España en el norte de África. Del Barranco del Lobo (1909) al asalto de Ceuta (2021). II

Del Barranco del Lobo (1909) al asalto de Ceuta (2021)

Arriba: Sahara noviembre 1975 / Abajo: Ceuta mayo 2021

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Tras la conferencia de Algeciras de 1906 y el Tratado Hispanofrancés de 1912, se estableció un protectorado franco-español en Marruecos. España recibió, en su mayor parte, la zona montañosa del Rif. La presencia militar en el protectorado resultaba costosa y antipática. Toda la zona entre Tetuán y Melilla –las montañas del Rif- permanecían insumisas tanto a la autoridad del sultán como a las autoridades españolas. Las tropas españolas recibían los ataques de los rifeños, organizados en cabilas, convirtiéndose Marruecos en una sangría de hombres y dinero. La intervención española en Marruecos terminó por provocar discrepancias tanto en el seno del ejército como entre militares y políticos, además del  rechazo popular por el costo en vidas.

La muerte de seis obreros españoles, en julio de 1909, por un ataque rifeño, motivó que el gobierno movilizase a reservistas con el fin de reforzar la presencia del ejército en la zona. Las protestas ciudadanas, que temían por la vida de sus hijos militarizados, culminaron en la Semana Trágica de Barcelona.  Los ataques rifeños se aproximaban a Melilla. Una maniobra militar, ordenada por  el general Marina, Comandante del Ejército de Melilla, terminó en  la emboscada en el Barranco del Lobo que causó un mínimo de 150 muertos y más de 500 heridos. Este episodio constituye una de las más sangrientas derrotas sufridas por el ejército español en las guerras sostenidas en el norte de África. La misión pacificadora de la zona –en nombre del sultán- estaba resultando muy lenta. Aprovechando el final de la Gran Guerra, los rebeldes marroquíes se habían aprovisionado de alijos de armas por vía de contrabando.   

El alto comisario, general Berenguer, proyectó la pacificación mediante operaciones lentas y no muy costosas. El gobernador de Melilla, general Fernández Silvestre, comenzó la operación, de manera precipitada, sobre la zona montañosa del Rif en el verano de 1921. Su plan consistía en atacar por sorpresa al cabecilla rebelde, Abd-el Krim. La precariedad de las comunicaciones con la retaguardia anuló la superioridad militar española. Las posiciones españolas quedaron aisladas. El general Fernández Silvestre  ordenó la retirada de las tropas, que se realizó de manera desorganizada. Mientras los soldados españoles huían eran masacrados por los rifeños, que dominaban mejor el terreno. El 22 de julio de 1921, cerca de la localidad marroquí de Annual, situada entre Melilla y la bahía de Alhucemas, murieron entre 10.000 y 13.000 soldados españoles. Los rebeldes llegaron a las puertas de Melilla, que estuvo a punto de caer. 

Este hecho, conocido como el “desastre de Annual”, tuvo consecuencias importantes para la estabilidad del sistema político: La oposición a la intervención en Marruecos culpó al gobierno y al ejército. El Gobierno dimitió y se inició un proceso parlamentario para indagar las responsabilidades militares y políticas de Annual, que sustanció en el “Expediente Picasso”,   provocando fuertes tensiones en las Cortes, incluso alcanzando al propio Rey. En cualquier caso, el país quedó traumatizado y las clases dirigentes desacreditadas. El expediente no llegó nunca a las Cortes, ya que se produjo el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, el cual sometió a los rebeldes con el desembarco de Alhucemas (8 de septiembre de 1925), primer desembarco de infantería apoyado por carros blindados, buques e, incluso, unidades aéreas.

Tras la segunda Guerra Mundial, el proceso descolonizador se aceleró internacionalmente. En este contexto, el nacionalismo marroquí adquirió un creciente impulso.  España no tuvo más remedio que hacerse eco del ambiente -no exento de distintas presiones internacionales-  e iniciar el camino de la descolonización. Así, en 1956 el protectorado de España en Marruecos obtenía la independencia, si bien el ejército español permaneció hasta 1961.

Llegado el momento, las autoridades de Marruecos incorporaron a sus aspiraciones la creación del  “Gran Marruecos”. Este proyecto se veía obstaculizado por la presencia de España en Sidi Ifni, el Sahara, Ceuta y Melilla. 

El Sahara se convirtió en atracción para los países limítrofes: Marruecos, Mauritania y Argelia, más si cabe tras el hallazgo de importantes yacimientos de fosfatos, en 1964. España terminó asumiendo el compromiso de autodeterminación del Sahara, previsto a partir de 1966, pero no se fijaron plazos concretos.

Las cosas se complicaron en Sidi Ifni debido a la hostilidad hacia la presencia española. La tensión desembocó en una guerra que tuvo lugar entre el otoño de 1957 y la primavera de 1958. España, con la colaboración de Francia, logró mantener la situación, pero  terminó firmando el tratado de Fez (4 de enero de 1969) por el que Ifni era cedido a Marruecos. 

En 1970 la ONU por la resolución 2711 dictaminó la celebración de un referéndum de autodeterminación del Sahara. En 1973 se creó el Frente Polisario (movimiento en favor de la independencia). España fijó el año 1975 como fecha para la realización del referéndum. Marruecos se opuso, y recurrió al Tribunal de Justicia Internacional. 

La enfermedad terminal de Franco en 1975 provocaba una gran inestabilidad en la política española. Hasan II de Marruecos vio la oportunidad de relanzar el proyecto del “Gran Marruecos”, que comenzó con la reclamación del Sahara. Cuando el Tribunal de Justicia Internacional  falló en contra de los intereses marroquíes, Hasan II  añadió a sus reivindicaciones territoriales Ceuta y Melilla e impulsó, entre los días 6 y 9 de noviembre,  la Marcha Verde en la que 350.000 civiles, sobre todo mujeres y niños, a los que se unieron  25.000 soldados de las Fuerzas Armadas Reales, avanzaron hacia el territorio Saharaui en actitud de ocupación.

Las fuerzas armadas españolas recibieron orden de minar la zona y replegarse unos kilómetros.  A la media noche del 6 de noviembre, voluntarios cortaron las alambradas y se adentraron en territorio español y, en unas horas, varios miles de civiles habían acampado dentro del mismo. 

El Consejo de Seguridad de la ONU instó a Marruecos a retirarse del territorio ocupado. Estados Unidos y Francia se mostraron a favor de Marruecos, ya que Argelia y el Polisario -cosas de la Guerra Fría- eran proclives a la Unión Soviética.  

El día 14, seis días antes del fallecimiento de Franco, los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania firmaron el Acuerdo Tripartito de Madrid, en el que España se comprometía a abandonar el Sahara. Por resolución de la  Asamblea General de las Naciones Unidas se reafirmaba el derecho de la población saharaui a la autodeterminación.

A la retirada de las fuerzas españolas le siguió las ocupaciones de la zona norte y este del Sahara por parte de Marruecos y de la zona sur por Mauritania. 

A día de hoy la situación sigue sin resolverse. La ONU mantiene la resolución que obliga a la convocatoria el referéndum, pero Marruecos no lo acepta y sigue ocupando la región.

Los recientes hechos acontecidos en  Ceuta manifiestan que la tensión por la presencia española en África septentrional sigue latente, especialmente cuando la situación política española, nacional e internacional, navega por aguas de confusa debilidad.  Marruecos sigue atento, como antaño.  Nada nuevo bajo el Sol.

«Vivimos en un tiempo maravilloso, en el que el fuerte es débil debido a sus escrúpulos y el débil se fortalece debido a su audacia»

H. Kissinger

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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