La frontera

Ayuso Casado

ADOLFO GARCINUÑO GIL

Parece que el monstruo al que Víctor Frankenstein le dio vida corre libre por el Parlamento español. Sus costuras se han soltado y lo está llenando todo de vísceras roídas que están destapando los intereses ocultos de aquellos a los que la sombra cada vez les queda más pequeña.

Con el monstruo campando a sus anchas se ha dado rienda suelta al sarcasmo, digno de escritores barrocos como Quevedo, que sufrió las consecuencias de la Contrarreforma: un país cerrado a cal y canto. Desde 2018, España sufre las secuelas de un entendimiento cerrado a cal y canto; qué es y qué no es una amenaza para la Democria lo dictan Sánchez y sus alianzas, que en esta tensión y en este ambiente se mueven como pez en el agua.

El teodorismo, el sanchismo de la derecha, se caracteriza por la búsqueda del poder por el poder, que es lo más parecido a una dictadura, defendía Orwell. Cayetana Álvarez de Toledo se negó a pagar tributos al reino de taifa Teodorico, porque el único peaje que se ha de pagar para preservar la libertad es tener el valor de defenderla a la luz del día y no en las sombras que acechan en la noche, por lo que fue abandonada a su suerte en una tierra de nadie, parecida a la frontera del Valle del Duero.

A Isabel Díaz Ayuso, tras liberar a la libertad de las garras del maquiavelismo, de planes revolucionarios, pistolas y urnas ilegales, le han arrastrado a esa frontera por recordar, en repetidas ocasiones, que desde hace un año se está incumpliendo la Ley Orgánica de partidos: dar voz de manera democrática a los afiliados. Ayuso es la única presidenta de Comunidad que no preside el partido en su región.

Mientras la Puerta de Sol era el destino de decenas de ramos de flores, a la calle Génova llegaba una corona de capullos, con ligeros tintes fúnebres. El pueblo aclamaba pancarta en mano: “Ayuso presidenta”. Todo empezó en el bar de abajo.

Como si de una tela de araña se tratara, entre hueso y hueso de aceituna, se conjuró una trama barriobajera de espionaje, cuyo origen está en la envidia que corre por las incompetentes venas de los tramposos con cargo, que saben que nunca llegarán a ser nada y se tienen que quedar con la resignación de haberlo intentado.

Quizá tendremos que recordar que fue en la frontera del Valle del Duero donde se empezó a fraguar la Reconquista.


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