Vender nuestra intimidad por atención: la vida en las redes se ha ido de madre

Intimidad redes sociales

KAY

Estaba estos días vago, muy vago. Tengo en la cartuchera varios temas pendientes a tratar, pero entre el sol, el campo, la piscina…pues qué quieren que les diga: “no he hecho ni el huevo”, como diría mi padre. Pero hoy ha sucedido algo (nada importante), hace apenas una hora, que ha despertado “a la bestia” que andaba vagueando estos días de verano. La vida a través de las redes se ha ido de madre, les cuento por qué.

El motor fue un tweet de una persona que retrata a su madre más cerca de la gloria eterna que de la tierra, tumbada la pobre en la cama de un hospital.

Bajo mi punto de vista y el de un simpático tuitero (que respondió al tweet) quien llenó el vaso que necesitaba para abastecer mis ideas y así hablar de este tema, la gente cuenta sus vidas por redes de manera excesiva. Y ya no hablo de subir una foto con su hijo, nieto, sobrino, hermano, novia, abuela, en la playa para los amigos etc…sino de ofrecer un catálogo de su vida absolutamente masivo, un archivo fotográfico digno de galería y, si me apuran, “de Pulitzer”, a gente desconocida. 

Llegamos a un punto clave en este tema, ¿de verdad creen aquellos, quienes practican este agotador deporte, que al mundo les importa tres carajos sus vidas? No, ya les digo yo que no. Puro morbo, aburrimiento o tratar de acercarse a aquello que creen imposible ver en sus vidas, son el motor que mueve a sus criaturas (seguidores) a interesarse por su día a día. Yo, si quiero saber algo de alguien le escribo o llamo y viceversa, ¿si o no? Es sencillo. Hemos perdido la capacidad de esforzarnos para conocer la situación existencial de esos a los que llamamos “amigos”. Y no traten de convencerme con los famosos grises, porque aquí no hay grises queridos lectores, ni uno. Cualquiera que tenga algo de criterio, forjado a base de realidades exentas de cualquier input tecnológico, lo entenderá y afirmará.

Y sí, yo soy de los que todavía comete la locura de llamar o escribir a alguien para preguntarle, “¿qué tal estás?”, y digo locura porque… ¡es lo que parece! De hecho, les invito a que lo practiquen, pero no sólo con sus mejores amigos, sino con gente a quienes guardan respeto y cariño, con los que la vida ha creado ese vínculo de amistad previo al “mejores amigos”.

Y ahora me voy a meter en materia, en lo que me inspiró aquel día; la respuesta al tweet que llenó el vaso del que les hablaba antes. Por respeto al sujeto (quien respondió al famoso texto) no lo nombraré, tal vez el artículo le resulte detestable y que no casa en absoluto con sus ideas y claro, ver su nombre entre mis líneas…ya me entienden.

Tras el gran protagonismo que alcanzó la foto de la madre en la cama muy enferma, este inteligente tuitero comentó la necesidad enfermiza que tenemos de contar nuestra vida en redes, llegando a estos límites y aquí lo digo sin tapujos: Mostrando a su madre moribunda o llegando a ese punto. ¿Qué busca esta persona? Claramente apoyo, ¿de quién? Aquí volvemos a lo mismo de antes: De gente a la que lo único que le mueve es el morbo por ver a la pobre señora en la cama, y claro, inmediatamente (como a cualquiera con sentimientos) se les estremece el corazón y ahí llegan los mensajes de apoyo. Por cierto, no hago referencia a quienes buscan, con una foto y texto, apoyo económico ajeno para una causa como es un cáncer, ELA…eso es muy diferente.

Y digo yo, ¿no será mejor llorar en el hombro de sus seres más cercanos? Y, si ha tenido una vida muy enredada y no tiene a quién agarrarse en ese sentido, ¿pedir apoyo a la enfermera o enfermero que cuida a su madre? No, es mejor mostrarla moribunda a tropecientas mil personas. Pobre señora y pobre su hijo, porque no es consciente de cuánto le ha comido el cerebro la fiebre de “La selva” (Twitter). Hay otros casos, imagino que este no es uno, en los que el autor del vídeo o de la foto busca ganar “likes” y “Retweets”, eso ya me parece cuanto menos…deplorable, ¿no creen?

Yo es que…no gusto practicar este deporte de exponer mi vida en redes. Me gusta la privacidad y en casos como este, buscar apoyo en quienes realmente me apoyarán y entenderán hasta el final; por amor y no por morbo.

Al final la vida en las redes se ha ido de madre, ya les he contado el por qué desde mi punto de vista (el cual creo bastante acertado). Así pues, llamen y escriban más a sus amigos, no se queden en la “Storie” o el “Tweet”, que es mu´ cutre. Y recuerden, compartan lo que gusten con el mundo, pero a muy poquitos realmente les interesará por no decir a nadie.


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