DESVENTURAS DE LA SAMANTA ~Recuerdos de niñez~

DESVENTURAS DE LA SAMANTA ~Recuerdos de niñez~

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

La conocí una mañana en el juzgado. Llevaba un bebé en brazos, iba muy limpita con el pelo recogido, estirado hacia atrás, llevaba horquillas. Su pelo negro, brillante, le daba buen aspecto, sus vaqueros ajustados con su tipo esbelto la hacían parecer apenas una adolescente.

Yo, como abogado, atendía en el Turno de Oficio a personas menesterosas. Ese día, en Plaza de Castilla, estábamos varios abogados ejerciendo en el turno. Ella me fue turnada, cuando la vi pensé que era gitana; “Un no sé qué” me dijo que lo era. Pero ella no era gruesa, ni tenía el pelo oxigenado, como estoy acostumbrado a verlas en los mercadillos; además iba en vaqueros, no con esas faldas informes que suelen llevar, por debajo de las rodillas.

Aquella mañana yo estaba en el Turno de Violencia de Género, despaché con ella y me contó su caso. La denuncia consistía en una acusación de secuestro contra un hombre; que según Samanta, la cliente; la había tenido secuestrada, en el monte, en una casa próxima a Colmenar de Oreja. Aun cuando intenté tener una conversación ordenada, para preparar la acusación, ella hablaba a borbotones con un discurso difícil de interrumpir.

-Verá usted, yo llevaba muchos días pensando en escapar, pero él no me dejaba los zapatos, y el niño pesa tanto; además tenía mucho miedo, sobre todo a su madre, el Jandro no es tan malo, un poco tonto sí, pero no es tan malo. Pero los otros son muy malos y siempre me trataron muy mal-. Le pregunté: -¿A quién quieres denunciar realmente?-

Me contestó: -Al Jandro, él fue el que me llevó a la cabaña del monte. Y aunque sé que su Madre es la que lo urde todo, fue el Jandro el que me llevó. También él se lleva mis zapatos cada vez que se va de la casa. Y cuando le parecía bien hacía lo que quería conmigo y si yo le ponía malas caras me pegaba y me llamaba de todo. Por eso quiero denunciar al Jandro-.

En un momento dado el niño se puso nervioso y comenzó a chillar, Samanta le dirigió unas frases cariñosas, le dijo: -Angelico- y otras zalamerías ininteligibles. Como el niño no se callaba, Samanta se abrió la blusa y lo puso al pecho.

Aquel día Samanta se ratificó en la denuncia y se fue con el niño sentado en su cadera, no sin antes decirme que iba a visitar a sus nenes que tenía en la “Protección”.

Colmenar de Oreja
Colmenar de Oreja

Unos días después Samanta me llamó y me pidió que la recibiera en el despacho. Cuando vino me contó un montón de historias, con un cierto desorden, dando por hecho que yo conocía algunas de las cosas, pero con una claridad de ideas envidiable.

-La verdad es que la culpa la tiene mi madre, ella me vendió a la Maya, la madre del Jandro y ya no tuve escapatoria. Al principio aquello no era tan malo, pues vivían en una chabola en la que había de todo: luz, radiadores, menaje de cocina, televisor y muchas cosas. Yo creí que iba a poder llevar los nenes aquella casa; pero su hermano, el Elmanu, los echó fuera la primera vez que los llevé y ellos no habían hecho nada todavía. Había ido a buscarlos a la Protección con el Jandro, les habíamos comprado ropita nueva, en el súper y yo los había peinado y lavado para que estuvieran bien guapos. Cuando llegamos a la casa, antes de entrar volví a repeinarlos, mojándoles el pelo con saliva.

-Luego pasó lo que pasó, fue muy desagradable y me asusté. Elmanu me dijo que los niños no pintaban nada allí, que no eran de la casa y a saber de quién eran. Yo le dije que era míos y que yo era la mujer del Jandro y que por eso tenían que estar en aquella casa. La Maya en seguida empezó a decir cosas tan rápido que yo no entendía, porque tan pronto me daba la razón, diciendo que al fin y al cabo yo era la mujer del Jandro y que era muy importante tenerme contenta, como que el Elmanu era el jefe y teníamos que obedecerlo. Pero no se aclaraba la situación y mientras tanto los niños estaban fuera, llorando.

Yo me enfadé y me fui a la puerta, la abrí y les dije: 

-Pasar, pasar, que ésta es vuestra casa y nadie os va a echar de aquí. 

El Elmanu vino y me dio una bofetada, yo me abrace a los niños y me fui a un rincón, el Jandro salió de la casa, dando un portazo que hizo tambalearse las cosas en las estanterías.

-La Maya me dijo:-¿Ves lo que has conseguido? Una buena tunda es lo qué te mereces. Que te quede claro, en esta casa se hace lo que manda el Elmanu. Si estuviera aquí mi hombre, Elnando, ya te cagarías encima de miedo, ese sí que tiene la mano dura, si te lo digo yo, pero claro sin él Elmanu es el que manda, así que tú a callar.

-Cogí a los niños y salí de la chabola a buscar al Jandro; cuando lo encontré estaba descompuesto, nervioso y sí ordinariamente no se le entendía lo que decía demasiado bien, porque farfullaba, esa vez no decía nada coherente; mezclaba juramentos con palabras cariñosas destinadas a mí. Lo tranquilice acariciándolo besuqueándolo, y nos fuimos con los nenes a la Protección. Cuando nos bajamos del Metro les compramos unas chucherías y se pusieron muy contentos, le daban besos al Jandro. Él los cogía en brazos y los agitaba y los lanzaba al aire y ellos, tan monos, reían como locos.

-Cuando los dejamos en la Protección ya todo estaba olvidado para ellos. El Jandro y yo nos quedamos a solas con el problema, yo no quería  volver a la casa del Elmanu y el Jandro me decía: 

-¿A dónde vamos a ir?-. 

Yo le suplicaba: 

-A cualquier sitio-. 

Entonces él agachaba la cabeza y se cubría con las manos. Los dos volvimos a la chabola con la cabeza gacha. No nos dijeron nada, la Maya sonreía con esa cara de bruja que pone para celebrar, cuando gana. Elmanu dijo: 

-No pasa nada-. 

Y le dio un vaso de vino al Jandro, diciendo: 

-Venga hombre, no te lo tomes así, vamos a estar mejor sin ellos. 

A mí me miró y me dijo: 

-Samanta tienes que aprender a obedecer, pero lo de hoy pelillos a la mar.

Desde ese día yo ya supe a qué atenerme, tampoco soy tan lerda, así que evité tener problemas con Elmanu y traté lo menos posible con la Maya. A la Zoraida yo la evitaba a toda costa, evitaba el roce con ella y ella no se acercaba a Elmanu más que cuando éste se lo pedía. Se pasaba el día trajinando, cuidando a su nene, para lo que salía fuera de la chabola, pues teníamos los barreños y las garrafas de agua en la trasera de la casa-.

A mí, como abogado que soy, no me gusta que los clientes me cuenten su vida fuera de lo estrictamente necesario para el caso, pero esa vez tuve la debilidad de preguntar quién era Zoraida.

-Zoraida es la mujer de Elmanu, no habla bien, creo que es húngara o rumana, al parecer Elmanu la conoció en las fiestas de Trujillo, la cogió y ya se la llevó sin más. Desde entonces nunca la llevan a los mercadillos, porque no quiere que la encuentre la familia de ella. Cuando yo llegué a la casa, ella llevaba ya para tres años y tenía un nene, muy guapo, rubio y todo-.

-Al tiempo de estar con el Jandro empecé a tener náuseas, pensé, vuelvo a estar preñada y lo primero que se me vino a la cabeza fue sí sería del Jandro.

-Por las fechas parecía que sí podía ser de él y yo recé y recé para que lo fuera, no quería pensar en lo que había vivido los últimos tiempos, antes de que mi madre me entregara a la Maya. Cuando pasado el tiempo le dije al Jandro que esperaba un niño, se puso contentísimo, y empezó a farfullar y no se le entendía nada de lo que decía. Me dio mucha pena, me pareció que decía: 

-Voy a tener un hijo, voy a ser como Elmanu. Me daba abrazos y besos y me agobiaba bastante, la verdad. Cuando luego lo contó a todos, Elmanu se puso contento y sacó vino para celebrarlo, a mí no me dio, porque dijo que no le convenía al niño; a otra, a la suya, tampoco, ni se acordó de ella. La Maya hizo muchos aspavientos, pero me miraba con desconfianza y la verdad es que me dio miedo. Pero sí dijo: -¡Que contento se va a poner Elnando, cuando lo sepa! Mañana mismo me voy a la cárcel con una tarta y se lo cuento. Me miro a mí y me dijo: – y tú a ver si nos vas a dar alguna mala sorpresa-. El Jandro seguía tan contento sin escuchar la mala baba de su madre.

-Fueron unos días buenos los que siguieron a la noticia, pero no duraron mucho, la Maya comenzó a ponerme tareas, lo que supuso un descanso para la otra.

-Entonces todavía Elmanu no había entrado en el negocio de la vigilancia de las obras, salíamos a la recogida del cartón y la chatarra con la furgona del tío Pancracio. Él nos contrataba cada día, a mí me tocaba saltar del camión, ir a los montones y lanzar los cartones por encima de la caja. Donde el Jandro y Elmanu lo iban amontonando y apisonando. Las otras se quedaban en casa con los nenes y yo a pasar las tardes y las noches corriendo y subiéndome al camión para aprovechar el tiempo y adelantarnos a los otros que andaban a lo mismo. Los “ponipayos” ya empezaban a hacernos la competencia. Al final del día el tío Pancracio ajustaba con Elmanu lo recogido, le pagaba y nos dejaba en la chabola. Algunas veces, cuando el día había sido bueno, parábamos e un bar que estaba abierto de noche, cerca de la Estación del Norte, bebíamos algo y nos tomábamos alguna ración caliente. Yo hablaba poco, no me atrevía, pero me dejaban tomar una caña y comer un bocadillo, unos callos u otra cosa que me apeteciera.

Antigua Estación del Norte de Madrid
Antigua Estación del Norte de Madrid

-Fue una temporada que no fue mala del todo, yo me iba envalentonado a medida que iba participando en los trabajos de los hombres. Un día tuve unas palabras con la rumana y la cogí del pelo, la Maya intervino y me dio dos bofetadas, me tuve que tragar mis lágrimas. Pero la Maya no contenta con humillarme habló con Elmanu, le dijo:-Yo creo que a ésta le estás dando demasiadas alas-.

-Durante una temporada seguí acompañando a los hombres a la recogida de cartón, pero Elmanu lejos de tratarme bien, ¡con lo que yo trabajaba!, no tenía para mí más que malos modos. El Jandro seguía siendo cariñoso conmigo y dentro de sus posibilidades me trataba bien. Pero Elmanu influía mucho en él y no se atrevía ni a mirarlo a la cara cuando Elmanu me maltrataba de palabra. Un día a una regañina de Elmanu, yo le contesté airada: -¡Pues baja tú del camión y corre y salta, como yo hago!-.

-Él se bajó del camión y me golpeó con el puño cerrado. El Jandro empezó a gritar cosas ininteligibles, se bajó del camión y se marchó calle arriba gritando como loco. Yo no sabía qué hacer, el tío Pancracio intervino y puso paz;  llamó a voces al Jandro, que ya iba bien lejos, pero por fin consiguió que volviera a la tarea. Cuando acabó la jornada tío Pancracio nos advirtió que era la última vez que admitía ese tipo de cosas y que si no podíamos trabajar juntos, que yo no volviera más a la tarea-.

-Desde ese día yo me quedaba en casa, con las mujeres y el Mundo se me caía encima, menos mal que me podía refugiar en el nene de la rumana.

-Muchas noches Elmanu llegaba protestando de los “ponipayos”, decía: -esos sudacas lo quieren todo para ellos, nosotros estábamos antes y así no hay manera de hacer una buena recogida-. Al parecer el tío Pancracio no se atrevía a enfrentarse a ellos y nos estaban comiendo el terreno. La casa se resentía ya que faltaba de casi todo y las mujeres teníamos que ir con los niños a buscar la vida por ahí. La Maya se las arreglaba muy bien para echar la Buenaventura, con un ramito de romero en la mano. Pero ni la rumana ni yo teníamos el mismo arte. Yo me ponía a lado a la puerta del Día, con el nene en los brazos y pedía leche para niño, pero conseguía poco y la Maya me daba algún pescozón. Siempre me daba la brasa y me decía:-No vales pa na-.

-La rumana inventó una forma de pedir, se llevaba unos papeles y se ponía de rodillas encima con una estampita de un Santo en las manos y el niño en el suelo, encima de los papeles, ella conseguía más que yo. La Maya hacía grandes alabanzas de ella y le protestaba Jandro de mí. Les decía al Jandro y a Elmanu que yo no valía para nada.

-Una noche Elmanu y el Jandro no volvieron en la camioneta del tío Pancracio, volvieron andando, venían magullados. Elmanu no paraba de jurar y decir que iba a matar al esos ponipayos y que estaba harto de que el tío Pancracio no los pusiera en su lugar y que fuera él el que tenía que dar la cara. El Jandro, ya entre las sábanas, me contó cómo pudo, que los habían echado fuera de la carretera y que les habían quitado todo el cartón, que ellos habían bajado del camión con unos palos pero que los otros eran más y traían bastones con hierros y que no pudieron defenderse, el pobrecito gemía mientras me lo contaba. La camioneta estuvo averiada una temporada y las cosas se pusieron todavía peores en la casa, todo eran discusiones, gritos y Elmanu lo arreglaba todo emborrachándose y maltratándonos a los demás, menos a su Madre, que era la que lo consentía y lo consolaba cuando caía en la tristeza e incluso en el llanto.

-Pasó una temporada y un día Elmanu vino y nos dijo, vamos a dejar lo del cartón y vamos a dedicarnos a los sanitarios. En la carretera de Vicálvaro hay uno que nos compra todo lo que le llevemos. Es el Álvaro, esta tarde, me va a prestar una furgoneta para que comience a trabajar y de ese modo saldremos por las noches, ya por nuestra cuenta, sin ellos. Sin correr a toda prisa para llegar antes que ellos, que esos sudacas, a la recogida-.

-A mí me dijo: -Samanta te vamos a necesitar y quiero que estés atenta. Pero si quieres volver a salir con nosotros tienes que portarte bien y no envalentonarte y debes respetar a la Maya en todo lo que te diga. Todo va a ir mejor que cuando andábamos con el tío Pancracio-.

-Aquella noche nos fuimos a una obra cortamos la valla y cargamos varios váteres y bidés y lavabos, no lo entregamos esa noche, nos vinimos a la chabola con la furgoneta cargada y al día siguiente fuimos a ver al tío Álvaro, que tenía una explanada llena de sanitarios, como él decía. Esta temporada yo les era muy útil, porque yo estaba muy ágil y me metía por cualquier sitio, como soy más delgada puedo hacer lo que los demás no pueden, además yo soy como un gato y soy capaz de subirme a cualquier sitio.

-Volvimos a tener una buena temporada, en la casa en la que teníamos de todo, enseguida compramos un televisor y repusimos la nevera, que tenía la puerta ferruñosa. Fue esa la temporada en la que se nos quemaron los cables que venían de las cangrejas de la línea de la Hidrola. Elmanu estaba a buenas conmigo porque yo era la que abría el paso a las obras, para poder cargar el material que los obreros dejaban preparado para obrar al día siguiente. Sin mí les hubiera sido mucho más difícil, yo era capaz de entrar sin dejar tantas huellas de que habíamos estado allí. Elmanu me compró unos zarcillos y me dijo:-Es el Jandro el te los regala-. Eran de oro, me quedaban divinos en las orejas, eran de esos que son con colgantes a lo antiguo, como los que lleva siempre la Maya, que según ella dice eran de su Madre y de la Madre su Madre. Que se los dio ella, una vez que se la encontró en una feria después de veinte años sin verla. Al parecer la madre estaba tan vieja que ya no le hacían caso en su tropa, y se los dio para que nos se los quitará la mujer del segundo hijo, el medio hermano de la Maya, que era ya la que mandaba en las mujeres, en la familia de Los Extremeños, que era de donde venía la Maya.

-Esa temporada Elmanu tenía muchas atenciones conmigo, sobre todo cuando el Jandro no lo veía, me hablaba en confianza, como no hablaba a la rumana ni a las otras mujeres, las de los vecinos. Sólo tenía confianza con su madre y conmigo, pero delante del Jandro se ponía más distante y no se permitía gastarme ninguna broma, ni decirme nada que no fuera para mandarme hacer algo. Yo creo que su madre se malició que entre nosotros había algo y un día me llamó aparte y me dijo: -Samanta como me enteré de que tienes algo con Elmanu te vas a arrepentir de haber nacido-.

Yo le dije: -Maya no eres buena si piensas así de Elmanu que es tu hijo y de mí, yo nunca le faltaría al Jandro, además ya sabes que nunca me separo, cuando estoy con los hombres, de dónde anda el Jandro, así que es mejor que no enredes y no indispongas a esos dos-.

-Pero los buenos tiempos volvieron a pasar, por lo menos para mí. Un día se presentó en la chabola un señor muy bien vestido, hablaba fino y tenía buenos modales.

-Venía buscando al Jandro, la Maya le dijo que ¿qué quería? Que si quería algo con él, que era ella su representante, que para hablar con el Jandro había que hablar primero con ella. Él hombre le dijo: -No se ponga usted así, lo que vengo a decir les interesa aun cuanto no fuera el Jandro la persona indicada. Quiero hablar con el hombre de la casa. Dígame con quien tengo que hablar, pero yo sé que no es una mujer con la quien debo hablar, tiene que haber un hombre en la familia, me dijeron que ese hombre es Elnando pero sé que ahora no está en la casa y me han dicho que el Jandro es su hijo mayor. Por eso no quiero hablar con usted y sí con un hombre de la familia-.

-La Maya le dijo: -Ah bueno, usted con quien quiere hablar es con Elmanu, él es el que se ocupa de los asuntos de la familia, mientras no vuelva a casa Elnando-

-Ya no oí más de la conversación porque la Maya llamo a Elmanu y se fueron los dos hombres a una taberna que había al borde del poblado.

-Cuando volvieron el Jandro le preguntó a Elmanu porque no lo había avisado, que él estaba haciendo una necesidad y no se había enterado de que estaban tratando algo importante para la familia. Elmanu le dijo: -Jandro, no te preocupes, todo lo que va salir de aquí es bueno para nosotros-.

-Le dijo: El hombre que vino es un amigo los de la obra de ayer y quiere ajustar con nosotros una cantidad, para que no vayamos a esa obra, que si vamos a otras a él no le importa. Así que no te preocupes, creo que de aquí a no pasar mucho tiempo todo va a ser bueno. A partir de ahora vamos a partir la ganancia entre los dos, para que te puedas dar algún homenaje, para ti o para quien tú quieras. Me dijeron que en Sevilla ya hay otros cobrando a las obras, por no ir a coger materiales allí. Eso es cobrar un dinerillo tan guapamente sin salir por las noches, ni nada. Éste que vino me dijo: -Te voy a dar un dinero pero con la condición de que te ocupes de que ningún otro venga a la obra a robar, cuando no estamos allí, así que vais a ser una especie de vigilantes-. Vamos, que vamos a ser vigilantes de esa obra y si hay suerte de otras muchas-.

-A partir de ese día seguimos saliendo de noche, pero cada vez menos y a Elmanu se lo veía manejando dinero. Enseguida el Jandro también tuvo algo de dinero y de vez en cuando me daba algo. También la Maya estaba cada vez más soberbia y se ocupaba de que en la casa no faltara de nada, pero a mí sólo me consentía el Jandro, con alguna chuchería que me traía y la Maya se pasaba el día haciendo distingos entre la rumana y yo.

-Pasado un tiempo yo ya tenía tanta tripa que no valía para esos trabajos. Además el Jandro y Elmanu cada vez salían menos y estaban echados a perder y a veces discutían por tonterías.

-Cuando nació el niño me sentí aliviada al ver que era clarito o, diría que hasta era rubio, ya lo ve usted cómo es y de ese modo nadie sospecharía la vida que había llevado antes de venir a la casa, ni por lo que tuve que pasar para seguir viviendo. Con el niño recién nacido soltaron a Elnando. Cuando él llegó a la casa y vio que había una cierta prosperidad estuvo muy contento, pero enseguida empezó a ponerse intransigente.

-Los primeros días de la llegada de Elnando todo fue bien, la Maya lo contemplaba constantemente, lo que no le dejaba tiempo para ocuparse de los demás. Elnando disfrutó del bienestar y de las contemplaciones de todos. Cuando le preguntó al Elmanu quién era yo, no sé exactamente que le dijo. Esos días miraba mucho al niño, a mí no me decía nada. Pero a medida que pasaban los días la convivencia sufrió, dada la inactividad, pasábamos demasiadas horas en la casa con la presencia de todos y eso no podía acabar bien. Es verdad que los hombres se iban a la taberna próxima, pero así y todo Elnando no se acostumbraba a nosotras, a sus nueras, y a mí me parecía que me miraba mal. Un día que me dirigió unas palabras poco atentas le contesté. Le dio un ataque de cólera, que terminó a bastonazos conmigo. Luego la Maya le dijo al Jandro que nos teníamos que ir a vivir a otro sitio. El Jandro le suplico que tuviera en cuenta que el niño era muy pequeño y que él no se iba a encontrar bien sin ellos. Cuando en Jandro me contó que nos teníamos que ir me puse muy contenta y pensé que íbamos a vivir mucho mejor solos, por esas fechas el Jandro era el vigilante de tres obras y eso daba un dinero que yo pensaba que nos iba a permitir vivir con una cierta holgura. Yo ya me imaginaba viviendo con el Jandro en un pisito como el que les dieron a mis vecinos, cuando fueron realojados del antiguo barrio.

-Pero la Maya tenía otros planes para mí, decía que había que acerrojarme, donde no pudiera correrla. Al parecer mi madre le había dicho que yo había corrido mucho antes y que había que controlarme para evitar que me fuera con malas compañías.

-Un día el Jandro me dijo: -mañana nos vamos a instalar, la madre ha encontrado una casa que nos viene como anillo al dedo, tiene el espacio que se quiera y hasta podemos tener algunos animales que nos van a permitir vivir mucho mejor. Tendremos unas gallinas, los huevos de las gallinas de la casa son mucho mejores que los del súper. Así el niño podrá tomar huevos bebidos, que son sanísimos. El Jandro no me dio muchas más explicaciones, sólo me dijo que la casa era muy guapa y que la iba a encalar toda de blanco; que Elmanu lo iba a ayudar y hasta su padre también trabajaría. Me dijo:-ya sabes que al Patriarca no le gusta nada eso-.

-Esa noche dormí con sobresaltos debido a la excitación, una mezcla de alegría y miedo a lo que me esperaba. Tenía razón de estar preocupada, las siguientes semanas nos pasamos el tiempo en la nueva casa trajinando, sí a aquella choza se podía llamar casa. Elmanu se presentaba por allí, con algún amigo trayéndonos diversos materiales, como uralitas, plásticos y otras cosas para remendar las paredes de la choza. Nos trajo una batería de coche vieja y dijo que en unos días nos traería un televisor portátil, chiquitín, para qué lo viéramos con la batería. Yo dedicaba bastantes horas al día a adecentar aquello, pero no había esperanza de convertir aquel desorden en una casa habitable. También empezamos a tener gallinas que andaban sueltas y se metían en la casa y lo ponían todo perdido. Empecé a preocuparme por el niño, tenía miedo que lo picaran las gallinas en los ojitos, así que le hice un refugio para que ya que las gallinas andaban sueltas, no pudieran meterse donde estaba él. Era el mundo al revés, las gallinas sueltas y el bebé en una jaula de tela metálica.

– Un día le dije al Jandro esto es inadmisible, sino me consigues una casa como es debido me cojo al nene y me marcho y no me ves más. Me suplicó que tuviera paciencia, pero ya habrá usted comprendido qué no era muy elocuente. Las cosas fueron de mal en peor, yo empecé a tener dolores de cabeza y le pedía al Jandro que me llevara al ambulatorio para que me viera un médico, mis escapadas eran siempre al ambulatorio, el médico me miraba sólo a la cara y me mandaba aspirinas y cosas parecidas. Un día a la salida del ambulatorio, fuimos a un bar y aprovechando que tenía que cambiar al nene despisté al Jandro y me escapé.

-Pero no tenía dónde ir, y me fui a buscar a mi Madre. Cuando la encontré después de preguntar por el barrio descubrí que vivía con un rumano más joven que ella, que no trabajaba, malvivían con lo que ella conseguía por ahí. Allí no podía quedarme y aquel hombre me daba miedo. En cualquier caso, no me dio tiempo a tomar ninguna determinación, enseguida se presentaron la Maya el Jandro y los demás, mi madre los había avisado. Venían con una furgona y me llevaron de nuevo al campo. La furgoneta que traía Elmanu ya no era un furgón viejo y destartalado, era amarilla, una Volkswagen nuevecita, preciosa, de esas que llaman un monovolumen.

-A partir de esa fecha ya sólo me sacaban del campo con el coche de Elmanu y cuando salíamos siempre se venía la Maya a controlar. Eso ocurría rara vez, pero me quedaba muchas veces sola, ya que el Jandro se iba con Elmanu, que venía a buscarlo todos los días. La soledad, el estar ajena a su presencia me permitía ensimismarme en mis recuerdos. También empezaba a cogerle una cierta antipatía al Jandro y ya no le tenía lástima, como había sentido al principio, ni me hacían sentir sus torpes caricias. El niño me hacía muy buena compañía y jugaba mucho con él y le hacía muchas carantoñas y contemplaciones.

-En este tiempo en el que estuve en el campo sólo visité la Institución en la que están los niños una vez. Conseguí que el Jandro me llevara sin la Maya, que hasta esa fecha nunca había tenido interés en verlos y yo ya no quería que le tuvieran confianza.

-Fue la temporada en la que el Jandro comenzó o a esconderme los zapatos, cuando se marchaba, ya no me visitaba nadie, sólo veía al Jandro, cuando venía por las noches. El tiempo fue pasando y yo cada vez me sentía más angustiada de encontrarme sola con este hombre tan simple. El sólo entiende un tipo de relación elemental, en la que lo físico o es lo único que cuenta y con él que no se puede tener una conversación sobre ningún tema que no sea: -lo que pasó, o de lo que él desea o lo que le gustaría tener, y ya está, ya no hay más de qué hablar.

-El día en que usted me conoció en el juzgado en la Plaza de Castilla, fue el día que me escapé, el Jandro se había ido muy temprano con Elmanu y yo había preparado unos trapos para envolverme los pies. Estaba casi segura de acertar con el camino y caminando y caminando y contemplando al nene conseguí llegar a la camioneta. Pero en vez de ir a Colmenar, fui a la plaza de Castilla, porque allí estaba más a salvaguardada de los Muñoz. Además a esta gente en Colmenar y en Aranjuez les tienen miedo y creo que el juez no les va a dar una sentencia mala, porque allí se conoce todo el mundo y nadie quiere problemas con la familia de Elnando.

Pasados unos meses me encontré a Samanta sirviendo copas en una terraza de la Castellana.

Se había cumplido su temor de que si se veía su caso en Aranjuez, no les pasara nada al Jandro y familia. El juez de plaza de Castilla se inhibió del caso y despachó éste a Aranjuez, que era su jurisdicción natural, el juez de Aranjuez tramitó la denuncia de secuestro como un caso de faltas, no obstante le conseguí una orden de alejamiento para todos los Muñoz. Samanta pidió en Institución Tutelar de Menores que no admitieran las visitas del Jandro y su familia a los nenes mayores y Samanta desde entonces trabaja regularmente como camarera, vive con el peque en un piso de acogida. También me dijo que visita con mucha frecuencia a los niños, el día que tiene libre.

Palacio Real de Aranjuez
Palacio Real de Aranjuez

Por lo demás, me contó que no ha dejado de trabajar desde que está libre. Yo creo que su figura la favorece a la hora de encontrar trabajos de este tipo, de atención al público, además su inteligencia natural le permite hablar con una cierta clase y eso la ayuda. 

Por interés de los lectores les comentaré una conversación que presencié en los pasillos de los juzgados de Aranjuez…

Yo creo que ya he dicho que el juzgado de la plaza de Castilla remitió la denuncia, creo que debería decir la causa, al de Aranjuez que era el de su jurisdicción natural. Allí tuve que presentarme y continuar con la causa que Oficio me había asignado, aunque no era mi distrito. Allí estuve en los pasillos esperando la llegada de mi cliente; vi que se había concentrado una cierta cantidad de gente, a los que supuse gitanos, Pensé que venían atraídos por el juicio que me había llevado allí. Yo, vestido con traje y corbata como es habitual en los letrados, destacaba entre el público que se concentraban los corredores, lo que fueron de dependencias del Palacio. Observé que me miraban con interés algunas personas, entre ellas una mujer de al menos sesenta años, llevaba el pelo, entrecano, estirado hacia atrás y recogido en un moño, a la antigua. La acompañaban dos chicos jóvenes y un gitano avejentado, del que no fui capaz de intuir la edad tendría. La voz cantante de este grupo la llevaba la vieja, junto a ella un joven corpulento, de aspecto retraído, que no decía apenas nada y otro menos corpulento, activo, vivaracho. El viejo estaba un poco desplazado y no parecía que tuviera relevancia en el grupo. Oí decir a la vieja:

-Jandro no te preocupes, ya sé que la última vez hice una mala elección, ya sé que esa es una cualquiera. ¿Qué se puede esperar de una mujer que vivía en un coche y se juntaba con cualquiera?, Jandro ya sé que no te gusta oírlo, pero es la verdad. Yo conocía a su Madre porque acampábamos en la barriada de ella, cuando los extremeños pasábamos temporadas mercando en Madrid. Pero no te preocupes, la que te tengo buscada es súper para ti, va a ser dócil y va a respetar todo lo que tú le digas. Además como ya tiene cerca de cincuenta años, no va tener problemas de darnos niños maleducados, como aquellos de la Inclusa. Con el que tienes y los de Elmanu vamos a tener bastantes-.

Juzgados de Aranjuez
Juzgados de Aranjuez

El viejo quiso intervenir y decir algo, creo que vino a decir que una mujer tan vieja no era la buena para su hijo Jandro. La vieja le interrumpió y le dijo: -Cállate Nando, yo sé lo que le conviene al Jandro, tú no viviste en la casa estos años, tu mala cabeza te tuvo en el trullo demasiado. Ya sabes que el Jandro no es como Elmanu, ni como tú, y aunque el dinero es muy importante y él tiene las tres obras que le rentan bien, con eso no es suficiente; además hay que ser capaz de mantener a raya a las mujeres. Tú lo sabes bien y sólo cuando se hacen responsables, como yo lo soy ahora, pueden llegar a ser escuchadas y a tener derecho a hablar. Una cualquiera, como la Samanta, no se avendría bien y unas cosas pueden llevar a otras y aunque son cosas distintas, no quiero que asuntos como éste nos lleven a tener problemas con las vigilancias. Lo que no quiero es que los Civiles husmeen en nuestras cosas, ni anden junando de dónde sacamos tanta prosperidad. Así que lo mejor es ser discretos y darle al Jandro una mujer que lo cuide, que le haga las cosas y que le permita sentirse satisfecho como hombre, sin tener que aguantar a una deslenguada de esas que se van con cuentos por ahí. 

En lo que respecta al juicio, una causa tan grave como secuestro fue tramitado como falta y no como delito. En mi opinión tenía razón la demandante, en aquella zona se temía aquella familia y nadie quiere problemas, todos los tenemos sin necesidad de buscarlos. La orden de alejamiento, que se mantuvo, protegía de algún modo a Samanta y a sus niños de presiones de aquellos. También es cierto que la Maya es lo suficiente inteligente como para no gastar su tiempo en Samanta, a la cual despreciaba olímpicamente.

A la salida de los juzgados, me despedí de Samanta y cuál no sería mi sorpresa cuando la vi subirse a un descapotable rojo conducido por un joven que reconocí como miembro de la Alta Sociedad, al que vemos en las revistas del corazón de vez en cuando.

Hace unos días, y eso es lo que me indujo a escribir estas líneas, la vi aparecer en la televisión, en la que se decía: -Una joven desconocida acompaña al conocido jinete y aristócrata Fulano de Tal y de Cual

No sé a dónde conduce Samanta sus pasos, pero sé que es una persona de valía, e intuyo que ella sabrá navegar en ese mundo proceloso en el que se ha metido. Los que me conocéis sabéis que soy sincero, cuando digo que le deseo lo mejor y mucho me agradaría que sus, hasta ahora, desventurados hijos tengan oportunidades de incorporarse a la juventud en unas condiciones cómodas y decorosas.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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