A por todas

ILUSTRACIÓN DE ULISES CULEBRO

ADOLFO GARCINUÑO GIL

«Un déspota gobierna para sí mismo, un príncipe para el Estado»

Nicolás Maquiavelo

En el debate sobre el Estado de las ocho naciones dentro de España –Miquel Iceta– nuestro déspota monclovita anunció que iba a ir a por todas. Acto seguido, la bolsa se desplomó dejando petrificadas a la banca y a las empresas energéticas al ver a un monstruo bicéfalo propagandista poner en jaque a una sociedad insomne, centrada en esquivar la miseria, que cuanto más profunda sea, más espinosa será la escalada hacia la prosperidad.

En España se ha impuesto un cesarismo sin Julio, el pan y circo de la gente pasa por el precio de la cesta de la compra, la gasolina o la luz. El coliseo cabreado ya no mira a la arena, donde un autónomo hace su enésimo malabar mensual, sino al palco, exigiendo una gestión eficaz de la economía –estúpido-.

La Historia debe aspirar a la verdad, a la consolidación justa de los hechos, debe huir de la búsqueda de los culpables y centrarse en exponer sus consecuencias. Una de las desembocaduras del río llamado España está unida a la añeja ley de memoria democrática. La Transición la protagonizaron comunistas y franquistas, pero cómo se explicará en la nueva ley de educación. En el futuro cuando España despierte, si es que despierta, su Guerra Civil todavía estará ahí.

Zapatero cada noche saca más brillo a la foto de Sánchez que tiene en su mesita de noche. La radicalidad: el Gobierno se apoya en una mayoría que quiere destruir régimen de libertades del 78 mientras viven de él; la degradación institucional: la calidad de una democracia se mide por el nivel de independencia de las instituciones que lo sustentan; o el manoseo de la Historia: que ETA dicte el pasado es la mejor manera de garantizarse su futuro.

El populismo sembrado ha florecido azuzando la división entre españoles. Sánchez todas las mañanas –juro que cuando empecé a escribir había puesto “mientras se anuda la corbata”, pero uno ya no sabe- pregunta al espejo que le regaló Zapatero quién es el más bonito.

El sanchismo, que es un fuego artificial con la pólvora mojada, en su empeño de alcanzar el cielo con su escalada a la babilónica Torre de Babel, ha coronado una nueva colina al tratar de beatificar a los delincuentes, banalizando sus fechorías. Al final, a lo babilónicos la Torre se les vino abajo. No hubo cielo, sólo escombros.

La madre de todas las elecciones ya se ha empezado a cocer y en este laberinto de Creta ya no sabe nadie dónde está ni el hilo ni el minotauro, ni nada.

Pd: continuará…


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