Una historia de samuráis. Película El último samurái

El último Samurai

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Ayer fui al cine con mis papás, a veces pasé miedo y a veces ganas de llorar. En la película había uno que era vaquero, iba de azul y luego hablaba con unos chinos y después se fueron y ya casi todos eran chinos y también había una china. Había un niño mayor que se metía en la sombra y se sentaba y lo llamaban emperador. Luego los chinos disparaban muy mal y uno no quería darle un tiro al vaquero joven que tenía barba y no le dio, aunque estaba muy cerca.

Empezó una guerra en donde no había enemigos, sólo unos árboles y humo blanco. Luego llegaron muchos montando a caballo y con cuernos muy grandes y daban voces. El vaquero se peleaba con todos y no lo mataron. Él, medio muerto, mató a muchos y a uno le metió en el cuello un palo que tenía un trapo con un tigre. El malo, al que mató desde el suelo, llevaba una careta roja y también lo quería matar a él.

Al principio de la película, cuando todavía no pasaba nada, un hombre que no se veía, debía estar escondido, dijo que Japón se había hecho de no se qué manera, con cuatro gotas de coral, como las cuentas rojas del collar de mi mamá,  pero que no, que habían sido los samuráis que tenían mucho honor. Mi papá me dijo que los samuráis eran esos, los chinos de los cuernos que querían matar al vaquero.

Al vaquero que medio murió, lo llevaron a una casa y quería beber de una botella, que es de muy mala educación y una mujer china no lo dejaba. Luego, cuando salía a andar manchaba las botas y un chino que iba siempre con él lo riñó por manchar el suelo de la casa. Claro, es que es de muy mala educación entrar con las botas sucias en las casas con piso de madera. Cuando pasaban los samuráis a caballo los campesinos se doblaban y miraban al suelo. Mi papá me dijo que como eran campesinos lo hacían por respeto, creo que el respeto es como el miedo, pero sin llorar casi.

En la ciudad, cuando los samuráis van a caballo, también las personas que andan por la calle les tienen miedo y se doblan cuando pasan y así no los ven y les da menos respeto.

A mí lo que más me gustaba era que los niños luchaban con unos palos y que se podían pelear con los mayores, bueno, sólo con el americano que era muy simpático. También me gustó que no había ninguna niña que luchara, porque ahora todas quieren luchar como nosotros y ellas no son niños.

Luego unos tiraban muchos cañonazos y el vaquero de la perilla no quiso tirar más y mataron a todos los samuráis de los cuernos, que ahora ya eran los buenos y los soldados chinos que los mataron con unas armas que daban vueltas y tiraban tiros sin parar y los caballos se caían y los buenos no mataban a nadie, corrían a caballo solos y les disparaban sin parar.

Luego el vaquero de la barba se murió con un chino que estaba calvo y ya no usaba gorro con cuernos, el calvo se metió un puñal en toda la barriga. Después el americano joven ya no estaba muerto y le dio una espada negra al niño mayor que decían que era emperador y tenía unos pelos de perilla. El emperador se enfadó mucho con el militar gordo, que no sólo se vistió de militar para ser importante y para decir que tiraran cañonazos a los chinos buenos, que iban a caballo y este no se fue de la reunión y se quedo allí.

Luego  el vaquero se fue al sitio donde los campesinos se doblaban cuando los samuráis pasaban a caballo y miró mucho a la china que no lo había dejado beber. La china lo miro también, pero se acabó la película y no se besaron ni se dijeron nada.

Cuando le pregunté a mi papá por qué hacen películas de vaqueros y chinos, mi papá me dijo que como las películas las hacen los americanos siempre están en todas. Claro si las hacen ellos tienen que estar allí a la fuerza, yo no sé quien haría las películas cuando no había americanos. También me dijo que los chinos no eran chinos, que eran japoneses, pero mi hermano mayor me dijo que tenían que ser chinos porque los japoneses son muy modernos.

Luego le pregunté porque los samuráis, que eran tan buenos, habían matado al principio a los soldados que no sabían disparar y el me dijo que era lo normal que los samuráis eran los buenos mataran a los soldados, porque lo moderno es malo y lo bueno son las tradiciones y que su sentido del honor les hacía despreciar a los campesinos y más cuando querían ser soldados, que ellos llevaban mil años sin trabajar, sólo haciendo gimnasia y matándose entre ellos. Que los campesinos tenían que trabajar en el campo y que si hacían trenes o querían ser obreros se acabaría la tradición y se perdería el honor y nadie plantaría patatas.

Cuando le pregunté a mi papá porqué los soldados mataron a los samuráis con los cañones, mi papá me dijo que era porque los soldados eran más y porque los japoneses se habían vuelto malos habían perdido el honor y ahora fabricaban televisores y por eso los alemanes habían cerrado la fábrica en la que mi papá trabajaba. Yo creo que es una pena que los japoneses hayan perdido el honor, porque ahora como cerró la fábrica de mi papá, él va a tener que tener honor, y yo creo que mi papá preferiría tener el trabajo de la fábrica.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

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