Més que un club

ADOLFO GARCINUÑO GIL

El declive del F.C. Barcelona era un fenómeno que llamaba la atención a no pocos. Tras proclamarse en el 2015 campeón de Europa en Berlín, en el 2016 el Barça emprendió un camino de no retorno, un camino en el que su máxima aportación fue la degradación tanto futbolística como institucional, que poco a poco se fue notando como las Copas de Europa conquistadas por su máximo rival.

Imagino la frustración de un seguidor culé al ver al Real Madrid pisando el césped de Milán, Cardiff y Kiev, en 2016, 2017, 2018, años en los que la astilla, el adoquín o el lazo amarillo marcaban el orden del día, clavando su colmillo venenoso en la sociedad que acabaron por dividir. En 2017 hasta tres mil empresas trasladaron su sede a otra parte de España, Junqueras, consejero de economía, espetó que cuantas más se fueran, mejor. Ya volverían cuando vieran la Cataluña tan próspera que el independentismo iba a forjar. El independentismo separó a familias, hizo huir a las empresas ya asentadas y espantó nuevas inversiones.

De esta manera, poco a poco Cataluña y el Barça se fueron metiendo en una espiral en la que se retroalimentaban, en un tira y afloja que acabó en el fango con el seguidor culé y con Cataluña. 

Bartomeu posicionó al club en una línea de fuego, idéntica a la que Sony Corleone atravesó en aquella estación de servicio. En el separatismo catalán no hay piedad ni amigos. Es un juego de todos contra todos y gana el que tenga las ideas más descabelladas. “Esto va de una guerra brutal en la que si hay que quemar símbolos como el Camp Nou, habrá que quemarlos”, llegaron a confesar sectores independentistas al presidente del Barça. Y esto no es todo.

Como si de una ofrenda floral a la virgen de Montserrat se tratase, querían trasladar los trofeos ganados por el Barça a Berlín, primer refugio del proscrito Puigdemont.

El ambiente que se respiraba en la ciudad condal y los días de partido en el Camp Nou llevaron a algunos jugadores a buscar en sus renovaciones cláusulas anti independencia. Messi, a pesar de su faraónica renovación, quedaría liberado del Barcelona si Cataluña se separaba de España.

Hoy el Barça está en un limbo del que nadie sabe cómo va a salir, porque sólo les queda la ilusión de la esperanza. El tsunami futbolístico al que está sometido no es más que el fruto de lo sembrado años atrás. 

Se les pasó por la cabeza quemar el Camp Nou.


Cuando una barra de pan costaba doscientos mil millones de Marcos

(Fuente de este título: Jesús G. Barcala, Ciencia histórica)

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

La gran Guerra toca a su fin. El mes de noviembre de 1918 va a contemplar importantes novedades en la derrotada Alemania. La opinión pública se volvió en contra del poder establecido, considerando al Kaiser, Guillermo II, cabeza del gobierno de la derrota

A primeros de noviembre, cuando en la Conferencia de Versalles se iban vislumbrando las líneas generales que los vencedores iban a imponer a Alemania, dieron comienzo  los amotinamientos revolucionarios contra el gobierno: los sucesos de Kiel, donde la flota imperial se amotinó; En Munich y por extensión en Baviera se proclamó la república; Berlín fue escenario de una huelga general. En estas circunstancias el Kaiser Guillermo II abdicó. El 9 de noviembre de 1918, era proclamada la República, que más tarde fue conocida como de Weimar, con un régimen pretendidamente democrático que pronto naufragó en medio de la inestabilidad política y del  hundimiento económico.

El Tratado de Versalles concretaba las duras condiciones que Alemania no tuvo otra opción que aceptar. Entre otras: Debía entregar a Francia las regiones de Alsacia y Lorena; las colonias de Alemania quedaban bajo control de la Sociedad de Naciones (Reino Unido y  Francia entre otros se ocuparon de su administración); Las reparaciones de guerra: Alemania tenía que pagar 132.000 millones de marcos (2,8 veces el PIB de Alemania antes de la guerra) en reparación de los daños causados a los vencedores. 

Estas condiciones provocaron en el pueblo alemán un sentimiento de humillación y ruina, que se manifestó en forma de movimientos de corte revolucionario. El nuevo gobierno republicano quedó estigmatizado porque había firmado esas onerosas condiciones. Ante tales circunstancias, el gobierno hubo de trasladarse a Dresde y el parlamento a la ciudad de Weimar, donde se redactó la Constitución de la República Alemana. De ahí que tanto a la República como a su Constitución se les conozca con el nombre de esa ciudad. En Baviera y especialmente en Múnich, encontraron fuerte eco las proclamas de los enemigos de las instituciones democráticas. 

Alemania había salido de la guerra con una enorme deuda pública en bonos oficiales. El modo imprudente con que el Ministerio de Finanzas permitió la expansión del crédito y la emisión y circulación desmedida de papel moneda terminó conduciendo irremediablemente al derrumbe del marco alemán y al aumento de la inflación. Alemania sufrió  entre 1918 y 1924 una grave crisis económica. 

Estos datos resultan muy elocuentes para comprender la magnitud de la hiperinflación en Alemania entre 1918 y 1923:

1913Un marco alemán valía 2,38 dólares estadounidenses
1918Un marco alemán valía 7 centavos de dólar 
1922100 marcos alemanes valían 1 centavo de dólar

1923
1º 4.000 millones de marcos costaban 7 dólares

2º Una comida para dos personas en restaurante costaba 1.500 millones de marcos, más 400 millones de propina 

3º El Banco Alemán emitía diariamente papel moneda por valor de 4.000 cuatrillones de marcos
Fuente: P. JOHSON, Tiempos modernos, p.166

Un periódico que costaba 1 Marco en mayo de 1922, se ponía a la venta en noviembre de 1923 por 70 millones de Marcos;  a los trabajadores se les pagaba dos veces al día y se les daba una pausa para que pudiesen ir a comprar bienes antes de que el dinero perdiera aún más valor. El dinero se convirtió en papel mojado, por lo que  la población, cuando le era posible, prefería practicar el trueque.

Los pequeños ahorradores y los inversores en bonos del Estado lo perdieron todo. Los terratenientes y los industriales liquidaron sus hipotecas y pagaron sus deudas con una moneda que había perdido todo su valor, siendo los grandes beneficiados con una de las más grandes transferencias de riqueza. 

El pueblo alemán, incluidos los perjudicados, atribuyeron la culpa de su desgracia al Tratado de Versalles y a los «especuladores judíos».

Como es natural, una catástrofe de tal magnitud iba a tener consecuencias políticas. A saber:

  • Se formó una «gran coalición» de gobierno que reunía desde los socialdemócratas hasta la derecha. Solo duró cien días.
  • Llegó a declararse el estado de emergencia.
  • Los comunistas iniciaron un levantamiento en Sajonia.
  • Hitler planificó apoderarse de Baviera. El 8 de noviembre de 1923 sus «camisas pardas» rodearon una cervecería en Múnich, en la que el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr estaba pronunciando un discurso. Tomaron rehenes, y se dispusieron a formar un nuevo gobierno dictatorial, presidido por Hitler. Este hecho es conocido como el “putsch de la cervecería”. A continuación, marcharon sobre la ciudad, siendo frenados por la policía, que hizo uso de las armas de fuego.  Hitler  fue arrestado y condenado a cinco años de cárcel en la prisión de Landsberg, donde solo cumplió 9 meses, rodeado de atenciones y recibiendo visitas sin límite alguno. 

Entre 1924 y 1929 tuvo lugar la «era Stresemann», en la que Alemania consiguió acabar con la hiperinflación. Se creó un nuevo marco; se suspendió la impresión de moneda y se redujeron los gastos oficiales. Estas medidas abrieron paso a cinco años de expansión económica y estabilidad política.

Todo volvió a complicarse a partir de la Gran Depresión de 1929. Los préstamos de Estados Unidos dejaron de llegar; miles de trabajadores quedaron en el paro y miles de pequeñas empresas quebraron. Hitler comprendió que para hacerse con el poder y establecer su dictadura debería servirse momentáneamente de la democracia. 

El partido nazi rentabilizó al máximo el agravamiento de la depresión económica, ganando apoyo rápidamente reclutó en sus filas a miles de funcionarios públicos despedidos, comerciantes y pequeños empresarios arruinados, agricultores empobrecidos, trabajadores decepcionados con los partidos de izquierdas y a multitud de jóvenes frustrados y resentidos que habían crecido en los años de la posguerra y no tenían ninguna esperanza de llegar a alcanzar cierta estabilidad económica. 

Las calles alemanas se convirtieron en sangrientos campos de batalla entre comunistas y «camisas pardas» (SA). Éstos últimos se postularon como la única fuerza capaz de frenar la revolución comunista.

He aquí la evolución electoral del partido nazi:

AÑO DE ELECCIONESRESULTADOS OBTENIDOS POR EL PARTIDO NAZI
1928800.000 votos
19306,5 millones de votos

1932 (Julio)

13.7 millones de votos
El presidente de la República, Hindenburg ofreció a los nazis formar parte de un gobierno de coalición.Hitler rechazó la oferta y reclamó gobernar en solitario.El Parlamento (Reichtag) se disolvió y se convocaron elecciones.

1932 (Noviembre)

11,7 millones de votos
El partido nazi pierde votos, pero sigue siendo la fuerza más numerosa del parlamento, aunque no tiene mayoría.El presidente Hindenburg, nombró canciller a Hitler en enero de 1933. 

Por la Ley de Poderes Especiales del 23 de marzo de 1933, todas las facultades legislativas del Reichstag fueron transferidas al gobierno. Este decreto otorgó a Hitler poderes dictatoriales por un periodo de cuatro años y representó el final de la República de Weimar. El 1 diciembre de 1933 se aprobó una ley por la cual el partido nazi quedaba indisolublemente ligado al Estado. Comenzaba el Tercer Reich, que la propaganda afirmaba duraría mil años.

«La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de los que han ahorrado»

Margaret Thatcher

Extraño 2022

IVÁN CANTERO

En este último mes, las administraciones de todo pelo, junto con su cohorte de expertos y medios adláteres, nos han dado una murga comunicativa al menos tan ambivalente, contradictoria y ridícula como en las semanas previas a la gran suelta de miasmas del 8-M en 2020, efeméride que recogerán los libros de historia como la explosión del coronavirus en España.

Y es que la hemeroteca nos dice que la gestión de la pandemia en Europa (ya no digamos en nuestro país) fue más política que científica, y más allá de nuestra salud, hay una preocupación mal disimulada en las altas esferas acerca de lo que nos espera en 2022, suceda lo que suceda con el bicho; de modo que lo mismo se siembra histeria colectiva trompeteando fallecimientos de famosos con la pauta de vacunación completa, que se cancelan las cuarentenas y se presenta el virus como una vulgar gripinha, que diría Bolsonaro.

El peor escenario (que casi nadie se atreve a verbalizar, pero no es en absoluto descartable) es que, tras las reuniones navideñas, tengamos un nuevo pico de muertes o enfermos graves en los hospitales. Si esto sucediese, Occidente (sobre todo Europa) se enfrentaría a una crisis política como no la hemos visto desde los años treinta del siglo XX: sería la demostración empírica de que las vacunas no habrían sido más que un crecepelo de mercadillo en pleno 2021. Los laboratorios quedarán desacreditados por completo, y nadie se querría poner ya ni la cuarta ni la vigésima dosis o cualquier otro tratamiento de nueva generación.

La peor parte se la llevarían las autoridades, que después de pinchar hasta a los niños y hostigar a los recelosos durante casi un año, se enfrentarían ahora a una desobediencia civil masiva que tumbaría muchos gobiernos. En ese caso, lo más terrorífico sería ponerse a discernir quienes serían los pescadores en esas aguas tan revueltas: si la gestión del COVID convergiese en este punto por pura torpeza administrativa, ganancia para nuevos partidos, populistas o esperpentos de todo tipo incluso fuera de la política.

Si así fuera, las autoridades harían una intervención y maquillaje de cifras hasta la primavera que ríete tú de la primera ola, aunque esto solo les sirviese para ganar tiempo. Por el contrario, si como sostienen algunos la pésima gestión de la pandemia no fuese más que un sainete, una sucesión de tropelías perpetradas adrede para desordenar las democracias occidentales, lo que estaría detrás sería una siniestra intención de propiciar un cambio político profundo sin pasar por las urnas, un Señor del mundo con el chute de morfina que necesita una sociedad hastiada de sufrimiento y caos… Quizás el tan cacareado reinicio de los pudrideros globalistas.

Pero podría ocurrir también que la famosa ómicron (o sudafricana II, para castizos) fuese la tan fantaseada variante hipercontagiadora pero de baja letalidad, que terminaría de infectar a los que todavía se hubieran librado, dándoles anticuerpos de manera permanente y llegando a la inmunidad de rebaño. Esta situación, por cortoplacista, tampoco sería la más cómoda para nuestros gobernantes, que llevan dos años la mar de cómodos entre decretos y restricciones de excepcionalidad. Más bien querrán estirar el chicle todo lo que puedan, entre mensajes optimistas y llamadas a la precaución, a fe de que aparezca alguna nueva cepa que justifique (aun sin evidencias científicas de por medio), prolongar la situación de mascarillismo de manera indefinida.

Y es que el fin oficial de la pandemia tiene muchos y variados problemas políticos asociados a la normalidad: volverán, por ejemplo, a surgir lobos solitarios barbudos gritando nosequé mientras acuchillan o atropellan paisanos en un par de países que todos conocemos, pues el terrorismo es esencialmente propaganda y no compensa practicarlo cuando otros temas difuminan todo lo demás. También se reanudará con fuerza la inmigración desde Oriente Próximo, como ya sugiere Lukashenko en su guerra psicológica con Ucrania, evidenciando que de por medio hay repugnantes intereses ulteriores más relacionados con la política europea que con la situación de los países de origen.

En el caso concreto de España, la pandemia ha sido maná para el Gobierno, porque supone una sordina muy eficaz a la propaganda separatista, al punto de rebajarse a apoyar los PGE a cambio del doblaje en catalán para Netflix, cuando en circunstancias normales hubiesen tumbado ya a Sánchez exigiéndole un referéndum de boato legal y vinculante. Cuando la excusa del bicho se extinga, no podrá hacer otra cosa que ir a elecciones: se le acabará también la barra libre para decretazos con sorpresa, y el descontento popular se hará más visible en forma de movilizaciones, que erosionarán (todavía más) su mermada esperanza de voto; y mi paisana Yolanda no ha tenido todavía tiempo de construir su personaje y partido, a modo de alternativa desesperada para ir a por el electorado del fenecido amalgama de UP.

Además, saben que si salen del Gobierno sin haber podido renovar el CGPJ a su manera, hay muchas posibilidades de que terminen en el banquillo de los acusados junto con un puñado de ministros y algún experto por sus quehaceres en los primeros meses del COVID. En todo caso, se terminará ya la metadona de los ERTE (el Plan-E de la pandemia) y les tocará hacer política adulta en lugar de triles y gaseosas, forzados a gestionar (Dios quiera que me equivoque) una crisis dramática para la que no le servirán ya los trampantojos del Valle de los Caídos.

Yo espero que el desenlace se parezca más a lo segundo que a lo primero, aunque en todo caso la situación no puede durar para siempre. Alcanzada o no la inmunidad comunitaria con la cepa corriente, hay ya tanto hartazgo popular que ya es imposible volver a la cautela paranoica del principio, así que la relajación hará que lleguemos a ese punto más pronto que tarde. En todo caso, desde el principio me ha preocupado que los hábitos profilácticos asociados al coronavirus acabasen teniendo consecuencias en nuestro costumbrismo. De hecho, hay ya imbéciles que abogan por aprovechar la coyuntura y descatalogar los intrusivos hábitos latinos del saludo en forma de besos y abrazos, normalizando los insípidos apretones de manos o perpetuando el ridículo amago de reverencia oriental con la mano en el corazón que propusieron como alternativa. Como dicen los psiquiatras, el contacto físico reduce el cortisol, y por tanto nos previene de ser los ciudadanos medrosos y pusilánimes en que quizás las autoridades gustasen que terminásemos en convertirnos tras la pandemia. Yo, al menos, no voy a renunciar a nuestro patrimonio cultural inmaterial.

Feliz 2022. Bésense y abrácense todo lo que puedan.


Antonio Pérez, el gran traidor a España

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Se acaba de conmemorar el 430 aniversario del ajusticiamiento de Juan de Lanuza “el mozo” en Zaragoza. ¿Cómo fue que sucedió?

La dinastía de Austria, reinante en España, está representada durante la segunda mitad del siglo XVI por el reinado de Felipe II, cuyo mandato tuvo diversos y complejos frentes que atender. En este artículo nos ocuparemos de uno de ellos, la tensión con la Corona de Aragón, que se manifestó  en el caso de Antonio Pérez y la ejecución del Justicia de Aragón.  

La Monarquía de Austria mantuvo la estructura político-administrativa de los reinos peninsulares tal y como la habían recibido de los Reyes Católicos: distintos reinos cada uno con sus leyes y fueros,  unidos por un monarca común, que tenía la obligación de respetarlos. 

La tendencia de Felipe II a dirigir sus dominios desde Castilla, produjo una sensación de alejamiento del soberano con respecto a la Corona de Aragón  cuyos súbditos se sentían  amenazados por lo que consideraban una progresiva castellanización de la Monarquía. Hay que precisar que el rey nunca tuvo tales intenciones.

En la Corte de Felipe II, más concretamente en el Consejo de Estado, se disputaban el favor del monarca dos grupos o familias: los Alba y los Éboli. A estos últimos estaba vinculado Antonio Pérez, el cual supo ganarse la confianza del rey hasta convertirse en su gran amigo y consejero. Esta circunstancia favoreció el acceso de Pérez a los entresijos y secretos del Estado. 

Princesa de Éboli
Princesa de Éboli

 La forma de resolver la  sublevación de los Países Bajos  ratificó el enfrentamiento: los Alba eran partidarios de actuar con contundencia, mientras que los Éboli defendían la negociación con los rebeldes. Felipe II nombró varios gobernadores en la zona y entre ellos a su hermanastro Juan de Austria (hijo bastardo de Carlos I), que en principio estaba más cerca de la fórmula Éboli, pero que una vez sobre el terreno se convenció de la imposibilidad de llevarla a cabo. Don  Juan de Austria envío a la Corte a su secretario, Escobedo, para informar al rey de su cambio de opinión.

Escobedo era conocedor de que Antonio Pérez vendía secretos de Estado a países enemigos de España. Pérez temeroso de ser delatado, convenció al  monarca  con falsedades sobre la lealtad de Don Juan de Austria y su secretario Escobedo, según las cuales estarían conspirando contra él. Antonio Pérez propuso acabar con la vida de Escobedo aludiendo a la razón de Estado. Así, el 31 de marzo de 1578, Escobedo era asesinado en Madrid.

No tardó Felipe II en darse cuenta de la trampa  urdida por Pérez que le hacía cómplice del asesinato de un inocente. La desconfianza del rey hacia su secretario fue  en aumento, cuando constató que Antonio Pérez junto con la princesa de Éboli conspiraban en contra de su candidatura al trono de Portugal. Felipe II ordenó la detención de  Pérez, que se llevó  a cabo el 28 de julio  de 1579. El detenido consiguió huir a Zaragoza, donde por el privilegio de manifestación podía quedar bajo la protección del Justicia de Aragón hasta que se dictase sentencia, de este modo evitaba permanecer en la cárcel del rey.

Felipe II recurrió al Tribunal de la Inquisición, único tribunal en Aragón en el que los fueros no tenían fuerza de ley. Antonio Pérez, envenenó el ambiente con sus malas artes, excitando la susceptibilidad de los aragoneses ante las inexistentes intenciones del rey de acabar con sus fueros. Cuando Pérez iba a pasar de la protección del Justicia a la cárcel de la Inquisición estalló una rebelión en Zaragoza a los gritos de “libertad” y “contrafuero”, siendo liberado el detenido. 

Felipe II consideraba un deber moral  ser escrupuloso con los fueros, pero cuando dos leyes entraban en conflicto, era la superior la que debía prevalecer. En ningún caso iba a permitir que los fueros se utilizasen como pretexto para cometer delitos. Viendo que no había modo de hacer frente a la rebelión envió  un ejército de  12.000 hombres  que penetró en Aragón. El Justicia Mayor, Juan de Lanuza “el mozo”, animó al pueblo para que se uniese en defensa de sus fueros, pero la mayoría popular no respondió, incluso muchos campesinos vieron en el ejército real un ejército de liberación, frente a la opresión aristocrática. 

Monumento al Justicia de Aragón
Monumento al Justicia de Aragón

Pérez huyó a Francia y Juan de Lanuza fue encarcelado y decapitado (20 de diciembre de  1591). La revuelta de Aragón se había limitado a la ciudad de Zaragoza y  a las pretensiones de la aristocracia aragonesa por defender unos fueros a beneficio de unos pocos y en detrimento de los más. 

Felipe II, una vez controlada la revuelta de Zaragoza pudo eliminar los fueros, pero siguió siendo fiel al sentido del deber y al concepto de una monarquía integrada por diferentes Estados individualizados con un mismo soberano en común, pero cada uno con sus leyes y sistema de gobierno. 

En las Cortes de Tarazona (1592) se mantuvo prácticamente intacto el sistema político aragonés. Únicamente se introdujo  el derecho del rey a nombrar virreyes no aragoneses y la capacidad del monarca de poder destituir al Justicia. 

Antonio Pérez huido en Francia comenzó una campaña de desprestigio  hacia España y su monarca, contribuyendo de forma importante a la leyenda negra antiespañola, que culminó con la publicación, en 1598 de la versión definitiva de sus «Relaciones» difamatorias contra España y Felipe II. Pérez ofreció secretos de Estado al rey francés, Enrique IV, al que animó a sendos intentos fracasados de invadir Aragón, así como ofreció información privilegiada a Inglaterra sobre la América española y las costas de Cádiz. 

Tras un paso temporal por Inglaterra regresó finalmente a París, donde murió en estado de abandono en 1611. 

Resulta llamativo que la Leyenda Negra, en sus orígenes, está vinculada a españoles. Es lamentable que un buen número de españoles hayan asumido acríticamente el argumentarlo difamatorio  de su contenido.

¿Cómo es posible que en la propia España se haga apología de la leyenda negra antiespañola en las escuelas, universidades y medios de comunicación?

«Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no»

Con esta fórmula nombraban Rey los representantes aragoneses. A continuación el elegido prestaba juramento ante el Justicia de Aragón frente al Altar Mayor de la Seo de Zaragoza y comenzaba su reinado.

«Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz del sol: si os alaba a Inglaterra será inglés; si os habla mal de Prusia, es un francés; y si habla mal de España, es español»

Joaquín Bartrina

Lo que hay

PABLO DÍAZ. ABC

ADOLFO GARCINUÑO GIL

Andando, andando y andando nos hemos plantado en este mes de diciembre; lo que quiere decir que el final de este 2021 se nos empieza dibujando al horizonte y, justo en este lugar de la travesía, se me antoja muy necesario hacer un pequeño repaso de los descarrilamientos de esta caterva de ovejas y carneros al mando del Reino de España.

​La ruleta rusa es un juego en el que el azar es el dueño del destino de aquéllos que se sientan a la mesa. Una bala, una vuelta. Clack. Así como el chantaje es algo parecido a la presión que se ejerce sobre alguien con el objeto de conseguir algún provecho.

​Pedro Sánchez en una rabieta de alcanzar el poder sentó a España en una mesa y no ha parado de jugar con ella a la ruleta rusa, cediendo ante los chantajes de sus socios totalitarios. Quien cede a un chantaje pierde el control de los tiempos. Una vuelta. Clack.

​La gestión eficaz de los recursos orientada a garantizar un progreso desaparece en cuanto este Gobierno acciona el botón propagandístico de la cisterna. La macedonia de capones que las ovejas y carneros propinan al Estado de Derecho, a la Constitución de 1978 hace tambalear los cimientos de las más altas instituciones: el Ministerio Fiscal, desplomado en la lona, sigue pidiendo diez segundos más. “Lola la que bebe de mi copa”.

​El revisionismo histórico permanente al que está sometido España revuelve el pasado más denigrante. Cuanto peor le va a Sánchez más lenguaje guerracivilista tienen los españoles. Se pretende imponer una ley a la memoria: una memoria que niega la Historia. No hace falta ninguna ley para tener piedad para los asesinados. La política carneril se basa en la negociación de la Transición.Una vuelta. Clack.

​El Gobierno español pasa por tres etapas, que están orientadas a velar por sus intereses, señalando a medios de comunicación, y arrasar con el bienestar de sus ciudadanos, extendiendo un odio ideológico con mentiras. El odio es la simiente con el que el sanchismo pretende enredar a la ciudadanía para que no se vote al centro – derecha.

​Estas tres etapas las pudimos ver, por ejemplo, con los indultos a quienes fueron condenados por llevar una serie de actuaciones. Sin arrepentimiento y con perdón. Botifler Sánchez–. Con el blanqueamiento del brazo político de una banda terrorista, las hemos podido volver a ver: en un principio pactar con el brazo político de ETA causaba sarpullidos; más tarde esa descalabrada idea siguió negándose, pero se empezó a hacer ver que era una posible solución ¿digna? Por último, ese acuerdo cayó, como fruta madura del árbol, sin que haya nada de reprochable en él.

​Allí donde más se ataque a la Constitución, más fuerte ha de ser la defensa de los símbolos nacionales.

​Hemos visto como se celebraba, como si de una de las mayores hazañas democráticas se tratase, el fin de los recibimientos a asesinos en serie. La verdadera victoria se conseguirá cuando no haya nadie quien quiera homenajear a quienes mataron un nombre de un proyecto totalitario.Cabe recordar que el proyecto político que perseguía la banda terrorista ETA no ha desaparecido, lo que desaparecieron fueron los atentados. Vuelta. Clack.

En Cataluña, son los padres quienes tienen que abanderar la lucha judicial para que sus hijos puedan estudiar en castellano, una de las mayores aportaciones de España al mundo, y plantar cara al delirio de unos pocos. Son los padres quienes han de hacer de centinelas de nuestra lengua ante el poder de un gobierno Autonómico racista ideológico y sectario, que ha llegado a la conclusión que la declaración de independencia se le queda corta, que es mejor imponer el totalitarismo. ¿Otra vuelta?

​El nazismo comenzó cuando los primeros nazis empezaron a manifestar su malestar al vecino que se relacionaba con gente de origen judío. Este malestar desencadenó en la llamada Noche de los Cristales rotos, en 1938, cuando se atacó sin compasión a la población judía en Alemania, Austria y República Checa.

​No podemos seguir mirando a otro lado: en Cataluña se está imponiendo el nazismo a pasos agigantados.

​Al filo de 2022, en esta España te puedes encontrar desde un indulto otorgado a una mujer que abusó de su hijo de 3 años, el tratar como apestado a un niño de 5 años a una huelga de juguetes. ¿Qué pasó con las menores prostituidas en Baleares? ¿Alguna explicación? ¿Alguna comisión de investigación? Alguien tendrá que ser el responsable.

Este Gobierno en cada una de sus declaraciones regüelda. Qué consejos les daría Don Quijote, previamente embestidos, a este ejército de ovejas y carneros. “Sobre el cimiento de la necedad no se asienta ningún gran edificio”. –De los consejos segundos que dio Don Quijote a Sancho Panza–.

Pd; y sólo estamos al filo de 2022. En algún momento el Gobierno tendrá que recoger lo sembrado, que caerá sobre él como meteorito sobre dinosaurio.


La reflexión

KAY

No sé qué contarles, pero me apetece escribir, ¿les ha pasado esto alguna vez? No necesariamente con redactar algo para alguien, sino querer contar algo y no saber el qué. Es como querer comer el chocolate de la despensa, pero no tener hambre, extraño, ¿cierto?

Esta clase de artículos son altamente enriquecedores porque pasan a ser un campo minado de reflexiones, o no. Es importante dedicarle un rato a escribir o pensar, sin saber el contenido. Es como dedicar un momento del día a rezar (por obligación) y se pone uno sentado en la cama; mente en blanco y cruz en mano. Pero es importante, crea costumbre que se convierte en hábito y es ahí donde llega el éxito.

Imagínense que no escribiese por el motivo que sea durante un tiempo y mis textos llegasen a trompicones a mi estimado, el señor de Rincón Bravío; un desastre, la falta de regularidad lo es. Por ello, a veces es bueno sentarse y reflexionar, frente a un teclado, hoja y boli o…sentado en la cama.

La reflexión es poderosa y buena guía, no les digo si va acompañada (de manera habitual) de buenas lecturas, eso es una apisonadora frente a cualquier vestigio de estupidez y falta de rectitud habida y por haber en cada uno de nosotros. Es una amiga con la que ya se citaban a menudo los filósofos griegos, y claro: hoy seguimos entendiendo la vida y aprendiendo de ella gracias a sus máximas.

Esta actividad, además, no abandona. No es como ese supuesto amigo y queridísima pareja que tanto te quería y necesitaba, pero que ya no es así, no, la reflexión está siempre disponible; es la mejor compañera. La que mejor asesora porque siempre les hará indagar en lo más profundo de sus pensamientos. Meditando con humildad, se eliminan los egos y florece la modestia y la educación que tanta falta hace hoy en día.

Los habrá que piensen que para reflexionar es necesario ser sabio, negativo. Se es en el momento en el que se profundiza en las nimiedades y revisa lo complejo, para eso no es necesario haber leído a ningún iluminado de la Ilustración ni brillantes simpáticos posteriores habidos y por haber.

Me acerco al final de un texto del que sigo sin saber qué contarles. Bueno, me temo que de algo he hablado claramente, pero no era mi intención, simplemente quería escribir. He plasmado una idea de la nada, haciendo uso de la mayor herramienta que tengo: La reflexión.


Ser un poco más egoístas

IVÁN CANTERO

A finales de noviembre del 2019 se celebraron en la Universidad Complutense de Madrid unas extrañas jornadas de diálogo interreligioso organizadas por la AJICR (Asociación de jóvenes investigadores en Ciencias de las religiones), que generaron una cierta polémica por tratar la religión  satánica.

No había motivo para trapisonda, porque la asociación satanista invitada como ponente era, en realidad, un simple club de hedonistas buscando dignidad en forma de reconocimiento público y, probablemente, subvenciones, que insiste en el carácter ateo o agnóstico de su movimiento; y en tres largas entrevistas en la prensa no eran capaces de explicar por qué se consideran una religión cuando afirman que para ellos Satanás no es una divinidad, sino un simple referente literario y filosófico.

Sus trasfondos intelectuales resultan bastante limitados y reduccionistas, al omitir figuras fundamentales (e incómodas) como Aleister Crowley, negar el ritualismo de Lavey, y manipular la figura de escritores como J. K. Huysmans, que presentan como referente del satanismo por una anecdótica incursión temporal en los temas esotéricos (tan frecuente en el vicio que resultaba del aburrimiento en los intelectuales de la época) que resultó en su reconversión definitiva al catolicismo.

No queda muy claro, por tanto, el interés cultural o antropológico de invitar como ponente religioso a un grupo inofensivo que no lo es, salvo para blanquear al satanismo real (que, por otro lado, sí se analizó su retrato en la ficción)… o cometer la irresponsabilidad de negar su existencia, como deslizan el propio portavoz de los luciferinos descafeinandos y Alejandro Amenábar, siguiendo la estela indocumentada y paracientífica del negacionismo de la brujería y la relativismo acerca de la figura de Satán de Margaret Murray. Y es que, como difundió en su momento la RIES (Red iberoamericana para el estudio de las sectas), parece que el blanqueamiento de los grupos pseudo religiosos destructivos o de cualquier índole puramente lucrativa es un fenómeno al alza, como muestra el cierre del teléfono de ayuda a las víctimas de estos grupos por parte del gobierno holandés. ¿Parte de la agenda espiritual del Imperio?

Todo esto vuelve a mi cabeza tras una discusión en redes sociales con una monja que, henchida de un nosequé de protagonismo del que prefiero no decir lo que pienso, buscaba clicks y visitas a su canal de YouTube, anunciando como algo necesario e interesante el entrevistar a uno de estos satanistas a su manera como un supuesto aporte para el diálogo sinodal (ríanse lo que quieran, pero les prometo que no bromeo). El discurso del zagal no se diferenciaba un ápice del mainstream posmo, simple, vacuo y con ninguna idea propia, igual de aprovechable y constructivo que los tuits de cualquier cipayo del Gobierno. En fin, el disparate más grande que he visto por los mentideros de Twitter desde que leí a un crítico literario (supuestamente católico) que habría que actualizar los Evangelios. 

Lo que sí tienen en común los satanistas de mentira (como el que entrevistaba la misionera) y los reales es la fundamentación filosófica del nihilismo y hacer un dios del propio individuo y, por tanto, de hacer ley su voluntad sin preocuparse demasiado de las consecuencias en los demás. Esto último, en cristiano, es el egoísmo de toda la vida, solo que ahora se le pretende dar de este modo un trasfondo místico e incluso humanista y científico, que es lo más peligroso. ¿Cuántas veces no habremos oído aconsejar, principalmente a madres sufridoras y entregadas a su familia, que «deben ser más egoístas»? Hoy en día ya es una especie de mito que se emplea con suma ligereza, a menudo sin reflexionar demasiado de dónde viene, como tantas otras gilipolleces popularizadas por personajes televisivos, pero tiene sin duda un triste origen, cada vez más degradado.

No hay quien se haya leído un manual de autoayuda (la mayoría de los cuales, en mi opinión, deberían estar tanto o más perseguidos que las terapias para curar la homosexualidad) o que vaya a terapia psicológica con algún curandero de la mente que no repita aquella máxima como clave «para ser más feliz» como un papagayo, que lo mismo le puede recomendar el egoísmo como una tirada de cartas de tarot.

El caso es que, como pasa ya con la mitad de los medicamentos, las prescripciones psicológicas ya las receta con vehemencia en el bar o en el salón de casa cualquier hijo de vecino con la EGB mal acabada, y se populariza la idea de que entregarse a los demás, en el grado que sea, es algo trasnochado y sobre todo, nocivo. De este modo, leo en las redes sociales este tipo de idioteces a modo de propósitos para el año nuevo, creyendo que se están haciendo algo positivo. ¿Qué pensarían, como sugirió un día el propio Íker Jiménez en la editorial de su programa, si supiesen que están promoviendo exactamente los mismos fundamentos que un satanista? ¿Qué espera, mi amiga la misionera, que podrá sacar en limpio para el diálogo sinodal de un discurso que defiende el egoísmo como forma de vida y los fundamentos del pecado original?


Huelga de juguetes

ADOLFO GARCINUÑO GIL

El belén de playmobil. El barco pirata de playmobil. La casa de muñecas de playmobil. El castillo con el dragón de playmobil. La clínica veterinaria de playmobil. El coche con lancha de playmobil. El circo de playmobil. La frutería de playmobil. La carnicería de playmobil. La comisaria de playmobil. El futbolín de playmobil. El coche de caballos de la princesa de playmobil. El arca de Noé de playmobil. El campamento indio de playmobil. El hospital de playmobil. La ambulancia de playmobil. El robot de playmobil. El caballero oscuro de playmobil. El parque de bomberos de playmobil. La caravana familiar de playmobil. El circo romano de playmobil. La cocina de playmobil. El campo de golf de playmobil. La nave espacial de playmobil. La cuidadora de caballos de playmobil.

A este 2021 lo único que le faltaba era una huelga de juguetes. ¡UNA HUELGA DE JUGUETES! Ya los veo venir, abarrotando la plaza del Grande de Ávila, paralizando la Castellana de Madrid, la plaza de España de Sevilla o las Ramblas en Barcelona y sus dueños, algunos de los cuales se les pisotea el derecho de estudiar en su lengua materna, llorando por las esquinas de casa o vistiendo a su papá de pirata y su mamá de princesa, bueno al revés, o no, como demonios quieran; ya uno no sabe qué es lo mejor para nadie.

Sin duda alguna mi favorito siempre ha sido la granja de playmobil: con sus granjeros, cerdos, vacas y cabras.


Feliz Navidad, Ursula

CARLOS LUQUE FLÓREZ

Como ellos mismos dirían…»deeply» cabreado con la última mamarrachada ocurrencia de la Comisión Europea. Ayer descubríamos que habían hecho público un documento en el que se exhortaba a sustituir la tradicional fórmula «feliz Navidad» por un somero «felices fiestas». Esta tontería se hacía, como no, en pro de la «inclusión». Los de Bruselas en su ridícula línea: cuesta abajo y sin frenos.

Los estirados flamencos pretenden adiestrar a los funcionarios de la UE y les recomiendan «evitar considerar que alguien es cristiano». No vaya a ser que ofenda al tonto de turno, ya que piensan que «es necesario ser sensible al hecho de que las personas tienen tradiciones religiosas diferentes». Fíjense cómo estará la cosa para que hasta el actual Vaticano haya cargado contra la UE.

Así pues, sepan ustedes, orgullosos ciudadanos europeos, que para Ursula y sus lacayos lo que vamos a celebrar no es la Navidad, sino un nuevo «período de vacaciones». ¡Claro que sí!

Puede que ser adalides de la inclusión desde la ciudad europea donde existe un tal Molenbeek, además de otras No-Go areas para mujeres y homosexuales, resulte algo hipócrita. Pero eso a nuestros amos bruselenses se la trae al pairo. Al consenso progre no le importa hacer el ridículo a sabiendas mientras el mensaje impere.

Porque no se olviden, orgullosos ciudadanos europeos, de que debemos evitar propagar la fe cristiana, enemiga de la inclusión, al mismo tiempo que defendemos que el Hijab no sólo es «inclusivo» sino un símbolo de «libertad». La Navidad ataca la igualdad, no obstante debemos ser partidarios de felicitar a nuestros «hermanos musulmanes» el Ramadán, el Muharram y la madre que les parió.

Todo esto sería una tontería más, propia del buenismo, sino fuera por la velocidad y el cariz que está tomando el proceso. La misma von der Leyen que hace un par de años publicaba este perturbador tuit ahora nos pide evitar pronunciar la palabra «Navidad».

Sin ser yo amigo de conspiraciones es imposible no pensar en teorías como lo del Plan Kalergi. Sólo con mencionarlo el progre de turno nos tachará de nazis conspiracionistas. Bien, a ese le diría que lea a la antifascista Oriana Fallaci o que recuerde las palabras del presidente argelino Huari Bumedien en 1974 ante la Asamblea General de la ONU: «¡Un día millones de hombres abandonanán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria».

No hay nada nuevo, lo preocupante es la connivencia de una Europa bienqueda sumida en un letargo de idiotez. En 2019 se podía decir Navidad, ahora ya no, ¿Por qué? Que nos expliquen exactamente qué ha cambiado en dos años, aunque una idea nos podemos hacer. Aquellos que vienen al viejo continente no deben adaptarse, somos los europeos los que debemos asimilar sus «costumbres» y respetarlas en pro de la maldita «inclusión».

La dichosa palabrita ha terminado por convertirse en un sinónimo de ‘renuncia’. Nos quieren desarraigados, sin identidad ni tradición. Obviamente sin religión aquel que crea. La pregunta es por qué. ¿Por qué no debemos respetar la Historia y la religión mayoritaria? ¿Por qué debemos ser «inclusivos» con la religión del Burka al mismo tiempo que nos llaman machistas, heteropatriarcales y hombres blancos cisheteros?

De cualquier modo el reducto de sentido común que queda en el continente seguirá haciendo lo que le salga del haba, rechazando las directrices de quien ni pincha, ni debería cortar.

Ese es tema aparte, perfectamente ejemplificado con los casos de Hungría y Polonia o el mismísimo Puigdemont. ¿Quién carajo es la fracasada Unión para interferir en los intereses de una nación soberana? La desmembrada UE parece tener como objetivo exterminar el concepto de «soberanía nacional». No se lo vamos a permitir, que se dediquen al euro si quieren y que nos dejen vivir nuestras vidas como deseemos hacerlo.

Para finalizar me gustaría añadir: ¡Feliz Navidad! Frohe Weihnachten! Merry Christmas! Joyeux Noël! Feliz Natal! Buon Natale!

PD: Poco podemos esperar de una señora pseudoalemana afincada en Bruselas que promulga orgullosa que vive en un cuchitril de 25m² al mismo tiempo que se embolsa más de 300.000€ al año. Aprovecha el mandato, Ursula.

“La cultura es el ejercicio profundo de la identidad”

Julio Cortázar

El totalitarismo del siglo XXI. Neocomunismo de millonarios para progres aburguesados

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Aquiles en la Ilíada: «Todo es vano, excepto reinar sobre los dioses».

Benito Mussolini: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra él».

El siglo XX sufrió el sometimiento al totalitarismo, encarnado en los tres regímenes políticos del mal, que se sucedieron en este orden: comunismo, fascismo y nacionalsocialismo. No surgieron de la nada. Su génesis común se inició dos siglos antes. 

Dada la evolución que sigue el globalismo progresista hacia el totalitarismo universal, en camuflada versión neocomunista, vamos a intentar refrescar sus pretensiones clásicas y actuales, para  estimular el olfato, facilitar su detección. 

Mientras las tiranías clásicas aspiraban a dominar el cuerpo y controlar la opinión manifestada en público, los totalitarismos, van más allá,  pretenden poseer las almas. 

Los totalitarismos son religiones profanas. Ocupan en las almas el lugar de la fe y la salvación queda situada en este mundo, que llegará en un futuro, que nunca se hará presente, como se ha podido comprobar. Pretenden establecer un “ser humano nuevo”; una “era nueva”; un “nuevo  Reich”; hacer del pasado “tabla rasa”; crear un mundo inédito gobernado por un ser humano nuevo en una «sociedad perfecta». 

El totalitarismo no conoce límite, todo le está permitido porque representa la verdad absoluta, Pretende reducir la diversidad humana a un único modelo en el que  el individuo en soledad, desestructurado, sin normas, desligado de grupos orgánicos primarios como la familia, se reduce a ser un grano de arena del montón de arena constituido por las masas desarraigadas, a las que, previamente, les han hurtado sus raíces culturales. Este individuo, cual tabla  rasa, vacío de contenido, se parece a un recipiente, siempre dispuesto a ser llenado por cualquier cosa

Como su fin es absoluto (no hay nada ni  nadie superior) justifica que se recurra a todos los medios: la violencia puede ser una necesidad ética porque se utiliza para la finalidad «redentora» de la sociedad futura, que nunca llega. La eliminación del adversario es condición necesaria para la culminación del proceso a futuro. 

La esencia del totalitarismo fue el terror y la purga permanente. «Sería una gran vergüenza mostrarnos dubitativos y no fusilar por falta de acusados» (Lenin 1919). Practica un proceso de liquidación colectiva, más que individual. Se es liquidable por el hecho de pertenecer a un determinado grupo social o profesional; se clasificaron como enemigas a categorías enteras de personas solo por pertenecer a una clase social, a una raza, a una nacionalidad, previamente convertidas en «ex personas». He aquí dos citas obra de Trotski: «La cuestión de saber a quién pertenecerá el poder no se resolverá con referencia a los artículos de la constitución, sino por el recurso a todas las formas de violencia». «No entraremos en el reinado del socialismo con guantes blancos y caminando sobre un piso encerado». 

El fascismo y el nazismo fueron derrotados en la guerra y condenados por la Historia. Los regímenes políticos comunistas del este de Europa cayeron con el muro de Berlín en 1989, pero no así su ideología que sigue vigente y renacida, gozando de prestigio y pedigrí  democrático y moral. «Si como fenómeno político el monstruo ha muerto, sigue bien vivo como fenómeno cultural. Cayó el muro de Berlín, pero no en las mentes» (Jean-François Revel).  

«¿Por qué el  negacionismo es definido como un crimen cuando se refiere al nazismo, y no lo es cuando se escamotean los crímenes comunistas…La razón consiste en que a los ojos de la izquierda subsisten buenos y malos verdugos» (Jean-François Revel).  El comunismo, bajo un falso maquillaje democrático, se  autolegitimó  aprovechando el hecho de haberse enfrentado y derrotado, junto con el occidente democrático, al nacionalsocialismo. He ahí la trampa, mientras Estados Unidos e Inglaterra eran enemigos del totalitarismo desde la democracia, la URSS comunista se enfrentó al totalitarismo nazi para sustituirlo, no por la democracia sino por el totalitarismo comunista. 

El nazismo puede, definirse como un anticomunismo que ha tomado de su adversario las formas y métodos, empezando por los métodos del terror. Drieu la Rochelle matiza: «Los nazis son los cínicos, porque reconocen abiertamente su violencia, su tiranía y los marxistas son los hipócritas, porque niegan desvergonzadamente las suyas».

El totalitarismo occidental se ha actualizado bajo formas aterciopeladas, un guante de seda que oculta la implacable mano de hierro que le es propia, sin renunciar a la violencia física, si es precisa, como sucede en varios países de Hispanoamérica.

Procura no parecer violento sino  que se sirve de una nueva forma de servidumbre: el ser humano se ve plácidamente privado, incluso con su propio consentimiento, de su humanidad.  ¿Para qué dominar por el terror si se puede hacerlo a demanda de los poseídos? Aldous Huxley lo expresa de manera clarividente: «Un Estado totalitario realmente eficiente, es aquél en el que las élites controlan a una población de esclavos que no necesita ser coaccionada, porque en realidad ama esta servidumbre». Alexis de Tocqueville lo describió llamándole despotismo democrático: «Una servidumbre reglamentada, apacible y benigna bajo un poder inmenso que busca la felicidad de los ciudadanos, que pone a su alcance los placeres, atiende a su seguridad, conduce sus asuntos procurando que gocen con tal de que no piensen sino en gozar».

El totalitarismo del siglo XXI ha renovado su técnica y sus medios: el mercado, la técnica, la comunicación, siempre que mediante medios indoloros se puedan conseguir los mismos fines. Aprovecha el oportunismo para adaptarse a las circunstancias e instrumentalizar los fenómenos sociales del presente para ocupar el poder. Los viejos dogmas marxistas se renuevan bajo otras apariencias a modo de nuevas ideologías, animadas por impulsos emocionales, que facilitan la labor de una ingeniería social intensiva, basada en la propaganda, la coacción y los hechos consumados. Es la denominada ideología progre: sustitución de la conciencia de clase por la de identidad;  ideología de género; ecologismo radical; animalismo; movimiento “okupa”; leyes educativas exterminadoras del saber, así como el relativismo moral, que permite adaptar el bien y el mal a la conveniencia del momento.

El proceso hacia el totalitarismo se apodera de las decisiones políticas, hasta el punto de conseguir que entre los partidos políticos, supuestamente democráticos, exista un consenso en torno a las leyes en las que se concreta la ideología progre, mediante la asunción de las ideas que, definidas en sus agendas,  foros y cenáculos, imponen las oligarquías globalistas. Esto hace, que los denominados «partidos de Estado» no presenten diferencias en cuanto a las finalidades, limitándose a discrepar sobre los medios para difundir los mismos valores y conseguir los mismos objetivos. Una muestra se da en nuestro país. Hemos escuchado anunciar la derogación de leyes de ese corte por parte del partido de la hipotética derecha cuando llegase al poder, pero una vez alcanzado éste ha mantenido todas ellas tal cual.

La democracia está en peligro. Se ha instalado la creencia de que la política puede y debe resolver e intervenir en todos los problemas, quedando su ejercicio, dada su complejidad, reservado a una élite de expertos, mientras que los ciudadanos han perdido la capacidad de control sobre ella, quedando la democracia amenazada en su esencia, aunque se mantenga una apariencia participativa bajo la celebración de elecciones, de cuyos resultados se encargará la propaganda mediática.

«Así pues, nos enfrentamos a un nuevo y temible totalitarismo, una ideología invisible, líquida, polimórfica, que desborda las tradicionales fronteras ideológicas. Un monstruo con vida propia que apela a las emociones y no a la razón, a las ensoñaciones y no a la realidad, que promete proporcionar aquello que cada uno desee, aunque sea una identidad imposible. Incrustado dentro del propio poder, compra voluntades, proporciona prebendas a quienes son sus cómplices y castiga con la muerte civil a quienes lo desafían» (J. Benegas, la ideología invisible). El sistema está condenado a agotarse en sí mismo o a consolidarse en el más puro totalitarismo. La negación de la existencia de la ley natural, de principios objetivos sobre los que asentar  el ordenamiento social o su marginación a la privacidad autista, conlleva una inseguridad acerca de los fundamentos mismos de la humanidad. Si la definición del bien y el mal dependen de las encuestas,lo que hoy se considera pernicioso, mañana la variación de la aritmética sociológica podrá convertirlo en una excelencia moral.

«Toda utopía comienza siendo un enorme paraíso que tiene como anexo un pequeño campo de concentración para rebeldes a tanta felicidad; con el tiempo, el paraíso mengua en bienaventurados y la prisión se abarrota de descontentos, hasta que las magnitudes se invierten»

Milan Kundera. Citado por J. Benegas, la ideología invisible

«Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo»

Benedicto XVI

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