Carta con el encargo que me hace mi padre de divulgar la crónica de la familia Chavarrías-Zengotita (I)

Familia Echeverría

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Querido Guillermo: mi vida se acaba, sabes que desde hace tiempo se me hincha el brazo derecho, nunca lo relacioné con nada concreto y soporté bastante bien el dolor sin darle mayor importancia, suponía que el retorno de la linfa estaba limitado por algún problema en los ganglios, pero sabes que nunca me interesó mucho la medicina y que tampoco me gustó visitar médicos. También recordarás que siempre dije que el dolor no tenía demasiada importancia, que sólo era una sensación, un aviso que nos da nuestro organismo para que nos cuidemos.

Durante mi estancia en Madrid cuidando a tus niños mientras tú y Ana estabais en Pittsburgh, se me agudizó un poco la molestia. De hecho en una visita a Chinchón en el que íbamos en vuestra furgoneta, tu mujer ya había vuelto; íbamos Ana tu esposa, tus niños, tu hermana Adosinda y yo, el dolor se hizo tan insoportable que le pedí a Ana, tu esposa, que nos llevara de vuelta a casa. Cuando apoyo el brazo en determinadas posturas se me quita el dolor, pero aunque sabes que siempre resistí bien el dolor, ese día tenía verdadera necesidad de tener un punto de apoyo para el brazo.

Nota: Observaréis que mi padre hace aclaraciones de quién es quién, en mi familia se repiten tanto los nombres que a veces para diferenciar es necesario usar los dos apellidos.

Te cuento estas cosas para que sepas, o entiendas, cual es el mal que me aqueja. En el último mes empecé a tener molestias en el pecho, pensé que tenía un catarro y me convencieron tus hermanas de que fuera al médico, fuimos a la calle de la Lila, que es donde está el ambulatorio que nos corresponde en la Ciudad de Oviedo. La médico me mandó unas pruebas y a la vista de la radiografía de pulmón, me envió al Instituto de la Silicosis, sabes que es un lugar muy competente en materia de pulmones.

Como curiosidad te diré que el médico que me estaba atendiendo salió un momento de la consulta dejándome sólo y se dirigió a tu hermana Maru, que me había acompañado, para comentarle lo que había descubierto. Maru le dijo que hablara conmigo. El médico volvió y me informó que tenía el pulmón invadido de pequeños tumores y que podrían tratarme para retrasar el crecimiento tumoral. 

Vi claramente que el médico no me hablaba de curación, me dijo que podría retrasar mi muerte. Le pregunté de qué plazo estábamos hablando y él me dijo que de no hacer nada me quedaban días y caso de darme un tratamiento quizá meses.

Tú me conoces y sabes que yo ya tengo la paz necesaria para afrontar el tránsito, la tengo hace mucho tiempo y sabes que no necesito una prorroga en “este partido”. Así que le dije que prefería asumir mi situación. Prefiero no dar quehacer y entregar mi alma sin mendigar, ni ser sometido a un estado calamitoso que mermaría mi dignidad y para mentalizarme y encomendar mi alma con una hora era bastante. 

Ha pasado una semana desde la visita al Instituto de la Silicosis, ya estoy en condiciones de esperar la “muerte cuando llegue como “reza” el himno oficioso de la Legión . Sabes que no tengo miedo y que con ocasión de la Guerra, habiendo sido declarado inválido por mis heridas de metralla en el cráneo, que fueron ocasionadas por aquella malhadada granada, una vez restablecido de las heridas de bala de la misma “acción” fui al frente a buscarla, haciendo una labor útil. 

También sabes que en mis últimos días de guerra, de nuevo en el frente, hice de avanzadilla del batallón que mandaba mi hermano Pablo, asumiendo el riesgo para evitar la muerte de otros. No en balde fui, hasta que me declararon inválido, oficial de la Legión y la canción que no es el himno oficial, pero que era la preferida de los legionarios habla de estrechar a la muerte, “la estreche con brazo fuerte”. 

En aquella ocasión quiso Dios que no la hallara y que el batallón de Pablo encontrara muy poca resistencia avanzando sobre Barcelona y aquí estoy, aquí estás tú, y otros a los que no quiero menos que a ti, pero a los que no voy a encomendar esta misión.

Nota: aquí se refiere a que cuando se sentía restablecido de las heridas se incorporó al frente, por libre, lo habían declarado inválido, uno de sus hermanos que era oficial provisional en ese momento mandaba un batallón y con él avanzó desde el Ebro hacia Barcelona.

Pero ya está bien de hablar de mí y ahora voy a lo que motiva esta carta. Después de la muerte del Patriarca, más bien en los últimos momentos, le entregó a mi hermano Andrés una crónica de nuestra familia que tu abuelo fue elaborando en los últimos años de su vida, en ella recoge algunas cartas de las que nos enviamos durante la Guerra Civil y alguna más que él consideró interesante. También recoge los recuerdos de su vida, desde su infancia, de su madre a la que tanto admiraba, de su padre, se llamaba Bernardo Chavarrías García, con el que tenía una relación con altibajos, parecida a la que tienes tú conmigo y también y no menos importante, sus conversaciones con su abuelo Juan Chavarrías Uranga. 

NOTA. Mi padre no me lo dice, pero sé que aparte del dolor que sintió por la muerte de su hermano al que quería mucho y que además representaba mucho para llenar su vacío de tiempo en su jubilación y más dado que mi madre no estaba en condiciones de ser una compañía divertida.

También sé que mi padre sintió una gran pena por la pérdida que supuso la muerte de mi tío Andrés para una mujer muy amiga del tío Andrés, que duró muy poco tiempo después de esa muerte, ella era mucho más joven que él, pero se apagó y se murió de pena como un pajarito en la nieve. ¡Qué pena!.

Andrés se murió de improviso, al poco de jubilarse, un infarto que no se esperaba, fue para mí una gran pérdida porque yo me iba a jubilar enseguida y pensaba compartir con él mucho de mi tiempo, nuestros recuerdos lo eran todo para nosotros, lo teníamos muy pensado. Pero llegó su muerte y yo perdí su compañía. Él entre otras cosas no cumplió la misión de terminar esa crónica y transmitirla a las nuevas generaciones.

Andrés me había hablado de la existencia de los escritos del Patriarca y yo me interesé por ellos, me fueron entregados por su hijo Andrés, mi sobrino Andrés Chavarrías Martínez, pero en estos 15 años no encontré momento de dedicarle más que ratos perdidos y considerando que aun no estaba terminada la labor de editarla, tampoco yo cumplí la misión de transmitirla.

Ahora viene la misión que te encomiendo, no te preocupes, esta no entraña riesgo para tu integridad física. Te encomiendo que la trabajes la edites y la transmitas a los nuestros, creo que en ella hay mucho de ejemplar y algunas miserias humanas que todos tuvimos y que todos sufrimos, e hicimos sufrir a otros.

NOTA. En cuanto a los riesgos físicos a los que se refiere mi padre, los he tratado a lo largo de estos años en cartas que le dirigí después de su muerte, esto está recogido en el anexo II con el título “La neutralización del loco “ y alguno más. Como el hecho recogido en ese anexo I que titule en su día: “El salvamento de la pelota”. Vuelvo a lo escrito por mi padre

Verás que mi pobre padre sufrió, como todos los padres, que pese a pensar que sus hijos y nietos eran gente decente no siempre estaba de acuerdo con nuestras decisiones y a veces se llevaba unos “disgustos de no te menees”. En eso también tú fuiste un campeón, ¡Cuántas esperanzas puestas en ti! y que pocos resultados de los esperados. Pero tal vez tú con tu personalidad contradictoria no eres la persona adecuada para seguir directrices que condicionen tu vida y ello tal vez te honre.

Como verás en lo escrito por el Patriarca, sabes de sobra que después de la Guerra allá por el año 50 nos referimos a él llamándolo así. Supongo que a él no le hacía demasiada gracia, nosotros veíamos en eso una referencia bíblica y sin embargo leyendo lo que dejó escrito, cuando habla de su abuelo, Juan Chavarrías Uranga, creo que mi padre veía en esa denominación una referencia a su familia, a los patriarcas gitanos a los que no admiraba.

En lo que dejó escrito podrás ver qué él consideraba que los nombres creaban carácter, en las personas que eran bautizados con ellos. También tu tía Matilde consideraba que los nombres creaban carácter y que en las familias los que llevaban el mismo nombre tenían puntos en común, incluso de su físico. También observo al leer al Patriarca que él consideraba que el nombre de Guillermo asociado con el apellido Chavarrías era una fuente de conflictos para el padre imprudente que se le había ocurrido poner ese nombre a su hijo. También es cierto que no me lo advirtió, pero te advierto que de haberlo hecho me hubiera dado lo mismo, yo quería tener un hijo con su nombre, sabes lo mucho que lo admiro.

Meto aquí otra NOTA. Sé que Matilde opinaba que los que llevábamos en nombre: “Guillermo” de la familia, particularmente a partir de mí teníamos cierto parecido tanto en lo físico como en carácter, creo que incluía en ese paquete a Guillermo Avilés Moro y a su nieto Guillermo Moro Valle. Para ella eso era un piropo bastante grande, un día en que yo estaba viendo la televisión en su casa y apareció en pantalla el campeón de rally es de ese año me dijo: 

-Mira Guillermo ese hombre sobrino de mi amiga…, no recuerdo el nombre. Yo le dije estará orgullosa tu amiga del éxito de su sobrino.

Me dijo: -“Guillermo, ella estaría orgullosa si tuviera un sobrino como tú, como mis sobrinos”.

Y ahí acabó esa conversación. Este asunto está más desarrollado en un anexo que dedico a mi tía Matilde Chavarrías Zengotita. Vuelvo a darle la palabra a mi padre.

Nunca me había parado a pensar en eso y creo que el Patriarca tenía razón. Pero también creo que ese nombre y ese apellido juntos tiene ciertas ventajas en determinadas circunstancias. Por ejemplo esa capacidad de terminar lo que se empezó, y este es el caso de la crónica comenzada por tu abuelo, no le presté demasiada atención y sospecho que parte de la redacción no es de mi padre, sino de mi hermano Andrés.

 Dado que me encomendé seguir con la labor de Andrés y me aburrí enseguida, ni él ni yo conseguimos llevar el proyecto a buen puerto. Te encomiendo a ti y sé que lo harás, lo hagas llegar al resto de la familia.

Vuelvo a meter un inciso. NOTA. Creo que mi padre se refiere a la capacidad de mi tío Guille de resolver situaciones, como cuando hubo que sacar de Oviedo a mi abuelo herido e inválido y a mi abuela desconsolada y acongojada por la situación de su marido. Guille se empeña y lo consigue, cambiando de coche, haciendo etapas y montando turnos de soldados que los van custodiando hasta Navia. Esto lo encontré en las cartas donde se detalla bastante bien esa operación rescate. Se describe en la carta: “ Oviedo 20 de Marzo de 1937”. 

Tú en más de una ocasión me pediste que escribiera los recuerdos que tenía y las cosas que sabía. Ya sabes que no lo hice, nunca tuve interés en hacerlo, no me importó contar las historias que conocía y transmitirlas, pero no consideré que fuera mi obligación dejarlo constante, por escrito.

Yo no sé si deben quedar escritas estas cosas, ni si es conveniente que la crónica escrita por el Patriarca vea la luz y llegue a sus nietos y bisnietos. Pero como era su deseo y todos sus hijos lo veneramos, respeto su deseo y te encomiendo esta misión.

Sé que eres la persona indicada y que por indiscreto e imprudente, no tendrás reparo en sacar adelante ese proyecto.

Una vez hecho el encargo, creo que tenemos que dejar atrás nuestras cuentas y que conozcas mis recuerdos de nuestra relación, los que las más de las veces me llenaron de contrariedades y de vez en cuando me diste alguna satisfacción e incluso motivo de orgullo.

 Como aquel día que con una crecida enorme del Sella en el deshielo, te dije que te tiraras al río para recuperar aquella pelota, no lo dudaste, Juan parecía mucho más indicado por su corpulencia y su salud a prueba de bombas, los dos estabais allí y te elegí a ti, sabía que tú lo harías de inmediato, pese a que eres friolero y sabías del riesgo que corrías. 

O cuando te encomendé neutralizar la agresividad de aquel loco cuyo nombre no merece la pena ser recordado. Pronto estará olvidado y nadie querrá hablar de él, bastante lata dio y que gran sufrimiento provocó a su familia esa persona que había sido tan bien dotada por la naturaleza, qué pena. También es cierto que en esta ocasión en mi desconfianza por tus capacidades físicas te pedí que fueras acompañado por Juan en toda ocasión, el con sus 13 años, casi dos menos que tú, era mucho más competente que tú en la pelea, pero si había que iniciarla, más bien provocarla, esa era tu misión. 

Aunque tú no me las has comentado, tuve noticia por el conserje del instituto, Armando, de otras peripecias en las que tuviste protagonismo, pero no es caso de extenderse en este asunto, al conocerlas me fui convenciendo de que eras la persona indicada para misiones si llegaba el caso, afortunadamente no llegó ninguna otra ocasión de ponerte a prueba. Tal vez se te reservaba un destino en el que tú no eres más que un transmisor, alguien cuya misión sólo era darle el relevo a otro mejor que tú.NOTA. Creo que se refiere a los que incluyo en el anexo IV como “La exigencia excesiva” con los apartados “La pelea con D. Honorio” o “El encontronazo con Cativo”. Para relatar estas situaciones en las que me metí, supongo que influido por la presión a que me sometía mi padre, las exigencias de defender la propia dignidad, usando frases como la del rey Felipe “por mejores los mandé yo” con motivo de una batalla que había salido nivelada y el rey preguntaba por cómo se habían portado los castellanos, no le gustó la respuesta y eso fue lo que dijo. Que tu padre te aplique esa frase obliga mucho, como la de “nobleza obliga “. Para aclarar esto aprovecho unas notas que había escrito mi hermano Juan para hacer mi necrología, estoy seguro que pensaba que me quedaba poca vida y como soy fisgón las encontré en un cajón y las aprovecho aquí. Sigue mi padre.

Continuará.


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Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

2 comentarios sobre “Carta con el encargo que me hace mi padre de divulgar la crónica de la familia Chavarrías-Zengotita (I)

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