El Compromiso de Caspe. Así solucionó un grave problema

El Compromiso de Caspe

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

En el año 711 la invasión musulmana de la Península Ibérica puso fin al reino visigodo, iniciándose la presencia islámica en Al-Andalus hasta 1492. En menos de cinco años los musulmanes se hicieron con el control del territorio peninsular. Únicamente las tierras montañosas de los Pirineos y de la Cordillera Cantábrica quedaron fuera de su dominio y en ellas comenzaron los primeros núcleos de resistencia. Uno de ellos, surgido en el siglo IX, fue condado de Aragón, el cual un siglo después pasó a depender del Reino Navarra. Por el testamento del rey navarro, Sancho III el Mayor, el condado de Aragón se convirtió en reino, cuyo primer monarca fue Ramiro I. 

A lo largo de los siglos se plantearon  en el Reino de Aragón sendos problemas sucesorios, que fueron resueltos con sensatez, evitando enfrentamientos que hubieran amenazado con la desaparición del propio reino. 

El primero de ellos se produjo en el siglo XII, a la muerte de Alfonso I el Batallador, el cual, al no tener descendencia, dispuso en su testamento el reparto del reino entre las órdenes militares. El asunto se resolvió coronando rey a Ramiro II (el monje), hermano  del difunto Alfonso. En ese mismo siglo el matrimonio de la hija de Ramiro II, Petronila, con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, dio origen a la Corona de Aragón, cuyo primer rey fue Alfonso II. 

Otro problema sucesorio, resuelto en el Compromiso de Caspe, tuvo como origen la muerte, sin descendencia,  del rey de la Corona de Aragón, Martín I el Humano en 1410. Dado que el rey no había designado ninguna preferencia entre los distintos candidatos, pronto surgieron facciones partidarias de cada uno de ellos: Luis, Duque de Calabria; Jaime, Conde de Urgell; Alfonso, Duque de Gandía; Fernando de Antequera, infante de Castilla, y Fadrique, Conde de Luna. Se abrió un periodo de interregno de dos años. La situación se complicó en determinados momentos. Hay que tener en cuenta que, desde el siglo XIII, existían tensiones entre los monarcas y los sectores nobiliarios y de las ciudades, por la pretensión de éstos de aumentar su poder frente al rey. 

Volviendo al asunto de la sucesión de Martín I,  se reunieron Cortes en los distintos Estados de la Corona de Aragón. Las aragonesas que tuvieron lugar en Calatayud y Alcañiz, se caracterizaron por las fuertes tensiones irreconciliables entre dos bandos, uno favorable al Conde de Urgell y el otro al Duque de Calabria. Tal fue el descrédito de ambos partidos que empezó  considerarse la candidatura de Fernando de Antequera, hijo del rey Juan I de Castilla. 

La situación de intranquilidad, que producía la dilación sucesoria, provocada por la dificultad para convocar Cortes Generales de toda la Corona de Aragón, dadas las tensiones partidistas, se resolvió mediante la fórmula de designar una delegación de nueve personas, elegidas por su buen criterio y fidelidad al reino, para que examinasen las candidaturas, cuyo veredicto debería ser acatado por todos.   

Las Cortes aragonesas y catalanas llegaron a un acuerdo en la Concordia de Alcañiz, en febrero de de 1412, sobre el procedimiento a seguir, al cual instaron a sumarse a las Cortes valencianas. Como punto de reunión designaron la villa de Caspe, por su equidistancia geográfica entre los tres miembros más destacados de la Corona: Aragón, Cataluña y Valencia. También acordaron que el candidato elegido debería obtener un mínimo de seis votos, siempre que hubiese uno de cada Estado. Así, en Caspe se reunieron las nueve personas, que constituirían el cónclave decisorio, tres por cada uno de los componentes de la Corona. Tras largas deliberaciones, Fernando, infante de Castilla, nieto por vía materna del rey Pedro IV de Aragón,  alcanzó los votos necesarios. 

Además de la especial actuación del jurista aragonés Berenguer de Bardají en los asuntos de la sucesión, otras dos personalidades destacaron en el desarrollo del célebre Compromiso: Benedicto XIII, el Papa Luna y San Vicente Ferrer.

El día 28 de junio de 1412, en la plaza de la villa de Caspe ante los representantes de las Cortes Generales de la Corona de Aragón, Vicente Ferrer  procedió a la proclamación de Fernando de Antequera como rey de Aragón, Valencia, conde de Barcelona y soberano de los territorios de la Corona de Aragón.  La herencia recibida por Fernando I de Aragón no era envidiable. Su reinado, no obstante, fue productivo, pero de escasa duración (1412-1416).

Con Fernando I, una nueva dinastía, la casa de Trastámara, reinante en Castilla desde el siglo anterior, comenzó a reinar en la Corona de Aragón. A partir de ese momento la presencia de Aragón fue constante en la política castellana, hasta que se produjo la unión dinástica de las Coronas de Aragón y Castilla en el último tercio del siglo XV, con el matrimonio de los Reyes Católicos.

«La concordia de Alcañiz y el compromiso de Caspe constituyen el principio de un discurso arbitral orientado a hacer del pacto el principal resorte para la resolución de un conflicto»

José Fernando Merino Merchán. 
Letrado de las Cortes y del Consejo de Estado

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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