La primera «perdida de España» propiciada por la traición

La primera «perdida de España» propiciada por la traición

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Durante la Edad Antigua lo que hoy denominamos España fue un punto receptor de pueblos y civilizaciones: celtas, fenicios, griegos, cartagineses, romanos. La dominación romana de Hispania duró más de seis siglos y toda ella quedó profundamente romanizada; la lengua, la cultura, las leyes, las costumbres y la religión de Roma, se impregnaron tan hondamente, que sus huellas aún perduran. El español es una lengua derivada del latín. Incluso la nación sigue conservando su nombre romano. El cristianismo, que unido a la cultura romana configuró Occidente, se expandió  a través de sus calzadas.  Podemos afirmar que con Roma comenzó todo para lo que hoy es España. 

Tras la desaparición de Roma como entidad política, comienza la Edad Media, en la cual  Hispania continúa siendo receptora de otros pueblos y culturas. Entre ellos, a partir del siglo V,  tiene especial trascendencia el pueblo visigodo, que fundó un reino, el cual constituyó la primera realidad de España como nación con un Estado independiente, hijo de la tradición romana y cristiana, hasta el punto de que  España conservó su nombre. En cambio no hicieron lo mismo Francia, Inglaterra, Alemania, Borgoña, que lo tomaron de los respectivos pueblos germanos que las ocuparon.

La población hispano-romana influyó poderosamente sobre los visigodos y, de esta conjunción nació uno de los Estados de más vigorosa personalidad en toda Europa durante el tránsito de la Edad Antigua a la Edad Media. Los hispanorromanos, que eran mayoría, no se visigotizaron sino que los visigodos, que eran la minoría dirigente, se hispanorromanizaron. La superioridad cultural de los primeros hizo que su preponderancia fuera creciente en la monarquía visigoda. 

La creación del reino visigodo se basa en la unidad entre hispanorromanos y visigodos. Leovigildo estableció la capital en Toledo y unificó toda la península dentro del reino. 

El  8 de mayo de 589, el rey Recaredo, con todo su pueblo, abjurando del arrianismo, entraba en el seno de la catolicidad. Quedaba constituida la unidad religiosa de España que será la base de su unidad civil (entre hispanorromanos y visigodos): La Iglesia como poder moderador y los concilios de Toledo como asamblea que debía aprobar las leyes. Recesvinto estableció un único código de leyes, el Liber iudiciorum, para hispanorromanos y visigodos. 

El desarrollo cultural del reino visigodo era mucho más elevado que el de los otros reinos germánicos de su época. Son falsos los tópicos que aluden a una supuesta ignorancia, propia de una época ‹‹oscura››. A saber: conocían la esfericidad de la Tierra;  sabían que las órbitas de los astros son elípticas; tenían constancia de la existencia de cuerpos celestes con luz propia; la filosofía de Aristóteles era conocida entre la gente culta.  Un ejemplo de la integración cultural es la figura de san Isidoro (560-636), cuya obra cumbre, Las Etimologías, que en sus veinte libros, recoge todo el saber de su época. 

Las ambiciones partidistas, la división interna fueron la semilla de la discordia, causa de la autodestrucción del primer reino independiente que existió  en la Península Ibérica. La monarquía visigoda era electiva entre miembros de determinadas familias nobiliarias. Esta circunstancia derivó en frecuentes rencillas y venganzas, llegando al regicidio como recurso para acceder al trono. 

Corrían los primeros años del siglo VIII. La lucha fratricida por el trono entre los hijos del rey Witiza y don Rodrigo se decanta en favor de este último. Los musulmanes habían conquistado el norte de África y es allí a donde acuden los perdedores en busca de ayuda. El resultado será la destrucción del reino visigodo y la invasión de España por el Islam. 

Los witizanos contaron con la colaboración del gobernador visigodo en la zona de Ceuta, un  tal Olián o Julián, enemigo del rey Rodrigo –según la leyenda porque este había abusado de su hija Florinda- , el cual animó a Muza, valí de África, a intervenir en España. Corría el año 710 cuando Tarif, por mandato de Muza, desembarcó en Tarifa, la cual toma su nombre de él. Se limitó a realizar una incursión con captura de botín y regreso a Mauritania. 

Llegado el año 711, Muza decidió invadir España en favor de los witizanos, contando con el apoyo de los barcos del conde Julián. La expedición iba bajo el mando de Gebel-al-Tarik, de donde procede el nombre de Gibraltar. Lo que los witizanos creían una alianza que les devolviese el poder se iba a convertir en una invasión en toda regla. 

En ese momento el rey Rodrigo se encontraba sometiendo una sublevación de vascones en Pamplona. Desde allí partió hacia el sur para hacer frente a la invasión. En el  momento en que se produjo el encuentro entre los dos ejércitos, según unas fuentes en el río Guadalete, según otras en la laguna de la Janda, entre los días 19 y 26 de junio de 711, los hermanos de Witiza: el obispo Opas y Sisberto, que se habían ganado la confianza de Rodrigo al acatar fingidamente su autoridad regia y, en consecuencia habían recibido el mando de las alas del ejército visigodo, desertaron en favor de los musulmanes. 

La traición propició la derrota terrible que puso fin al reino visigodo, que supuso 800 años de reconquista para mantener la pertenencia de  España a la civilización occidental.  

«La gran construcción unitaria […] se arruinó por el desarrollo de un partidismo enconado […] un odio infinito entre godos y godos  que despreciaban su propia carne […] Y este encarnizamiento de partidos, en el que se apagó toda idea nacional coincidió fatalmente con la dilatación árabe…» (Menéndez Pidal). 

«El Estado visigótico murió […] de muerte natural, no víctima de una traición, le aquejaba hacía años una grave enfermedad: las divisiones internas por el trono y la pérdida de espíritu político y de toda idea de obligación para con el Estado, y ella fue la acabó de llevarla a la muerte». (Menéndez Pidal) 

Los españoles de la Edad Media expresaron su percepción de lo acontecido con la expresión: la pérdida de España. La España perdida se convierte en empresa. España se ve como «perdida» y al mismo tiempo «buscada», en unidad proyectiva. (J. Marías, La España inteligible)

Moraleja: Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes (Burke). Ningún grupo puede tener futuro, tanto individual como colectivo, siendo infiel a sí mismo. 

«Oh Patria! Cuántos hechos, cuántos nombres;

cuántos sucesos y victorias grandes…

Pues que tienes quien haga y quien te obliga,

¿Por qué te falta, España, quien lo diga?»

Lope de Vega

«Unidos; resistimos. Divididos; caemos. No nos separemos en facciones que deben destruir la unión de la que depende nuestra existencia»

Patrick Henry

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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