REDACCIÓN DE MI VIAJE A OVIEDO ~Recuerdos de niñez~

Campo San Francisco Oviedo

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Soy la pequeña de mi casa, tengo varios hermanos, pero mi mamá es mía… mucho más que de los demás. Yo soy su niña y creo que a los otros ni los ve… Bueno, a los malos sí los ve, pero siempre me da la razón y me defiende de ellos.

Mi hermana mayor me cuida como mi mamá, pero menos. Es más seria y a veces me riñe, mi mamá nunca me riñe. También tengo otro hermano mayor. Si será mayor que ya tiene pelos en las piernas, usa pantalón corto, como los malos, pero él es grande y no me hace burla. Tampoco me sienta en sus rodillas, ni me cuenta cuentos, como hace mi papá.

Pero mamá, que está gordita por la tripa, siempre me quiere tener con ella y me cuida, me hace comiditas sólo para mí y eso molesta mucho a los malos, a ellos no les damos… A ellos, que siempre están juntos, les molesta mucho que mi mamá sea mía y a ellos no los cuide como a mí. Antonín es el más malo de los malos, discute con mamá, dice que estoy mimada y me hace burla y se enfada mucho porque yo en los brazos de mi mamá no le hago caso, miro a otro lado y me aprieto contra mi mamá que está muy blandita. Ella le dice:

-Antonín cielo, no seas descarado y él se va con el otro, muy enfadado.

Hace poco cuando falté a la escuela, es que fui a ver a la abuelita. Ella vive en una casa, con una tienda delante, donde venden muchas cosas… 

Salí del taxi y entré la primera en la tienda. El abuelito estaba allí con su bata gris. Le dije: hola abuelito, me contestó algo que no entendí, como siempre. Yo sé que es mi abuelito, pero no me gusta. Cuando lo veo, siempre me acuerdo de cómo protesta cada vez que la abuelita quiere darme algo. Sobre todo cuando la abuelita me regala las cachabas pintadas de colores, hay muchas en la tienda. Dan mucha envidia a los niños de mi escuela, que no tienen.

No me gusta pasar por la tienda de mi abuelo, porque me resulta triste, me da miedo no sé a qué. Hay un pasillo estrecho entre el mostrador y las estanterías, el techo es muy alto, todo está lleno de cestos y de palos grandes y luego después de pasar la puerta que tiene un cristal arriba, al que yo no llego, hay otro pasillo más oscuro, no sé ve nada y yo todavía no sé prender la luz. Cuando llego a este pasillo corro gritando: -abuelita, abuelita- y si ella tarda en contestar me asustó. El pasillo es tan largo… y sin ventanas… pero cuando ella me contesta: -Hola solete-. Siempre pienso que ella es el Sol y el pasillo se ilumina antes de que ella prenda la luz y corro a buscarla y me abrazo a sus rodillas y ella me coge, me levanta, me estruja. Es mi otra mamá, pero es más fuerte, más grande, más gorda. Me siento tan protegida en sus brazos. Con ella delante Antonín no se atreve a decirme nada. La abuela también es buena con mis hermanos, pero yo soy su solete.

A Oviedo fuimos en taxi, los coches huelen y yo me mareo y vómito. Los coches van muy deprisa, en las curvas pitan cuando viene otro coche, eso me gusta. En un pueblo atropellamos una gallina, pero no bajamos a recogerla, quedó por allí con las plumas flotando en el aire. En el coche, mi mamá me llevaba en brazos para que no me mareara y decía que tenía ganas de llegar, yo también, no me gustan los coches porque me mareo y huelen mal.

Mientras me apretaba, la abuelita me preguntó: -¿Dónde está mamá?-. Le dije: -No sé, vine corriendo a verte-. La abuelita me llevó a la tienda y salimos a la calle. Todos estaban cogiendo las cosas para meterlas en la casa.

Esos días apenas vi a mamá. La tía Adelina se parece mucho a mi mamá y me llevaba al campo San Francisco y le di barquillos al oso Perico. Un día, cuando volvimos del parque, me dijo la abuelita: -Ven a ver a tu hermanín- y me pasó a su habitación. Mi papá estaba sentado con la cara alegre y mi mamá estaba en la cama con un niño en los brazos, parecía una cosita, como un muñeco colorado, con pelo negro, me pareció muy feo. Me dijo mamá: -Ven cielo mira a Juanín-, me acerqué y me dijo: -Tócalo…-, me daba repelús, pero lo hice, porque me lo dijo mi mamá. Mis hermanos, los malos, querían cogerlo en brazos pero no los dejaron y ellos protestaban de que a mi me dejaron tocarlo.

La jaula de Petra y Perico en el campo de San Francisco de Oviedo
La jaula de Petra y Perico en el campo de San Francisco de Oviedo

Mi hermana mayor me cogió de la mano y me dijo: -Ven Beatriz, que te voy a peinar, y me llevó al baño y me cepilló el pelo y me dijo: 

Estarás contenta, ya nació el hermanín, ahora hay que quererlo mucho y no darle la lata a mamá, que tiene mucho trabajo-. Le dije: -A mí no me gusta, es feo y está colorado, además cuando lo toqué no me dijo nada-. Ella me contesto: -Es pequeño, ya sabes… -.

Esa noche cuando me fui a la cama me sentí muy sola, mi mamá no fue conmigo y no me dio el beso. Lo hizo mi hermana, pero no es lo mismo. La abuela tampoco estuvo conmigo, andaba arriba y abajo… Entraba mucho en el cuarto de mi mamá. Los hermanos estaban muy excitados y ni me miraban. Antonín ya no me hace burla. Decían que iban a enseñar a jugar al fútbol al hermanito, no creo que pueda jugar a nada, ni siquiera habla.

Cuando volvimos a casa, la abuela se quedó en Oviedo y me dio muchos besos y me llamó solete, como siempre. En el coche estuve sentada en las rodillas de mi papá, pero no era lo mismo, él no me achucha como mi mamá. Antonín volvió a hacerme burla y mi papá lo riñó y le tiró de las orejas. Mi mamá no tiene ojos más que para esa cosita que berrea. Mi hermano mayor que nunca estuvo pendiente de los demás, no para de mirar al niño de mamá. Los malos siguen hablando de cómo le van a enseñar a jugar al fútbol. Mi hermana mayor me mira de vez en cuando y me hace una caricia. Yo estoy triste… no sé qué me pasa.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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