronales, sus neurotransmisores y su secuencias genéticas. Pero queda libertad, libre albedrío, porque si no, ¿por qué no estamos siempre imitando a los demás? ¿o sí lo hacemos?

“El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender»

Plutarco

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Publicado por Ignacio Leonardo Pueyo Bestué

Estudiante de Medicina por Europa. Neófito en el mundo de las Humanidades.

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