La perdición en lo simple

La perdición en lo simple

KAY

Y es que lo simple…lo abarca todo. ¿Es algo malo? En absoluto, estamos hablando de un término altamente relativo. Dependerá del contexto en el que lo empleemos, lo bueno o malo que sea su significado.

Hoy quiero hablarles de dos cuestiones, no sin antes parafrasear lo que dijo alguien muy querido: “La imbecilidad de lo inmediato”. Ese algo que les decía, está muy enlazado a esa brillante cuestión. Se trata de la pérdida del sentir, en su estado más puro; del entender, con todo su significado; del amarse a uno mismo por encima de muchas cosas, que no de todas. Empiezo con la primera y luego haré lo pertinente.

Miren, yo no soy un individuo que derroche perfección ni nada que se le parezca, pero considero con firmeza que estoy muy por encima del calibre demostrado por un porcentaje considerable de la población; que está muy perdida. Hablo sobre todo de la juventud, en la cual me encuentro. No sé si son conscientes de la falta de estima que albergamos hacia nosotros mismos cuando procuramos tener algo, que suele cocinarse a fuego lento, tan rápido como una vuelta en Fórmula 1. Es decir, ir a lo simple.

Estamos en la época de nuestra historia en la que “la imbecilidad de lo inmediato” está haciendo un mayor acto de presencia, hablemos del amor. 

Hoy en día, como bien diría mi padre: “Parece que todo el mundo necesita/debe tener novia” (habla desde su punto de vista, claramente), las parejas tienen la calidad que tienen por la poca seriedad que dedicamos al amor en pleno 2021. Nos estamos convirtiendo en una sociedad que, literalmente, carece de sentimientos y que se quiere a sí misma muy poco. 

El otro día oía a una amiga decir algo que me hizo colapsar (tal vez el error es mío por tener fe en el amor): “Yo en un futuro me casaré, pero si encuentro a otro más guapo y me gusta más, pues me voy con ese”, y yo pensé: “Olé los cojones, valiente”. Hace falta quererse poco para vender los sentimientos tan barato y con tanta facilidad.

Y lo de valiente no es por tener valor, que ahí lo único que hay es egoísmo y cobardía, sino por “valiente imbécil serás si haces eso”. ¿Han visto? La imbecilidad de lo inmediato. Así cómo vamos a darle vida a nuestros sentimientos más sinceros (que no de un cuarto de hora con el nuevo de la oficina) y a respetarnos a nosotros mismos…

No me vengan con: “Soy libre de hacer lo que quiera con mi vida”, etc…eso es libertinaje, eso es vender tu estabilidad sentimental al mejor postor que es una insensatez, producto de no haberte trabajado como individuo en tu desgraciada vida. Y digo desgraciada, porque una vida carente de valores… ¿qué es?

Concluyendo esta primera parte, que ha sido muy escueta (si pensamos en la extensión que puede suponer un texto que hable en profundidad del tema), ¿no merece la pena encontrase en lo complejo y no perderse en lo sencillo?

Ahora voy a tratar la segunda cuestión que está relacionada con esto y con otras muchas cosas del carácter humano, cada vez más idiotizado. Expongo literalmente un texto que leí y me hizo pensar, igualmente lo hará con ustedes: “Mucho sexo sin amor. Muchas fiestas sin amigos. Mujeres queriendo estar bonitas para salir con el hombre más rico y hombres buscando ser ricos para estar con la más bonita. En pleno siglo XXI las personas saben el precio de todo, pero el valor de nada”

Ya está, tratada. Tal vez se imaginaban que iba a explicarlo y no, porque se explica mi opinión por sí sola. Quien se sienta ofendido que no vuelva a leer un artículo mío y así no sufrirá tanto. ¡Ah! Recuerden: Eviten la imbecilidad de lo inmediato y déjense seducir por la inteligencia de lo complejo. Eviten la perdición en lo simple.


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