La reflexión

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KAY

No sé qué contarles, pero me apetece escribir, ¿les ha pasado esto alguna vez? No necesariamente con redactar algo para alguien, sino querer contar algo y no saber el qué. Es como querer comer el chocolate de la despensa, pero no tener hambre, extraño, ¿cierto?

Esta clase de artículos son altamente enriquecedores porque pasan a ser un campo minado de reflexiones, o no. Es importante dedicarle un rato a escribir o pensar, sin saber el contenido. Es como dedicar un momento del día a rezar (por obligación) y se pone uno sentado en la cama; mente en blanco y cruz en mano. Pero es importante, crea costumbre que se convierte en hábito y es ahí donde llega el éxito.

Imagínense que no escribiese por el motivo que sea durante un tiempo y mis textos llegasen a trompicones a mi estimado, el señor de Rincón Bravío; un desastre, la falta de regularidad lo es. Por ello, a veces es bueno sentarse y reflexionar, frente a un teclado, hoja y boli o…sentado en la cama.

La reflexión es poderosa y buena guía, no les digo si va acompañada (de manera habitual) de buenas lecturas, eso es una apisonadora frente a cualquier vestigio de estupidez y falta de rectitud habida y por haber en cada uno de nosotros. Es una amiga con la que ya se citaban a menudo los filósofos griegos, y claro: hoy seguimos entendiendo la vida y aprendiendo de ella gracias a sus máximas.

Esta actividad, además, no abandona. No es como ese supuesto amigo y queridísima pareja que tanto te quería y necesitaba, pero que ya no es así, no, la reflexión está siempre disponible; es la mejor compañera. La que mejor asesora porque siempre les hará indagar en lo más profundo de sus pensamientos. Meditando con humildad, se eliminan los egos y florece la modestia y la educación que tanta falta hace hoy en día.

Los habrá que piensen que para reflexionar es necesario ser sabio, negativo. Se es en el momento en el que se profundiza en las nimiedades y revisa lo complejo, para eso no es necesario haber leído a ningún iluminado de la Ilustración ni brillantes simpáticos posteriores habidos y por haber.

Me acerco al final de un texto del que sigo sin saber qué contarles. Bueno, me temo que de algo he hablado claramente, pero no era mi intención, simplemente quería escribir. He plasmado una idea de la nada, haciendo uso de la mayor herramienta que tengo: La reflexión.


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