La muerte de mi madre

La muerte de mi madre

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

La muerte de mi madre ocurre en Andalucía, en Mijas. Mi padre era en esa fecha sargento de carabineros y se desplazó de su tierra para poder promocionar. En el término de Cudillero hubiera sido impensable, sus hermanos iban ocupando todos los huecos antes que él, era el pequeño, lo que le impedía situarse allí.

La muerte de mi madre viene después de un parto. En pocos días se fue apagando, se desangraba poco a poco, al niño que nace y la sobrevive no lo volví a ver, porque mi padre lo entregó a una ama de cría que vivía relativamente lejos, ya no recuerdo. No sé con exactitud cuando murió mi hermano, el benjamín, pero oí lamentarse a mi padre de que estuvo pagando su manutención bastante tiempo y él sospechaba que el niño apenas había sobrevivido unos días. Por lo demás el niño se llamaba Juan, nombre que quedó proscrito en la familia a raíz de la muerte de mi tío del mismo nombre unos años después.

En casa, mi madre lo era todo, mi padre la adoraba y respetaba, a ella debía su instrucción, nosotros siempre vimos reforzados nuestros estudios por los maestros, porque mi madre negociaba ese refuerzo y lo mismo había hecho con la formación de mi padre, al que obligaba a estudiar, poniéndolo en clases los domingos con los maestros y así llegó a sargento relativamente joven. Luego con la muerte de mi madre las cosas se torcieron.

La muerte de mi madre se llevó el alma de la casa, y ya nada volvió a ser lo mismo. Éramos tres niños en casa, Andrés de 12 años, yo de 8 y Paco de 4. El recién nacido no cuenta, porque al no estar, no era necesario ocuparse de él, pero consumía recursos que en una casa mal administrada hubieran sido muy útiles.

Cuando muere mi madre se hace cargo de las labores de la casa mi hermano mayor, Andrés, hombre serio, debo decir niño pero me adelanto al tiempo, y ya entonces y siempre fue un hombre serio y responsable, tal vez en parte obligado por las cargas de la casa y la intemperancia de mi padre, que era un hombre temperamental y dispuesto para todo menos para encargarse de las cosas que requiere la rutina de un hogar.

Después de la muerte de mi madre estando ubicados en Málaga se produjo un hecho que obligó a la familia a cambiar nuestro modo de vida y que merece ser contado porque revela algo del carácter de mi padre y también da una pincelada a la vida cuartelaria del cuerpo de Carabineros, que luego fueron desmantelados para integrar sus funciones en la Guardia Civil.

Las decisiones que se toman te cambian la vida. Un día te ves metido en una circunstancia y puedes reaccionar como todos o como tu dignidad te obliga y hacer cosas que cambian tu vida y la de tus deudos. 

Esta vez es mi Padre quien se ve inmerso en una circunstancia que le pone en dificultades, hasta que se libera asumiendo riesgos mayores. Pero no debo adelantarme a los acontecimientos.

Volviendo a mi madre, recuerdo un momento doloroso en su vida. Llegó una carta que contaba el fallecimiento de su padre, el abuelo Guillermo. Supongo que yo tendría unos seis o siete años, es decir allá por el año1.889.

Creo recordar que estando labrando con un caballo, el abuelo recibió una coz en la cabeza y no fueron capaces de curarlo, por lo que a resultas del golpe finalmente falleció. La escribía mi bisabuelo materno y decía: –No te puedes imaginar el dolor que siento, me duele y Dios me perdone más la muerte de Guillermo que me hubiera dolido la de cualquiera de vosotros, incluida tu madre y sabes lo mucho que os quiero. No se imaginaba mi bisabuelo que después perdería a su hija, mi madre, a la que tanto quería-.

Recuerdo oír a mi padre, hablando con mi madre: -Es horrible, él era todo en la casa, tu abuelo está viejo y abatido, tu madre no tiene empuje para gobernar, tu hermana María es muy joven y de Balbino, que es un niño caprichoso, nada bueno se puede esperar-

Eso ocurrió dos años antes del alumbramiento y muerte de mi madre, la Adosinda que tantas Adosindas generaría con el recuerdo tan bueno que nos dejó.

Yo no llegué a conocer a ese Balbino, pero los nombres se repiten en mi familia, y como dice mi hija Matilde marcan el carácter del neonato al que se le impone, Balbino es un nombre que no debió ser repetido en la familia, pero ya se verá que se cometió ese error. Lo mismo ocurrió con Adolfo que la Historia Universal y la de nuestra familia también confirmaron el error de poner ese nombre a alguien.


close

Publicado por Joaquín Echeverría Alonso

Ingeniero de minas . Aficionado a contar historias más o menos reales.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: