La larga presencia de España en el Magreb: entre Marruecos y Argel. Gloria y tumba de españoles (I)

España Magreb

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

En este artículo, que constituye la primera parte de la entrega, trataré de hacer una aproximación a la  trayectoria de la presencia española en el norte de África, entre los siglos XV y XIX. En la siguiente entrega abordaremos  el siglo XX.

Finalizada la Reconquista, la política exterior de los Reyes Católicos en el norte de África,  ejecutada, especialmente, por Fernando y el Cardenal Cisneros, tuvo por finalidades la eliminación de los focos de la piratería berberisca, a la que se sumaba la amenaza otomana, que hostigaba las costas del sur peninsular y dar continuidad a la acción evangelizadora. 

Desde la toma de Melilla en 1497  se fueron incorporando  Mazalquivir,  el Peñón de Vélez  de la Gomera, Orán, Bujía,  Túnez, La Goleta, Trípoli. El devenir de estos lugares no siempre se afianzó y muchos se perdieron.

Como se indica en el título estamos en un escenario de suerte variada. A modo de ejemplo, describiremos algunos de los numerosos episodios acontecidos a lo largo de los siglos.  

Corría el año 1516, las correrías que, por el Mediterráneo, practicaban los piratas berberiscos resultaban temibles. Su caudillo más famoso era Horruch Barbarroja, el cual había puesto sitio a la plaza española de Bujía. Cisneros acometió con éxito la defensa de la plaza, en uno de cuyos lances Barbarroja pasó a recibir el apelativo de Horruch ‹‹el del brazo cortado››,  viéndose obligado a desistir de su propósito.

Selim Ectemí, rey de Argel, se alió con Barbarroja, el cual tras asesinarle se proclamó rey de la plaza. Cisneros se percató enseguida del peligro que corrían las costas españolas y sus plazas norteafricanas, por lo que tomó la decisión de conquistar Argel. Embarcaron 7.000 soldados, que partieron de Cartagena avistando la plaza argelina el 29 de septiembre de 1516. En esta ocasión, Barbarroja les ganó la partida. Casi 3.000 soldados españoles quedaron muertos en el campo y más de 400 fueron cautivos. El resto de la armada española resultó zarandeada por una tempestad que contribuyó al desastre ante Argel.  

Los turcos otomanos eran la vanguardia armada del Islam en el siglo XVI, constituyendo desde sus bases en el norte de África, entre otras, una grave amenaza para la cristiandad europea. Túnez era un lugar estratégico fundamental, por lo que Carlos I decidió su conquista. Sus tropas, bajo el mando de Andrea Doria y Álvaro de Bazán, entraron en Túnez el 21 de julio de 1535. 

Este éxito animó al emperador a organizar una flota para la conquista de Argel. Era el inicio del otoño de 1541. A pesar de que su almirante, Andrea Doria, desaconsejaba iniciar esta empresa en ese momento, por el peligro de las adversidades meteorológicas, Carlos V decidió poner rumbo a Argel. Las tropas desembarcaron en medio de un huracán, que ponía en peligro la integridad de las naves, mientras que las intensas lluvias hacían imposible el movimiento de las tropas en tierra. Al final no tuvo más remedio, ante el temor de un descalabro, que dar orden de reembarcar y alejarse de las costas argelinas. Fue su gran fracaso en la zona.  

El caso de Ceuta es peculiar. Portugal conquistó Ceuta a los benimerines en 1415. La ciudad quedó incorporada a la Corona portuguesa. Cuando Felipe II alcanzó el trono portugués en 1581, también incorporó Ceuta a la corona española. En 1640, Portugal se independizó de España, pero los ceutíes decidieron continuar formando parte de España, conservando las armas portuguesas en su escudo, y así ha permanecido hasta hoy. 

En 1767 se firmó un tratado de amistad entre España y Marruecos en el que se establecía una paz perpetua que facilitara las relaciones comerciales y evitara los ataques de los piratas berberiscos a los intereses de España. No obstante, Marruecos apremiado por sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla declaró la guerra a España en 1774, atacando infructuosamente Melilla durante el invierno de 1774-1775, Melilla fue defendida y el asedio rechazado. El sultán pedía la paz y proponía un nuevo tratado.

Reinando Carlos III hubo un nuevo intento sobre Argel,  que se hallaba bajo protección turca. El ataque resultó trágico, pereciendo en él lo mejor de la infantería española. Esto sucedió en el año 1775. 

Entre 1843 y 1859 los litigios entre España y Marruecos fueron frecuentes. El incumplimiento, por parte de Marruecos, de los distintos tratados, culminó en 1859 con un ataque a Ceuta en el que fueron destruidas las obras de defensa y arrancado el escudo de España de la piedra que marcaba el límite entre las zonas española y marroquí. El gobierno español, presidido por el general Leopoldo O’Donell, declaró la guerra a Marruecos. Se organizó un ejército de 40.000 soldados, bajo el mando supremo del propio O’Donell. Las tropas españolas obtuvieron una brillante victoria en el Valle de los Castillejos y el día 5 de febrero de 1860 entraban en Tetuán. La guerra terminó con el tratado de Wad-Ras, que garantizaba a España su presencia en la zona. 

El norte de África representó una gran ocasión desperdiciada, al dar preferencia a los asuntos italianos y a las perspectivas que América ofrecía en cuanto a las posibilidades de conquista, de colonización, de evangelización. Se abandonó el proyecto de un África española y católica, en aras de una América que sí llegó a ser católica y española (J.L. Comellas).

«Que no cesen de la conquista de África»

Esta es la última voluntad de Isabel la Católica, tal como queda reflejada en el testamento que dicta poco antes de morir, el 26 de noviembre de 1504.

close

Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: