Olvidan qué es debatir y no recuerdan que no somos tontos

Debate Madrid

CARLOS LUQUE FLÓREZ

Nuestro diccionario dice que ‘debatir’ es discutir un tema con opiniones diferentes y que discutir significa examinar atenta y particularmente una materia. Imagino que esto lo obvian los seis candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Los medios deberían plantearse su labor y el nombre que dan a sus formatos. ¿Qué aporta lo visto anoche? Quiero pensar que las ideas de la ciudadanía no son tan estériles como para verse afectadas por el espectáculo televisivo protagonizado en el plató de Telemadrid.

En eso se han convertido los debates electorales, en puro infoshow. Aunque reconozco que te hacen pasar un buen rato. Tendremos cierta tendencia masoca imagino, porque es imposible no ponerse de mal humor viendo cómo una cuadrilla de cínicos te miente mirándote a la cara (Gabilondo, tú no) en prime time.

De cualquier manera, las televisiones deberían hacer autocrítica o ceder definitivamente a la infantilización de la opinión pública. Un debate tradicional contribuía en poco a la configuración de pensamientos, pero un «debate» en el que la interpelación entre los integrantes del mismo es prácticamente nula y en el que los discursos se llevan preparados y no se saltan una sola coma es inútil. De hecho hasta la moderadora (María Rey) tuvo que recordar que estaban en un debate. Por cierto, qué sosico su compañero Jon Ariztimuño… A Gabilondo le viene al pelo.

Al pobre fray Perico me da hasta pena criticarle. Ángel Gabilondo parece una aparición inconsciente de su propia existencia. No recuerdo haber visto un político tan nefasto en mi vida. Por si no se han enterado…Mónica García es médico, concretamente anestesista. Que se quedase a solas con Gabilondo podría explicar la actuación del socialista. Me cuentan que el designar a este señor como presidenciable a la Comunidad de Madrid sea una maniobra del Narciso de la Moncloa para reírse de él y me lo creo.

Quizá también lo haya advertido el propio Gabilondo y ahora esté resentido con su partido. Si no, es complicado entender que otorgue a ‘Más Madrid’ y ‘Podemos’ la condición de alternativa. ¿Recuerdan al Gabilondo que decía «con Iglesias no» hace cuatro días? Pues debe haber metarmorfoseado porque ahora le tiende la mano para gobernar conjuntamente: «¿Pablo, tenemos 12 días para ganar las elecciones?» Les reto a pensar en alguien con menos palabra que un socialista.

Pablo Iglesias, al menos, nunca nos ha mentido. Es transparente en cuanto a su maldad y repugnancia. Eso sí, ser papá debe haberle cambiado, pues el político forjado entre insultos en los platós de televisión ahora actúa cual can sumiso, panza arriba ante el enfrentamiento. Si bien es cierto que ese rasgo se lo deja a las puertas del Congreso, donde se permite el lujo de subir a la tribuna y hacer llamamientos a la guerra civil. De esa cualidad nunca es capaz de desprenderse, su cinismo le define perpetuamente. En el «debate» también lo ejemplificó, cuando, escasos minutos después de pedir a la presidenta que deje a un lado sus cuestiones personales, le habló de su hermano y sus amigos.

También pudimos ver al Pablito más preguntón. Ojalá esté practicando para volver a la Complu a adoctrinar a cuatro niñatos. El chollo se le está acabando, así que algo tendrá que hacer.

¿Y qué decir de la pistolera? ¿Para qué sirve? No me apetece opinar de una mujer (perdón por asumir su género) que rechaza criminalizar a los delincuentes pero se envalentona al identificar a los hombres como violadores y asesinos. Tener que soportar a los analistas pijoprogres aseverar que Mónica García hizo un buen papel es…no sé qué es. La verdad es que no esperaba menos. Imagino que todavía tienen el suficiente como para no atreverse a dar como «ganador» al muermo del norte. En cualquier caso, la errejona es ejemplo perfecto de como cualquiera puede llegar a política y de como el podemita medio siempre puede subir un escalón más en la escalera de la hipocresía. En sus propias palabras: «carente de nivel».

Dentro de ese nivel de podredumbre intelectual que impera sobre nuestra clase política hay excepciones. Edmundo Bal es una de ellas. Tiene buena cabeza, pero es que la lleva en brazos como San Lamberto, es lo que tiene pertenecer a un partido muerto.

Todo lo contrario ocurre con Rocío Monasterio, cuyo partido no para de crecer. No me veo capaz de juzgarle, cuando lo único que le saben decir sus adversarios es «filonazi» es que algo debe estar haciendo bien.

Por muchas críticas que reciba la candidata de VOX el punching ball favorito de los sociocomunistas sigue siendo Ayuso, a la que sólo me queda darle la enhorabuena por ser capaz de morderse la lengua.

Ayuso y Monasterio

En conclusión, los políticos no saben debatir, nos tratan como a críos y las teles lo aceptan. ¿De verdad ven útil hablar de sus hijitos entre sonrisas o darse golpes en el pecho cual Maguila?

Me niego a creer que este rebaño de fatuos y zopencos vayan a meter sus zarpas en Madrid. ¿Cómo van a gobernar Madrid un zombie o una cuadrilla de mentirosos patológicos?

Edmundo no es libre al estar bajo el yugo de la equidistancia. Así que sólo quedan dos, Rocío o Isabel, elijan. Ahora bien, que la derecha aprenda porque el Frente Popular parece más unido que nunca.


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Publicado por Carlos Luque Flórez

Periodista polivalente. Soy de Aragón, la tierra noble.

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