6 de septiembre de 1522. España culmina la primera vuelta al mundo. La tierra es esférica

500 años de la primera vuelta al mundo

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

El 6 de septiembre de 1522hace 500 años, 18 supervivientes, enfermos, hambrientos y agotados, regresaban a Sanlúcar de Barrameda, tres años después de haber partido del mismo lugar. Habían culminado, liderados por Juan Sebastián Elcano, la primera vuelta al mundo, demostrando, empíricamente, que la tierra es esférica. 

Juan Sebastián Elcano https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/14/Escudo_Armas_Juan_Sebastian_Elcano.png

En la cimera del escudo de armas de Juan Sebastián Elcano, rodeando el globo terráqueo se lee: Primus circumdedisti me («El primero que me diste la vuelta»).

 El 10 de septiembre de 1519 cinco naves: la Trinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago, la San Antonio, con 265 tripulantes a bordo, se hacían a la mar desde San Lúcar de Barrameda (Cádiz). 

Al mando de la expedición está Fernando de Magallanes, marino de origen portugués, que había concebido la idea de encontrar una nueva ruta hacia Asia, a través de la cual  alcanzar las islas de las especias. Trataría de bordear América por el Sur comunicando el Atlántico con el Pacífico. 

Dado que Portugal era una potencia marítima, y por su condición de  portugués,  Magallanes ofreció su proyecto al rey de Portugal, Manuel I el afortunado, el cual rechazó su propuesta. Decidió probar suerte en  España.  Carlos I respaldó la iniciativa, concediéndole plenos poderes sobre la misma.

El comienzo del viaje no presentó dificultades. Río de Janeiro, Costa de Brasil, desembocadura del Río de la Plata y el litoral de la Patagonia.

En los meses siguientes el tiempo se alargaba sin provecho alguno y las esperanzas se helaban a la vez que sus cuerpos eran ateridos por el gélido frío.  La sensación de fracaso desató el miedo entre los expedicionarios. Pronto estalló el primer motín, que  Magallanes controló con rápida contundencia. 

Permanecieron cinco meses, soportando el frío, fondeados en la Bahía de San Julián (Argentina). A causa de un temporal se estrella la nave Santiago. Conocen a los indios nativos, a los que denominaron patagones por las grandes huellas que dejaban sus pisadas.

A finales de agosto (en el hemisferio sur es invierno) avanzan hacia el sur, soportando temporales y contrariedades. Por fin, el día 21 de octubre de 1520, un año y cuarenta días después de la partida desde Sanlúcar de Barrameda, alcanzan el estrecho, un paso de abruptas paredes, con peligrosas corrientes, que comunica el Atlántico con el Pacífico, hoy conocido como Estrecho de Magallanes, aunque en un primer momento fue denominado como  «Estrecho de las Vírgenes». 

El 6 de marzo de 1521 arriban a Guam, en la Micronesia, descubren las islas Marianas. El 16 de marzo alcanzan las islas Filipinas, continúan por Indonesia, Borneo, llegando a las Molucas, islas de las especias.   

La San Antonio deserta camino de España. Quedan tres naves en activo. La mortandad es elevada entre los marineros a causa del escorbuto, producido por la falta de alimentos frescos y agua potable. La tripulación se reduce a 114 hombres, lo que supone 150 bajas desde el inicio de la expedición.

El italiano Antonio Pigafetta, miembro de la expedición, escribió una crónica del viaje en la que relata las situaciones extremas que vivieron:

«Miércoles 28 de noviembre, desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico, y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo, lo poníamos en seguida sobre las brasas. A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una.Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandíbulas, haciendo que los enfermos no pudiesen tomar ningún alimento. De éstos murieron diecinueve y entre ellos el gigante patagón y un brasilero que conducíamos con nosotros.Además de los muertos, teníamos veinticinco marineros enfermos que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero que al fin sanaron. Por lo que toca a mí, no puedo agradecer bastante a Dios que durante este tiempo y en medio de tantos enfermos no haya experimentado la menor dolencia.» Fuente: Antonio Pigafetta, Viaje alrededor del Globo, Fundación Civiltier, 2012, págs. 35-36. Consultado en https://www.elhistoriador.com.ar/el-escorbuto-la-enfermedad-de-los-marineros/

Durante la estancia en Filipinas, el 17 de abril de 1521, perdió la vida Magallanes en un enfrentamiento con los nativos. Los ciento catorce supervivientes no son suficientes para tripular las tres naves, por lo que deciden hundir la Concepción y continuar con la Trinidad y la Victoria.

El 12 de diciembre, la expedición se divide: la Trinidad, con cincuenta de los marineros, tras  efectuar unas reparaciones, parte hacia España por el Pacífico. Las penalidades se suceden hasta que caen prisioneros de los portugueses que controlaban esa ruta; La Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, marino originario de Guetaria (Guipúzcoa) llegó al Índico y continuó la ruta por el oeste de África. Azotados por el hambre, la sed y  las enfermedades los dieciocho supervivientes tocaron puerto en San Lúcar de Barrameda, de donde habían partido tres años antes, tras sobrevivir a las 14.000 leguas recorridas (una legua marina equivale a 5,556 Km.). Era el día 6 de septiembre de 1522. España había mostrado su capacidad de reunir y armonizar la experiencia marinera, el conocimiento geográfico, la audacia, la voluntad política y los recursos económicos. «Piénsese cuánto importa conseguir una visión coherente, veraz, inteligible, de los que España ha sido y, por lo tanto, de lo que puede ser». Julián Marías, La España inteligible.

«Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; más no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después…»

Francisco de Quevedo

«Navegar es necesario, vivir no es necesario»

Juan Sebastián Elcano

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Publicado por José María Aiguabella Aísa

El Profesor.

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