Un adolescente catalán con su tambor puso en retirada al ejército más poderoso de Europa

Tambor del Bruch

Viajero, para aquí, que el francés también paró.

El que por todo pasó, no pudo pasar de aquí.

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Corría el año 1808. El desencuentro entre Carlos IV y su hijo Fernando, mezclado con la intrigas de Manuel Godoy, condujeron a la invasión de España por las tropas napoleónicas y a las desgraciadas abdicaciones, que tuvieron lugar en la ciudad francesa de Bayona, el 7 de mayo de 1808, cuando España ya se encontraba invadida. En ellas, Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, renunciaron al trono en favor de Napoleón, el cual  impuso a su hermano, José Bonaparte, como monarca de España.

Los reyes de España quedaron retenidos en Francia hasta 1814. El pueblo español que no aceptó a José I, se sublevó contra los franceses a los que consideraba invasores. Daba comenzó la Guerra de la Independencia. Como los reyes de España estaban retenidos en Francia, se creó un vacío de poder. Con el fin de organizar una autoridad española, distinta de la impuesta por Napoleón, se crearon las Juntas Locales y después las Provinciales y sobre ellas la Junta Suprema Central, que asumieron el poder político y la dirección de la guerra. Recibían su autoridad por parte del pueblo sublevado, depositario, más o menos consciente, de la soberanía nacional.

En su mayoría, el pueblo español no recibió a las tropas napoleónicas como liberadoras del absolutismo, sino que eligió luchar en defensa de la dignidad e independencia de España, lo que indica la existencia arraigada del sentimiento nacional entre los españoles. 

Presentes están, en la memoria popular, los acontecimientos heroicos de las jornadas madrileñas que, en torno al 2 de mayo, impulsaron la resistencia nacional ante la invasión francesa. Hoy vamos a ocuparnos de un hecho menos conocido: la implicación catalana en la defensa de España frente a Napoleón.En Cataluña, como en las demás regiones españolas, se organizaron las Juntas.

La ciudad de Manresa,  se convirtió en uno de los primeros focos de resistencia al invasor, cuando decenas de manresanos quemaron públicamente en la Plaza Mayor de la ciudad el papel timbrado oficial con el nombre del lugarteniente general del Reino, el mariscal Murat. Las autoridades de la ciudad, constituidas en Junta, hicieron público un bando que reconocía a Fernando VII «como rey y señor natural» y pedía el alistamiento de los ciudadanos para tomar las armas y la preservación del orden y la disciplina.

Sobre Manresa, Igualada y poblaciones próximas se dirigió una columna militar, mandada por el oficial Sahwartz, formada por 3.800 hombres, con la finalidad de reprimir la sublevación. La milicia popular catalana, conocida como somatén, reforzada por soldados, que procedentes de otros lugares, se sumaron a la causa, bajo el Mando de Antonio Franch, sorprendieron a los franceses en el paso del Bruc, poniendo en  huida a las tropas enemigas.

Reorganizados, los franceses volvieron a intentarlo, era el 14 de junio de 1808. Habían preparado un contingente militar que doblaba al español. De repente, un redoble de tambores retumbó con su estruendo las montañas. Desconcertadas, las tropas francesas temieron la llegada de numerosos refuerzos enemigos, lo que les forzó a la retirada.     

No existía ejército de refuerzo alguno. Se trataba de Isidret, un adolescente catalán, de Santpedor, que participaba como somatén, el cual tocaba con fuerza su tambor, cuyo redoble, multiplicado por el eco de la montaña de Montserrat, creó la impresión a los franceses de la presencia de un numeroso ejército enemigo. La primera derrota de Napoleón en España tenía lugar en Cataluña. 

La ciudad de Manresa tuvo una clara importancia estratégica por dos motivos principales: el primero por su situación geográfica en la Cataluña central, un territorio que no fue completamente dominado por los franceses hasta prácticamente finales del año 1812, y la segunda por su industria de la pólvora, que aprovisionaba a las unidades combatientes en su lucha contra las tropas imperiales. Durante toda la guerra, recibió el castigo de cinco incursiones del ejército napoleónico entre 1810 y 1812. Los hechos más graves de la ocupación francesa se produjeron el 30 de marzo de 1811 con la quema de la ciudad,  por parte de los 8.000 hombres del general Macdonald, que previamente la habían saqueado. Un año después las Cortes Españolas, reunidas de Cádiz,  otorgaron a Manresa el título de Muy Noble y Muy Leal.

El periodista catalán Joan Cortada, al rememorar la batalla del Bruc, escribe, en 1859, en El Telégrafo que esta guerra había elevado a España a la categoría de nación y sirvió para romper la “muralla” que separaba a los catalanes del resto de los españoles desde la Guerra de Sucesión:

“Al grito de patria todos se alzaron, sin distinción, de edades, de provincias; y si Madrid blasona con justicia de su dos de mayo, los catalanes se ufanan de haber sido los primeros que en campo libre enseñaron a los veteranos de Italia y de las pirámides que en las alturas del Bruch se conocían modos de combatir ignorados todavía por ellos, que eran maestros de la guerra…”
(El Telégrafo,nº 59, 20 de octubre de 1859. Citado en Revista HMiC-2005)

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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