No sé, no sé

No sé, No sé

ADOLFO GARCINUÑO GIL

¿Amarga victoria o dulce derrota? ¿Los experimentos mejor con gaseosa?

La Nueva Política sólo trajo fragmentación e inestabilidad, fruto de ello fue el apogeo de los localismos; la llamada España vaciada. La defensa de los intereses locales es legítima, pero cabría pensar que detrás de algunos de esos localismos, cuyos orígenes están en las promesas en vano, se esconden más intereses personales que vocación de servicio. Los grupos localistas provocan la división en los parlamentos que desemboca en la ruptura del interés general.

Una de las cuestiones más sólidas que podemos sacar de los comicios castellanos es que ni la propaganda del C(omité) de I(nvestigación) S(anchista) ni la lluvia de millones al sector agroalimentario, anunciada a escasos días de las elecciones, lograron evitar la caída del Partido Socialista. La derrota es la ausencia de victorias –entiéndase la victoria como abrazar la gobernabilidad–, manifestada en la cara de Tudanca, que anunciaba despedida.

En la manía tan española de echar la culpa a los ciudadanos de haber votado mal podemos encuadrar a Podemos, cuyo fruto es el extremismo en la política española, y C´s: son ilusiones” cantaban “Los Chichos”.

Por las frías calles de Castilla y León se escucha que se vendió la piel del oso antes de cazarlo. Ayuso es la musa que Delibes perseguiría para volver a escribir “Diario de un Cazador”. El rotundo éxito de la Reina de las Tabernas es un dulce sueño que amenaza con acabarse si los antojos secretariados se decantan por una repetición electoral o si no se forja una estrategia sobre el trato con un socio que es imprescindible, guste o no, para alcanzar La Moncloa.

La mayoría de edad le ha llegado a Vox en forma de inevitable cuestión: ¿le conviene dejar de vivir de las promesas y pasar a vivir de la gestión? A más tensiones separatistas y tentaciones autoritarias más Vox. Sánchez se frota las manos con la presencia de Abascal, que le espera puro en mano. Sólo puede quedar uno.

Las elecciones de Andalucía imponen respeto, más si el botón de la alerta antifascista se activa y desactiva cada vez que se divisa al horizonte un pacto del PP con Vox, con el que Sánchez vislumbra su campaña electoral: Pedro a caballo y con su espadón persiguiendo fascistas.

¿Qué es lo razonable?


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