14 ABRIL, LA REPÚBLICA SIN REPUBLICANOS ~El Profesor~

14 ABRIL LA REPÚBLICA SIN REPUBLICANOS

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

El primer tercio del siglo XX está presidido por la búsqueda de una ‹‹España nueva››. Los métodos para alcanzarla alternarán entre lo pacífico y lo violento. La crisis del alma española se agudiza tras el desastre del 98. Por su parte, el régimen de la Restauración, que logró un periodo largo de estabilidad política, prefirió las tácticas políticas caciquiles en detrimento de los principios. En enero de 1930 cayó la Dictadura y Alfonso XIII lo hizo en abril de 1931. 

El 14 de abril se proclamó la Segunda República. El júbilo fue la manifestación de la confianza en el nuevo régimen como impulsor de la regeneración de España. Muchos españoles entendían que la regeneración solo se podía producir desde un cambio de régimen. Pero la República nacía con deficiencias importantes: 

  • El cambio había llegado en mayor medida por el hundimiento de la Monarquía, propiciado por los propios monárquicos, más que por el triunfo de la idea republicana. Sirva de muestra la observación de Miguel Maura: ‹‹Ya (…) antes de que el gobierno [monárquico] hubiese deliberado y antes de que la calle hubiese mostrado síntomas de efervescencia, el conde [Romanones, Ministro de Estado], estaba decidido a (…) que el monarca abandonase la lucha››. Esto sucedía a pesar del triunfo de las candidaturas monárquicas con14.018 candidatos electos, frente a los 1.832 republicanos. En frase del almirante Aznar: España se había acostado monárquica y se había despertado republicana.
  • Las fuerzas republicanas estaban dividas. Manuel Azaña apunta en sus memorias: ‹‹Es cosa de espanto la incultura del vulgo político español. No sé yo si llegarán a dos docenas las personas del mundo parlamentario y periodístico con las que se pueda razonar seriamente››.
  • Republicanos auténticos había pocos. Un gran número de fuerzas políticas y sociales se habían sumado a la causa republicana por oportunismo. 
  • Los partidos auténticamente republicanos estaban en minoría, pero para disfrutar del poder, tendrían que apoyarse en fuerzas que pretendían instrumentalizar la república para sus fines partidistas, lo que afectó  significativamente al programa republicano. 

Veamos las razones de conveniencia por las que distintos sectores se sumaron al movimiento. Los inicios del régimen ilustran lo dicho:

  • Socialistas y anarquistas contemplaron la posibilidad de utilizar el nuevo régimen como medio para llevar a cabo la revolución. Cada uno de ellos intentaría instrumentalizar a sus aliados republicanos, para después imponerse a ellos, por las buenas o por las malas. Los anarquistas fueron un gran problema para el nuevo gobierno. Eran partidarios de la ‹‹gimnasia revolucionaria›› y el acoso al poder mediante disturbios e insurrecciones. En mayo -había transcurrido menos de un mes desde la proclamación de la República- habían ardido bibliotecas con miles de volúmenes, centros de enseñanza, más de cien templos, se destruyeron muchas obras de arte (pinturas de Zurbarán, Valdés Leal, Van Dyck, Coello etc.).  En el verano del 31, la huelga de Telefónica, extendida por Madrid, Barcelona y Sevilla, causó 30 muertos y 2.000 detenidos. Los comunistas fueron acérrimos enemigos de la República, calificándola de burguesa. El Partido comunista de España era una organización muy vinculada y controlada por la Internacional Comunista. 
  • Tras un año de desórdenes acumulados, en mayo del 32, sonaban conatos de conspiración contra el gobierno.  El general Sanjurjo intentó un golpe de estado en Sevilla, que fracasó de manera casi inmediata. 
  • Los partidos separatistas entendían que la república les sería más beneficiosa para sus fines autonómicos o federales. El primer problema para el gobierno provisional de la República vino de Francesc Maciá, quien comenzó a actuar de hecho como jefe de un ‹‹Estado Catalán›› sin respetar al gobierno central, a la espera de que se concediera el estatuto de autonomía. Maciá ya había dado muestras de sus intenciones cuando entre 1925 y 1926 había organizado un ‹‹ejército catalán›› llamando: ‹‹¡A las armas, catalanes!››. Fracasado el intento, apostilló: ‹‹¡Catalanes, hemos luchado por una grande, por una noble causa que ha fracasado … Pero volveremos››. Uno de los regresos fue el fracasado golpe de 1934, en el que Companys proclamó una República Catalana.
  • Los políticos monárquicos, desafectos al rey por haber pactado con la Dictadura, que los había arrinconado, se disponían a pasar al régimen republicano, si este triunfaba.  Los exmonárquicos, Alcalá Zamora y Miguel Maura fueron los impulsores del advenimiento del nuevo régimen. Así se expresó el socialista Largo Caballero: ‹‹Don Niceto Alcalá-Zamora, que en la monarquía llevaba tras de sí la discordia, en la oposición era el aglutinante entre los políticos de izquierda››.

Los políticos republicanos terminaron desbordados por grupos, a los que dieron la mano, que solo pretendían servirse de la República para llevar a cabo la revolución social violenta o afianzar su avance hacia el separatismo. 

La Segunda República ha sido mitificada como la Arcadia feliz. Esta versión edulcorada contrasta con la de los protagonistas del régimen en lo intelectual y político. Así, lo estiman, entre otros, dos de los considerados ‹‹padres de la República››: Gregorio Marañón utilizó estos calificativos: ‹‹Estupidez y canallería››; Ortega y Gasset: ‹‹ (…) mentes arcaicas (…) se empeñan en que nuestra naciente república sea como la de hace cien años (se refiere a la primera República) y cometen, sin renunciar a ninguna, todas las insensateces y todas las torpezas en que aquellas se desnucaron››. El mismo Ortega en septiembre, manifestaba su decepción: ‹‹Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la república (…) se dicen ahora, entre desasosegados y descontentos: ¡no es esto, no es esto!››. 

“La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden”

Fernando el Católico

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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