Més que un club

Més que un club Independencia

ADOLFO GARCINUÑO GIL

El declive del F.C. Barcelona era un fenómeno que llamaba la atención a no pocos. Tras proclamarse en el 2015 campeón de Europa en Berlín, en el 2016 el Barça emprendió un camino de no retorno, un camino en el que su máxima aportación fue la degradación tanto futbolística como institucional, que poco a poco se fue notando como las Copas de Europa conquistadas por su máximo rival.

Imagino la frustración de un seguidor culé al ver al Real Madrid pisando el césped de Milán, Cardiff y Kiev, en 2016, 2017, 2018, años en los que la astilla, el adoquín o el lazo amarillo marcaban el orden del día, clavando su colmillo venenoso en la sociedad que acabaron por dividir. En 2017 hasta tres mil empresas trasladaron su sede a otra parte de España, Junqueras, consejero de economía, espetó que cuantas más se fueran, mejor. Ya volverían cuando vieran la Cataluña tan próspera que el independentismo iba a forjar. El independentismo separó a familias, hizo huir a las empresas ya asentadas y espantó nuevas inversiones.

De esta manera, poco a poco Cataluña y el Barça se fueron metiendo en una espiral en la que se retroalimentaban, en un tira y afloja que acabó en el fango con el seguidor culé y con Cataluña. 

Bartomeu posicionó al club en una línea de fuego, idéntica a la que Sony Corleone atravesó en aquella estación de servicio. En el separatismo catalán no hay piedad ni amigos. Es un juego de todos contra todos y gana el que tenga las ideas más descabelladas. “Esto va de una guerra brutal en la que si hay que quemar símbolos como el Camp Nou, habrá que quemarlos”, llegaron a confesar sectores independentistas al presidente del Barça. Y esto no es todo.

Como si de una ofrenda floral a la virgen de Montserrat se tratase, querían trasladar los trofeos ganados por el Barça a Berlín, primer refugio del proscrito Puigdemont.

El ambiente que se respiraba en la ciudad condal y los días de partido en el Camp Nou llevaron a algunos jugadores a buscar en sus renovaciones cláusulas anti independencia. Messi, a pesar de su faraónica renovación, quedaría liberado del Barcelona si Cataluña se separaba de España.

Hoy el Barça está en un limbo del que nadie sabe cómo va a salir, porque sólo les queda la ilusión de la esperanza. El tsunami futbolístico al que está sometido no es más que el fruto de lo sembrado años atrás. 

Se les pasó por la cabeza quemar el Camp Nou.


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