‘La catástrofe climática’. Qui prodest?

¿Pereceremos abrasados por quemar gas o de frío por no quemarlo?

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

«Mis tres objetivos principales serían reducir la humanidad a 100 millones en todo el mundo, destruir la infraestructura industrial y hacer resurgir las zonas silvestres, para que sus especies al completo tomen el mundo»

Dave Foreman, ecologista estadounidense, miembro destacado del ambientalismo radical

He aquí unos ejemplos de los sucesivos apocalipsis, que debieran habernos eliminado, varias veces, de la faz de la Tierra (algunas incitan a la hilaridad):  

  • Año 1967,  Diario The Salt Lake Tribune: Hambruna terrible en 1975.
  • Año 1969, The New Times: Todos desaparecerán en una nube de vapor azul en 1989. 
  • Año 1970, The Boston Globe: Edad de hielo para 2020.
  • Año 1970, Redlans Facts: América estará sujeta a racionamiento de agua para 1974 y de alimentos para 1980. 
  • Año 1970, Revista Life: Los ciudadanos de las grandes urbes requerirán máscaras de gas para 1985, año en el cual la contaminación del aire habrá reducido a la mitad la cantidad de luz solar que llega a la Tierra.
  • Año 1971, The Washington Post: Nueva edad de hielo para 2020-2030. 
  • Año 1972, Maurice Strong., director del programa de la ONU para el medio ambiente: El hombre también puede ser responsable de la tendencia al enfriamiento. Científicos sugieren que las emisiones de polvo y otras partículas liberadas a la atmósfera  por la agricultura y la quema de combustible pueden bloquear la luz solar para que no llegue y caliente la superficie de la Tierra. 
  • Año 1974, Revista Time: 1974,  The Guardian: Los satélites espaciales muestran que una nueva era de hielo se acerca rápidamente. 
  • Año 1976, The New Times: El enfriamiento del planeta traerá hambruna inminente.
  • 1978, The New Times: Según los expertos: sin fin a la vista para la tendencia de enfriamiento. 
  • Año 1983, EPA de Estados Unidos: Un calentamiento global catastrófico podría comenzar en 1990. 
  • Año 1988, El País: Las Maldivas se hunden en el Índico. 
  • Año 1988, Revista Salon: El principal experto en clima del mundo predice que el Bajo Manhatan se encontrará bajo el agua en 2018.
  • Año 1989, The Oshkosh Northuvetern: Un estudio realizado por expertos concluye que el aumento del nivel del mar arrasará las naciones en el año 2000 si no se hace nada. 
  • Año 2000, The Independent: Los niños no sabrán lo que es la nieve.
  • Año 2002, The Guardian: Hambruna en diez años si no dejamos de comer pescado, carne y productos lácteos. Gran Bretaña será como Siberia en 2024.
  • Año 2008, el científico de la Nasa Jim Hasen: El Ártico se quedará sin hielo en 2018.
  • Año 2008, Al Gore: El Ártico no tendrá hielo en 2013/14. 

Fuente: citado por J. García, El rebaño, pp. 215-221. Contiene las referencias de las fuentes.

La meteorología ha deparado un tórrido y prolongado verano, cuyos precedentes había alejado del recuerdo el transcurso de décadas.  Como sucede cada vez que la meteorología aprieta, en uno u otro sentido, el cambio climático, convertido, por la hipérbole en catástrofe climática, es causa recurrente de todos nuestros males,  que justifica el castigo merecido, que los políticos nos aplican bajo onerosas disposiciones, dada nuestra culpabilidad por los malos hábitos y costumbres con que gobernamos nuestras vidas. 

Empecemos por constatar que, desde el origen del planeta Tierra, los ciclos climáticos se alternan de manera natural. Tomemos el ejemplo de la Edad de Piedra, durante el periodo Paleolítico (desde hace 1.500.000 hasta hace unos 10.000 años), cuando la población mundial era tan reducida que su capacidad de contaminación era inexistente. Durante esa extensa cronología tuvieron lugar cuatro glaciaciones –con anterioridad había habido otras-: Mindel, Gunz, Ris, Würm con sus correspondientes periodos interglaciares, en los que el frío era sustituido por las condiciones propias de un clima templado, dando lugar a un cambio climático.

Los efectos de los cambios climáticos repercutieron en la erosión, la modificación de la red fluvial, las inundaciones, el nivel del mar, la sequía, los incendios forestales. También modificaron la fauna, la vegetación y las formas de vida humana. La temperatura global y el nivel del mar han estado fluctuando desde siempre.

Cuando finalizó la cuarta y última glaciación,  el Paleolítico cedió el  paso al Mesolítico. Las temperaturas alcanzaron los niveles del clima templado y, como consecuencia del cambio climático, las especies animales resistentes al frío desaparecieron de las latitudes medias. El reno que había llegado a  habitar en el sur de Europa, se desplazó hacia las proximidades del Ártico, mientras que  el mamut y el rinoceronte se extinguieron y apareció una nueva fauna, propia del clima templado como el ciervo, el corzo o el jabalí. Los bosques de coníferas y abetos se desplazaron hacia el Norte de Europa y Canadá, siendo sustituidos por especies como el roble, avellano, olmo. El hábitat humano se fue haciendo sedentario y surgieron incipientes poblados. La incipiente agricultura y ganadería fueron sustituyendo a la economía depredadora.  Los utensilios se  adaptaron y perfeccionaron para atender a las nuevas necesidades agrícolas y domésticas. 

Desde entonces hasta hoy los ciclos climáticos se han sucedido, provocando tanto altas como bajas temperaturas o han oscilado entre periodos de sequía y lluviosos. 

Los anuncios sobre el final de los tiempos han estado presentes a lo largo de la Historia. Antaño, eran los dioses quienes enviaban catástrofes a la humanidad como castigo por su mal comportamiento. Hoy, es el planeta, elevado a la condición de divinidad, que enfurecido por las agresiones que cada uno de nosotros le causamos, nos castiga y castigará con las catástrofes merecidas, acordes con nuestra culpabilidad. 

Si nos atenemos a la realidad, actualmente, existe un consenso acerca del aumento de temperatura en la Tierra. Resulta más complicado averiguar en qué medida influye en ello el ser humano. Los científicos invierten su tiempo y esfuerzo en investigar, formular hipótesis, que hasta que no están verificadas no elevan a la condición de ciencia. Por otro lado, un grupo organizado, con cuantiosos incentivos y numerosos altavoces mediáticos, se presentan como la voz  universal y única con pretensiones de ciencia

No existe mejor recurso para dominar a la sociedad que el miedo –como se ha comprobado durante la pandemia-. La naturaleza, ese dios vengativo, debe ser   apaciguado con ofrendas y sacrificios, de los que los sumos sacerdotes climáticos resultarán beneficiados con la parte alícuota de  las ofrendas.  

La inminencia del apocalipsis climático como hecho irrefutable, ha derivado en un sucedáneo de religión. «Una religión obligatoria como palanca para imponer un nuevo orden, cuya esencia es sospechosamente vieja» (J. Benegas).  Entre sus preceptos a observar se encuentran el dejar de comer carne, el vivir en una casa más reducida, el renunciar al coche privado, el dejar de viajar en avión, el renunciar a tener hijos, que contribuirían a la contaminación humana.

En los años 70 el apocalipsis climático se anunciaba producido por el frío; el petróleo se acabaría en 10 años, siendo optimistas en 20. En la década de los 80, las ciudades no quedaron, como se había anunciado, sepultadas bajo el agua y arrasadas por huracanes violentísimos. En el siglo XX, debiéramos haber muerto de frío. En el XXI, aseguran, algunos “expertos”, que pereceremos abrasados. ¡Qué cosas! Propias de la profesión de activista mediático.

¿A qué intereses benefician las consecuencias de la miseria energética autoimpuesta en Occidente? China emite el 30% de emisiones de carbono en el mundo; Estados Unidos el 13,4 %; la Unión Europea el 9%; España el 0,9 %. Curiosamente la carga onerosa medioambiental recae sobre los que menos contaminan.  Occidente está siendo arruinado por unos gobiernos de cursis, cuando no de políticos espurios, obsesionados con las emisiones cero, que ponen el porvenir de sus ciudadanos –imaginen cómo y por qué- en manos de un puñado de autócratas corruptos y tiránicos, cuyos países contaminan sin rubor,  mientras se frotan las manos ante tan estúpida entrega incondicional a sus intereses. ¿Será por qué quien que paga, manda? 
Ni que decir tiene, que el gran beneficio, producido por el timo climático,  que obtienen las grandes corporaciones empresariales, oligopolios del capitalismo globalista, está aliado con la propaganda «ecolojeta», realimentada  y legitimada por el activismo climático «progre», el cual no se entera o se entera demasiado bien.

«En Occidente ha proliferado una nueva profesión que consiste en ser activista, es decir, jugar a ser revolucionario amparado por el sistema que dice querer derrocar y financiado por multinacionales, grandes empresas y el poder político»

J. García, el Rebaño, p. 173.

«…los situados más a la izquierda. De hecho, estos son los únicos que, desde entonces, han sabido promover entre los electores grandes causas, mientras que los conservadores se han limitado a argumentar que son buenos gestores.

En la búsqueda de una hegemonía permanente, se ha eliminado la dependencia de la realidad y, en consecuencia, su exposición a la crítica y el disenso. Así hemos  llegado hasta el presente, donde, mediante la agitación del pánico moral, las grandes causas, como el Ecologismo, el Feminismo, el Igualitarismo o el Identitarismo, han alcanzado la categoría de santas cruzadas inasequibles a la crítica. En su defensa, la masa, enardecida y convertida por los políticos y los medios de información en creyentes, no se anda con reparos».

J. Bengas, La ideología invisible, p. 63.

Trampa

RICARDO. 14/09/2022. EL MUNDO

ADOLFO GARCINUÑO GIL

Al verano le sigue el otoño y éste empieza a pintar los parques de colores ocres. Cae el relente. La vida anda a la redonda -eso dijo Cervantes, abran el Quijote-: a la alegría la sigue la pena, pasando por la tranquilidad y el ajetreo. El día a día, las cosas del comer.

Pero, cómo anda el sanchismo. Si Quevedo se tuviese que preguntar cómo anda el sanchismo le costaría otro destierro, eso seguro. Como ya no tenemos a Francisco ni a mí me van a expulsar a ningún lado, le diré que el sanchismo anda para atrás, como los cangrejos. Pero veamos.

Cada verano Sánchez se reencarna en Saturno y sus palmeros se convierten en seres mitológicos en especie de extinción. El oportunismo político, la rutina de la anomalía en que consiste el sanchismo desembocará en el manoseo del dinero público y en el deterioro, aún más, de las instituciones para urdir una campaña electoral causando una confrontación permanente. 

Al inicio de un nuevo curso le sigue una reunión de sumilleres –David Gistau–, que propició varios ganchos en la mandíbula, cada vez más apretada, de Sánchez, dejando claro que la calidad de una democracia radica en la libertad de los jueces para ejercer de contrapoder de los excesos de quien gobierne. El empeño por renovar el Tribunal Constitucional sólo huele a trampa. Un hipotético cambio de Ejecutivo hace que a los salteadores de caminos les entren las prisas por renovarlo y así tengan una mayoría que entorpezca la capacidad de acción de un gallego en Madrid. Dejo a disposición de sus imaginaciones qué sería de esta selva ibérica con un Constitucional al gusto de los sueños húmedos de un presidente marioneta.

Criticar, ya dije, la deriva sanchista trasciende de ir en contra de su razón de ser: el poder vale cualquier medio. ¡El empobrecimiento económico señora! El sanchismo está desesperado y es ahora cuando su peligrosidad acrecienta. En fin, el día muere en una España representada en pinturas negras y llega la noche dando paso al general inverno, que será utilizado al antojo de un sátrapa ruso.

¿A quién votará Txapote?

Pd: continuará… 


El timo de las banderitas

IVÁN CANTERO

Tal vez usted, sufrido lector, ha llegado a pensar alguna vez que está fuera de lugar. Las redes  sociales están llenas de perfiles con banderitas que ni le suenan, triangulillos pabajo, lazos de  colorines y todo tipo de símbolos horteras compuestos con emoticonos que facilitan a los  desaprensivos de Silicon Valley o Pearl River Delta la tarea de segmentar a los idiotas que  compartimos contenido en ellas (créame, la inteligencia artificial no da para tanto como  dicen).

Si se centra en los medios, la cosa no mejora demasiado: el derrumbe de la prensa  escrita hace florecer cientos de diarios o filiales digitales, a menudo de rentabilidad tan  precaria que los hace rehenes de un par de patrocinadores (a veces escondidos en la sombra)  con derecho de pernada, dado que la gente se ha malacostumbrado a no pagar por la  información que consume. 

También habrá experimentado una sensación extraña al comprobar que muchas  grandes firmas hacen publicidad y comunicación cada vez más extraña y propagandística, tal  vez para hacernos pensar que los estereotipos exóticos son en realidad los más comunes, o  que los clásicos han dejado ya de existir. Además, estas mismas marcas y las grandes  instituciones presumen públicamente de autoimponerse cuotas a la hora de gestionar sus  recursos humanos que nada tienen que ver con la excelencia profesional ni los méritos  curriculares; amén de implantar medidas y protocolos que tratan de resolver problemas  imaginarios en lugar de los que en realidad atenazan a la sociedad (como por ejemplo la  racionalización de los horarios laborales, de modo que la creación y crianza de una familia  amplia no esté reservado solo a los ricos por poder adquisitivo y las clases más bajas por  inercia). De la ficción mejor no hablamos, pues apenas existen ya personajes o conflictos en  los guiones que no tengan significación o intencionalidad vulgarmente política. 

Gran culpa de esto la tienen muchos espertos en márquetin y directivos. Los primeros,  porque creen que la sociedad se parece a su grupo pedorro de conocidos en el ecosistema del barrio madrileño de Malasaña; los segundos por pura burricie más allá del trabajo  ejecutivo, que los lunes creen haber descubierto un continente cuando comentan en un  comité un par de ideas de cualquier cantamañanas con pinganillo que ha colgado una charla  en YouTube en la que argumentaba con grandes aspavientos su solución para una cuestión  social de Estados Unidos. Al cabo, no hay nada más eficaz y eficiente que solucionar  problemas que no existen, pues fácilmente se popularizan y son más sencillos de mediatizar  que los reales. 

¿Ha cambiado el eje de rotación de la opinión pública? Para nada, pero eso es lo  que se pretende que pensemos. A la mayoría de los responsables de los grandes agentes  económicos y sociales les importa un carajo la agenda 2030 o las reivindicaciones lobísticas,  pero la mafia del mal ha utilizado una estrategia brillante para extorsionarlos a todos desde  el poder político: se obliga a adoptar determinadas medidas a todo aquel que participe en  procesos regulados por la administración pública, opte a recibir subvenciones… o  directamente sea obligado por ley; y a su vez capilariza este veneno en entidades de menor  tamaño imponiendo dichas reglas también a los proveedores de los anteriores. Muy pocos se  libran de caer en esta telaraña, y una gran parte de ellos (que a veces pueden llegar a parecer  independientes), comen de pesebres más grandes a cuenta de poderes económicos diferentes. 

No se prive, por tanto, de pensar y opinar lo que le salga de los propágulos: el mundo  no está contra usted, más bien al contrario, y las majaderías son cosa de unos pocos. Pero  cuando nos enfrentamos a la realidad de manera individual, el malvado brujo Frestón troca  los gigantes en molinos, como al Quijote, para hacernos creer que estamos locos al cargar  contra ellos.


6 de septiembre de 1522. España culmina la primera vuelta al mundo. La tierra es esférica

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

El 6 de septiembre de 1522hace 500 años, 18 supervivientes, enfermos, hambrientos y agotados, regresaban a Sanlúcar de Barrameda, tres años después de haber partido del mismo lugar. Habían culminado, liderados por Juan Sebastián Elcano, la primera vuelta al mundo, demostrando, empíricamente, que la tierra es esférica. 

Juan Sebastián Elcano https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/14/Escudo_Armas_Juan_Sebastian_Elcano.png

En la cimera del escudo de armas de Juan Sebastián Elcano, rodeando el globo terráqueo se lee: Primus circumdedisti me («El primero que me diste la vuelta»).

 El 10 de septiembre de 1519 cinco naves: la Trinidad, la Concepción, la Victoria, la Santiago, la San Antonio, con 265 tripulantes a bordo, se hacían a la mar desde San Lúcar de Barrameda (Cádiz). 

Al mando de la expedición está Fernando de Magallanes, marino de origen portugués, que había concebido la idea de encontrar una nueva ruta hacia Asia, a través de la cual  alcanzar las islas de las especias. Trataría de bordear América por el Sur comunicando el Atlántico con el Pacífico. 

Dado que Portugal era una potencia marítima, y por su condición de  portugués,  Magallanes ofreció su proyecto al rey de Portugal, Manuel I el afortunado, el cual rechazó su propuesta. Decidió probar suerte en  España.  Carlos I respaldó la iniciativa, concediéndole plenos poderes sobre la misma.

El comienzo del viaje no presentó dificultades. Río de Janeiro, Costa de Brasil, desembocadura del Río de la Plata y el litoral de la Patagonia.

En los meses siguientes el tiempo se alargaba sin provecho alguno y las esperanzas se helaban a la vez que sus cuerpos eran ateridos por el gélido frío.  La sensación de fracaso desató el miedo entre los expedicionarios. Pronto estalló el primer motín, que  Magallanes controló con rápida contundencia. 

Permanecieron cinco meses, soportando el frío, fondeados en la Bahía de San Julián (Argentina). A causa de un temporal se estrella la nave Santiago. Conocen a los indios nativos, a los que denominaron patagones por las grandes huellas que dejaban sus pisadas.

A finales de agosto (en el hemisferio sur es invierno) avanzan hacia el sur, soportando temporales y contrariedades. Por fin, el día 21 de octubre de 1520, un año y cuarenta días después de la partida desde Sanlúcar de Barrameda, alcanzan el estrecho, un paso de abruptas paredes, con peligrosas corrientes, que comunica el Atlántico con el Pacífico, hoy conocido como Estrecho de Magallanes, aunque en un primer momento fue denominado como  «Estrecho de las Vírgenes». 

El 6 de marzo de 1521 arriban a Guam, en la Micronesia, descubren las islas Marianas. El 16 de marzo alcanzan las islas Filipinas, continúan por Indonesia, Borneo, llegando a las Molucas, islas de las especias.   

La San Antonio deserta camino de España. Quedan tres naves en activo. La mortandad es elevada entre los marineros a causa del escorbuto, producido por la falta de alimentos frescos y agua potable. La tripulación se reduce a 114 hombres, lo que supone 150 bajas desde el inicio de la expedición.

El italiano Antonio Pigafetta, miembro de la expedición, escribió una crónica del viaje en la que relata las situaciones extremas que vivieron:

«Miércoles 28 de noviembre, desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico, y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo, lo poníamos en seguida sobre las brasas. A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una.Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandíbulas, haciendo que los enfermos no pudiesen tomar ningún alimento. De éstos murieron diecinueve y entre ellos el gigante patagón y un brasilero que conducíamos con nosotros.Además de los muertos, teníamos veinticinco marineros enfermos que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero que al fin sanaron. Por lo que toca a mí, no puedo agradecer bastante a Dios que durante este tiempo y en medio de tantos enfermos no haya experimentado la menor dolencia.» Fuente: Antonio Pigafetta, Viaje alrededor del Globo, Fundación Civiltier, 2012, págs. 35-36. Consultado en https://www.elhistoriador.com.ar/el-escorbuto-la-enfermedad-de-los-marineros/

Durante la estancia en Filipinas, el 17 de abril de 1521, perdió la vida Magallanes en un enfrentamiento con los nativos. Los ciento catorce supervivientes no son suficientes para tripular las tres naves, por lo que deciden hundir la Concepción y continuar con la Trinidad y la Victoria.

El 12 de diciembre, la expedición se divide: la Trinidad, con cincuenta de los marineros, tras  efectuar unas reparaciones, parte hacia España por el Pacífico. Las penalidades se suceden hasta que caen prisioneros de los portugueses que controlaban esa ruta; La Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, marino originario de Guetaria (Guipúzcoa) llegó al Índico y continuó la ruta por el oeste de África. Azotados por el hambre, la sed y  las enfermedades los dieciocho supervivientes tocaron puerto en San Lúcar de Barrameda, de donde habían partido tres años antes, tras sobrevivir a las 14.000 leguas recorridas (una legua marina equivale a 5,556 Km.). Era el día 6 de septiembre de 1522. España había mostrado su capacidad de reunir y armonizar la experiencia marinera, el conocimiento geográfico, la audacia, la voluntad política y los recursos económicos. «Piénsese cuánto importa conseguir una visión coherente, veraz, inteligible, de los que España ha sido y, por lo tanto, de lo que puede ser». Julián Marías, La España inteligible.

«Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; más no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después…»

Francisco de Quevedo

«Navegar es necesario, vivir no es necesario»

Juan Sebastián Elcano

La lacra del terrorismo etarra

JOAQUÍN ECHEVERRÍA ALONSO

Sobre el libro ‘La doble pena de las víctimas, olvido e impunidad’.

El autor es Pedro González González; Guardia civil.


Se ha escrito mucho sobre terrorismo, particularmente sobre el terrorismo etarra. Este libro, en mi opinión, no es uno más de los que recogen la lacra sufrida por España y por muchos españoles, yo diría por todos los españoles de bien, aunque no todos; muchos separatistas y en particular las familias del entorno etarra disfrutaron de los beneficios de ese terrorismo.

El autor me ha pedido que escriba el prólogo del libro. Lo incluyo aquí porque en él sintetizo como aprecio el contenido de la obra.

Prólogo

Ha llegado a mis manos este libro en el que se recogen las vivencias de un guardia civil que sufrió el acoso de ETA, el peligro en el que estuvo su vida y la angustia de ver como iban cayendo asesinados por la banda terrorista sus compañeros y otras personas de bien, en las que los separatistas ponían la diana para ser asesinados. También vivió las muertes de personas que fueron asesinadas por equivocación o por darse la casualidad de que estaban en el lugar de un atentado terrorista.

Nos cuenta las maldades y las ignominias perpetradas por los asesinos, sus inspiradores y sus familias. No quiero dejar de citar la enorme influencia de parte del clero católico, que colaboró de forma importante en la puesta en práctica de la limpieza étnica que supuso expulsar de su tierra a bastantes más de 100.000 personas y evitar que se instalaran en las provincias vascongadas o en Navarra personas que habían ido allí a buscar un futuro mejor.

Este libro ha recrudecido mi recuerdo del sufrimiento que provocó a tantos españoles, también a mí, aunque eso no es nada comparado con el que sufrieron los que vivieron en aquella tierra y en particular las Fuerzas Armadas, los políticos decentes y también, por qué no decirlo, en el clero que se encomendaba a Dios pidiendo la conversión de los malvados.

Hoy sigue siendo necesario recordar a las víctimas del terrorismo, también la maldad de los asesinos y de los colaboradores necesarios, dentro del ámbito social y político que tan necesarios fueron para perpetrar el mal. Todavía hoy se hacen homenajes a los asesinos con la colaboración de las autoridades políticas por acción o por omisión. La cobardía se mezcla con la falta de dignidad y la venta de algunas personas para conseguir objetivos personales a costa de hacer escarnio del bien y la justicia.

Este libro tiene la virtud de transpirar el sentimiento de una persona que lo vivió en directo y no solo cuenta y detalla el genocidio con los datos de cada asesinato, de cada atentado, sino que también cuenta las repercusiones sociales que tuvieron para todas aquellas personas que se vieron extorsionadas presionadas y amenazadas y sufrieron la angustia de ver como sus familias, sus posibilidades económicas y profesionales y su vida se vio destrozada por tanta maldad.

Este genocidio no puede quedar impune y hoy tengo la impresión de que están ganando los genocidas, tanto los que apretaron las pistolas, como los políticos separatistas que apoyaron aquella barbarie.

Creo que lo aquí recogido debe formar parte de los programas educativos, que se conozca la angustia de las personas que sufrieron la maldad, la barbarie y el desprecio, para que nuestros jóvenes lo conozcan y tomen nota para que ese odio no se repita Y los malvados sufran el desprecio, no los homenajes que ahora reciben.

Joaquín Echeverría Alonso. Padre de Ignacio Echeverría Miralles de imperial: el Héroe del Monopatín de Londres


Refrescando memorias socialistas

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Las reservas de Oro del Banco de España

El oro y las divisas de los particulares

El patrimonio del Museo Arqueológico

El expolio de las cajas de seguridad de los bancos

Las obras del Museo del Prado

La sustracción de bienes del Estado para la supuesta financiación del exilio

Recientemente, la sentencia sobre el caso de los ERE en Andalucía vuelve a poner, desgraciadamente, de actualidad que la naturaleza del político, bien sea por debilidad o por maldad, cuando dispone de acceso y poder sobre el peculio estatal o ajeno, corre el peligro de extraviarse sustrayéndolo, bien en beneficio propio o con fines partidistas. Tanto en el primer caso como en el segundo, el grado de responsabilidad alcanza idéntico nivel de gravedad, por más que se quiera cínicamente justificar.

Nada hay nuevo bajo el Sol. El tiempo pasa y la naturaleza humana  permanece en lo bueno y en lo malo. Hoy vamos a tratar de mostrar como los blasones de honradez, impúdica y falsamente exhibidos, tuvieron sombras notables, durante la época a la que se refiere la falaz memoria histórica

En efecto, durante la Segunda República fueron afectados por tramas sibilinas, en el entorno del expolio,  bienes tanto del Estado como privados. A saber: Las reservas de Oro del Banco de España, el oro y las divisas de los particulares,  el patrimonio del Museo Arqueológico, el expolio de las cajas de seguridad de los bancos, las obras del Museo del Prado, la sustracción de bienes del Estado para la financiación del exilio.

El escritor y periodista Julio Cambra (1884-1962) describió al  régimen como «la República de los enchufes». Pío Baroja la calificó como «una merienda de negros». Wenceslao Ferández Flórez, cronista parlamentario, dejó constancia de lo mismo: «En el Parlamento hay una pandilla de forajidos, hartos de matar y robar en la revolución de octubre¸ nos gobiernan ignorantes audaces, enamorados de sus magníficos automóviles con radio y calefacción; desde arriba y desde abajo se saquea el país; nunca tantas fortunas se improvisaron tan rápida y oscuramente».

Entre los días 14 y 16 de octubre de 1936 fueron trasladadas 570 toneladas de oro, extraídas del Banco de España –las cuartas más elevadas del mundo- a un túnel excavado en las proximidades de Cartagena. La operación fue diseñada y dispuesta por los socialistas, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín, a la sazón Presidente del Gobierno y Ministro de Hacienda respectivamente.  El traslado se llevó a cabo a las dos de la madrugada, sin conocimiento del director del Banco de España, utilizando mano de obra exclusiva de militantes comunistas y camuflados en camiones con distintivos de transporte de explosivos. Así lo testifica Valentín González, conocido como el Campesino, encargado de dirigir el traslado: «Hízose todo en medio del mayor sigilo y como si se tratara de un robo».

El 26 de octubre del mismo año, en el puerto de Cartagena, eran embarcadas 510 toneladas de ese oro en los buques soviéticos Kine, Kursk, Neva y Volgoles con destino a la URSS. Todo el proceso se realizó en la más absoluta clandestinidad, a espaldas de las instituciones. La justificación del hecho fue la voluntad de ponerlo a seguro durante la guerra y garantizar los envíos de material militar desde la URSS. Así, se aseguraban la posibilidad de continuar la guerra,  entregando el destino del Frente Popular en manos de Stalin. Los responsables ni siquiera pidieron a la Unión Soviética un resguardo del depósito, que nunca regresó. En definitiva, la URSS era el modelo político y social que aspiraba a imponer en España un socialismo bolchevizado, sustituyendo la República democrática (burguesa) por la República comunista (proletaria). 

También fueron objeto del expolio las joyas de oro (incluso las más modestas) y las divisas, propiedad de millones de ciudadanos particulares, cuando en el otoño de 1936, el presidente Largo Caballero (proclamado Lenin español), Negrín y el Director General del Tesoro, Méndez Arpa, ordenaron su requisa. Las cuentas corrientes siguieron la misma suerte y, para completar el saqueo, el contenido de las cajas de seguridad de los bancos. Acto seguido, los gobernantes se trasladaban, con el botín, apresuradamente a Valencia. A todo esto habría que sumar los robos perpetrados a los prisioneros de las checas, así como a las iglesias, monasterios y catedrales.

No se libró el Museo Arqueológico, donde valiosas colecciones de monedas antiguas de oro y plata fueron sacadas por agentes gubernamentales, sin olvidarse de los Montes de Piedad (instituciones benéficas que otorgaban créditos sin intereses a personas humildes que dejaban como garantía alhajas o prendas). Siempre con la justificación cínica de su protección. 

El Museo del Prado fue vaciado. El acto fue y es maquillado con la mitológica preocupación cultural del gobierno, cuando el Museo era el único bien disponible para poder solicitar préstamos. Salvador de Madariaga denunció: «El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás». Gregorio Marañón (padre de la República) abundó, tras tildar a Negrín de loco: «…Si hubieran tenido interés en verdad por el arte hubieran dejado los cuadros en Madrid, que es donde estaban más seguros […] antes de entregar los cuadros a los fascistas los destruirían».

El plan de manutención del exilio republicano se hizo a cargo los bienes sacados de España en el buque Vita, en 110 cajas, con su contenido detalladamente inventariado. El destino fue México, donde esperaba el socialista Indalecio Prieto, encargado de su recepción, el cual se apropió del botín, aprovechando la lejanía de su colega Negrín, que burlado rompió su relación con Largo.

Prieto disfrutó hasta su muerte, en 1962, del botín destinado a los exiliados, dándose la gran vida en su mansión, olvidándose de los miles de republicanos que sufrían el exilio en los campos de concentración sin ninguna ayuda. Las Asociaciones de Refugiados Españoles en México recriminan a Indalecio Prieto  en carta de 6 de septiembre de 1940: «…han prostituido su función distribuyendo el dinero común de modo ilícito entre los amigos […] obligando a la masa a vivir en la más paupérrima de las miserias […] ustedes llevan una conducta en este país (México) que hace honor a los plutócratas y terratenientes españoles contra quienes el pueblo vertió su sangre en la guerra civil»

«…y aquella codicia desenfrenada con la que de repente millares y millares de ciudadanos se convirtieron en ladrones de joyas, de plata, de cuadros, de cuanto encontraban; aquella persecución del cargo bien pagado, del automóvil de marca, de la casa cómoda; aquellos vinos de fama y aquellos licores caros que los jefes de las cuadrillas tenían siempre en sus mesas…No. No era porque odiasen al rico por sus riquezas, sino porque querían sustituirlo. Un ladrón, en fin, no es más un burgués impaciente»

Fernández Flórez

A por todas

ILUSTRACIÓN DE ULISES CULEBRO

ADOLFO GARCINUÑO GIL

«Un déspota gobierna para sí mismo, un príncipe para el Estado»

Nicolás Maquiavelo

En el debate sobre el Estado de las ocho naciones dentro de España –Miquel Iceta– nuestro déspota monclovita anunció que iba a ir a por todas. Acto seguido, la bolsa se desplomó dejando petrificadas a la banca y a las empresas energéticas al ver a un monstruo bicéfalo propagandista poner en jaque a una sociedad insomne, centrada en esquivar la miseria, que cuanto más profunda sea, más espinosa será la escalada hacia la prosperidad.

En España se ha impuesto un cesarismo sin Julio, el pan y circo de la gente pasa por el precio de la cesta de la compra, la gasolina o la luz. El coliseo cabreado ya no mira a la arena, donde un autónomo hace su enésimo malabar mensual, sino al palco, exigiendo una gestión eficaz de la economía –estúpido-.

La Historia debe aspirar a la verdad, a la consolidación justa de los hechos, debe huir de la búsqueda de los culpables y centrarse en exponer sus consecuencias. Una de las desembocaduras del río llamado España está unida a la añeja ley de memoria democrática. La Transición la protagonizaron comunistas y franquistas, pero cómo se explicará en la nueva ley de educación. En el futuro cuando España despierte, si es que despierta, su Guerra Civil todavía estará ahí.

Zapatero cada noche saca más brillo a la foto de Sánchez que tiene en su mesita de noche. La radicalidad: el Gobierno se apoya en una mayoría que quiere destruir régimen de libertades del 78 mientras viven de él; la degradación institucional: la calidad de una democracia se mide por el nivel de independencia de las instituciones que lo sustentan; o el manoseo de la Historia: que ETA dicte el pasado es la mejor manera de garantizarse su futuro.

El populismo sembrado ha florecido azuzando la división entre españoles. Sánchez todas las mañanas –juro que cuando empecé a escribir había puesto “mientras se anuda la corbata”, pero uno ya no sabe- pregunta al espejo que le regaló Zapatero quién es el más bonito.

El sanchismo, que es un fuego artificial con la pólvora mojada, en su empeño de alcanzar el cielo con su escalada a la babilónica Torre de Babel, ha coronado una nueva colina al tratar de beatificar a los delincuentes, banalizando sus fechorías. Al final, a lo babilónicos la Torre se les vino abajo. No hubo cielo, sólo escombros.

La madre de todas las elecciones ya se ha empezado a cocer y en este laberinto de Creta ya no sabe nadie dónde está ni el hilo ni el minotauro, ni nada.

Pd: continuará…


El real de a ocho: el dolar español

JOSÉ MARÍA AIGUABELLA AÍSA

Se relaciona el origen del símbolo del dólar ($) con las columnas y la cinta del «Plus Ultra» de los reales. 

El Real de a Ocho era la moneda del Imperio español, al que sobrevivió ampliamente. Se trata de una moneda de plata, con valor de ocho reales, acuñada por la monarquía española después de la reforma monetaria  de 1497. Era conocida con otros nombres: peso de a ocho, peso duro, peso fuerte, dólar español. Su prestigio internacional la convirtió, en el siglo XVIII, en la primera divisa de uso mundial. Precedió a la libra esterlina de oro inglesa y al dólar de plata estadounidense en su hegemonía financiera mundial. 

Varios factores la hicieron posible: la elevada producción de plata de las minas de Potosí (Perú) y Zacatecas (Nueva España); el perfeccionamiento de la técnica metalúrgica; el desarrollo financiero y naval, tras los viajes de Urdaneta, que comunicaron Nueva España con Filipinas, tras cruzar el Pacífico de Este a Oeste y de López de Legazpi, fundador de Manila, principal puerto de España en Asia.

La plata española era transportada por diferentes vías:   el Galeón de Manila, la Carrera de las Indias y la ruta europea. La moneda española circuló por China, Estados Unidos, Australia, Lisboa, India, Génova, Londres, Ámsterdam, Persia, en definitiva se hizo global.

La compra en Europa de productos orientales como seda,  jade, marfil, té y demás mercancías de lujo se pagaba, exclusivamente, por exigencia de los chinos con reales de a ocho. Era tal su interés que llegaron a vender su oro a cambio de plata, ya que el valor de compra de esta era casi el doble que la del oro. El prestigio internacional del Real de a Ocho le convirtió en único medio de cambio del comercio internacional con Oriente.

En Hong Kong, la moneda española, fue de curso legal hasta 1935. China emitió su primera moneda de Plata en 1899, siguiendo el modelo del Real de a Ocho. En Estados Unidos fue moneda de curso legal hasta 1857, se le llamaba Spanish dólar, equivalía a un dólar americano e incluso, al principio los dólares USA eran garantizados con reales de a ocho.

He ahí una muestra de la importancia que para el mundo tuvo España durante la Edad Moderna. Cuando desde la legislación, los medios y los programas escolares se hurta  una gran e importante parte de la Historia de España, es necesario difundirla por todos los medios posibles. 

En conclusión: España mantuvo su presencia activa en el mundo durante varios siglos por ser un país dotado de una buena organización y estabilidad.

«Lo que hay que preguntarse no es por qué el Imperio español se vino abajo en la primera mitad del siglo del siglo XIX, sino cómo consiguió mantenerse en pie tres siglos porque ningún fenómeno de expansión nacido desde la Europa Occidental (y nunca dentro de ella) ha conseguido producir un periodo más largo de expansión con estabilidad y prosperidad» (M.E. Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra. Citado por S.G. Payne, En defensa de España p. 72)

España aportó grandes pensadores, artistas, escritores, militares, que no eran tan malos y tan tontos como se dice, bien por ignorancia o en su defecto por la falsificación interesada de la Historia, lo que alimenta la  esterilidad, el rencor y los odios internos.  Como sentenció Ortega: nos pasa lo que nos pasa, porque no sabemos lo que nos pasa.

«España fue, durante casi tres siglos ininterrumpidos, la fábrica de moneda del mundo»

Antonio Miguel Bernal

«La plata española podía encontrarse en cualquier lugar del mundo […] el signo monetario más ampliamente aceptado al principio de la era moderna»

Flynn, Denis (citado por Pedro F. Barbadillo, Historia del Imperio español, página 187.

A los 20 años del Manifiesto contra la muerte del espíritu

GUILLERMO MAS ARELLANO

Hubo un tiempo en que soñar con un movimiento análogo a la Nueva Derecha francesa para España fue posible. Aunque ahora parezca apenas una entelequia, hace 20 años exactos ese instante estuvo a punto de concretarse en la realidad. Y personajes como Javier Ruiz Portella, Fernando Sánchez Dragó o el Marqués de Tamarón bien podrían haber ejercido de nuestros particulares Alain de Benoist, Dominique Venner o Guillaume Faye, si los españoles al menos les hubieran entregado la oportunidad. No fue así, por supuesto.

El 19 de junio de 2002, el suplemento cultural del diario El Mundo publicó un extenso artículo a cargo de Javier Ruiz Portella (introductor, en cuanto que primer editor, de la obra de Gómez Dávila en España) y apoyado por el flamante Premio Cervantes Álvaro Mutis titulado “Manifiesto contra la muerte del espíritu y de la tierra”.

Los ecos de Spengler, de Ortega, de Jünger, de Unamuno y de Heidegger eran evidentes en sus líneas. Entre los sucesivos firmantes de dicho manifiesto, extraído de la pluma de Javier Ruiz Portella, se encontraban nombres tan ilustres como el de Aquilino Duque, Fernando Sánchez Dragó, José Javier Esparza, Eugenio Trías, Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca, Salvador Pániker, Luis Racionero, Isidro Juan Palacios, Luis Antonio de Villena, Ilia Galán o Alberto Buela, entre otros.

Miles de lectores cultos se mostraron entusiasmados con el grito rabioso, limpio y esperanzado, a partes iguales, que representó dicho texto. De él pronto surgiría una publicación en papel de altísima calidad y título homónimo, El Manifiesto, hermanada con la editorial Áltera (posteriormente reconvertida a la todavía vigente Ediciones Insólitas) y también capitaneada por el pensador barcelonés Javier Ruiz Portella (https://elmanifiesto.com/paginas/832017512/texto-manifiesto.html). Ya decía Carlos Gardel que “veinte años no son nada”; la frescura del texto sigue intacta con respecto al día de su publicación original.

Sin embargo, la hoy como entonces aborregada sociedad española se demostró estéril a la hora de pasar del dicho al hecho. Sumidos en la queja, en el complejo neurótico o en el círculo vicioso sectario, los españoles optaron por la comodidad y la queja en lugar de por la acción y la transfiguración. Y con la extinción de esa última lumbre que pudo ser más de lo que finalmente resultó, se perdió la más que probable última oportunidad de convertir la discusión sobre el espíritu en una cuestión central de nuestra sociedad. No obstante, a la vista del actual deterioro cultural y cognitivo de la sociedad española, debemos comprender la importancia que tuvo, en cuanto que hito irrepetible en el futuro cercano, un logro de esa magnitud.

Para la generación de jóvenes que entonces recién acabábamos de venir al mundo, la publicación del “Manifiesto contra la muerte del espíritu y de la tierra” resulta en principio un asunto lejano. O no tanto, dado que existe un contingente cada día más abultado de reaccionarios que han encontrado por su cuenta las evidencias de lo que se les ha querido ocultar tanto desde la educación como desde los medios de comunicación. Y en esa labor más o menos acertada, y de mayor o menor enjundia según cada caso, son ya muchos los que han encontrado en las páginas del citado Manifiesto un aliciente para el combate por el espíritu en el siglo XXI.

No cabe duda de que las próximas décadas van a estar sembradas de muy relevantes cambios sociales; y parece evidente que resultarán cruciales para decidir el futuro de la humanidad en general y de su proyección espiritual en particular. Por lo tanto, volver ahora a las páginas escritas hace más de 20 años por Javier Ruiz Portella supone retomar un diálogo interrumpido para mejor otorgar continuidad a la conversación.

Quizás cuando el sistema se derrumbe, ahora que la (pos)modernidad parece haber llegado al final de su tenebroso trayecto, podamos encontrar en las líneas del Manifiesto los valores con los que se podrá reconstruir aquello que lleva siendo “deconstruido” por décadas e incluso siglos. Citando, una vez más, a Nietzsche: “Tenemos el arte para no perecer a causa de la verdad”. Y a Heidegger: “La esencia del arte consiste en poner de manifiesto la verdad de lo que es”.

Al solipsismo narcisista sólo cabe oponerle la desinteresada grandeza de lo sacro. Ordenada supremacía estética que triunfa sobre la caótica depravación materialista. Más que nunca se hace necesario un despertar espiritual a un tiempo individual y colectivo.


Porno, putas y consoladores

IVÁN CANTERO

A menudo se tacha a nuestro sincrético Gobierno (y por extensión, a los partidos que lo componen o lo apuntalan) de moralista o puritano, por su obsesión en legislar y fiscalizar la coyunda de los españoles. No pueden estar más equivocados: para los posmos, la moral es una bola de plastilina que además cambia de color; por consiguiente, la ley no significa demasiado para ellos, dado que su cumplimiento es meramente facultativo desde el poder, ya sea por acción/omisión o a toro pasado través de indultos arbitrarios.

Más aún, en ellos no hay un ápice de incoherencia o de hipocresía en pedir la cabeza de sus adversarios políticos por ser sospechosos de tener multas de aparcamiento y negarse a dimitir tras una imputación o incluso condena: su elevada concepción de la democracia a la cubana (donde de cuando en vez se impostan elecciones generales y referéndums, a los que ellos dan plena validez) les lleva, con un par de huevos, a la asunción tácita de que sólo están legitimados para gobernar ellos mismos, los del color tomate. En este contexto, como quiera que el statu quo político actual permite injustamente que otros partidos políticos concurran a comicios, prima sobre cualquier consideración el continuismo de sus cargos y cargas públicos para que sigan desarrollando las únicas medidas sujetas a derecho; las que, en palabras de Zapatero «cotizan en el corazón». Su Torá política es todavía más sintética que la de Jesucristo, pues se resume en la famosa frase de Evo Morales: «Yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados que si es ilegal legalicen, para eso han estudiado».

La posmodernidad es a la política lo que el machine learning a las ciencias computacionales, una doctrina que atrae a los golfos por su aparente superficialidad técnica, y la promesa supersticiosa de que sirve para hacer inferencias válidas a voluntad sobre lo que haga falta. Por tanto, no espere nadie que hubiera sesudos debates y análisis detrás de cada reglamento grotesco de zarabanda que sacan como de una churrera para no perder la atención de los medios; bombas de humo para camuflar la nada, tanques de cartón-piedra como los que usaba Sadam Hussein en la primera Guerra del Golfo. Por esa razón, las presuntas medidas para acabar con la violencia contra la mujer nunca pasan en la práctica de hacer pancartas, convocar concentraciones y sobre todo paniaguar asociaciones adláteres donde colocar a las egresadas de las maestrías en perspectiva de género o astrología menstrual.

Ni siquiera han aspirado nunca en serio a recoger intereses de las sensibilidades y preocupaciones del populacho en cada momento, pues ni se les había ocurrido ni tienen seso y magín para hacerlo; pero lo que sí saben es que sus embustes solo germinan entre los pijipis de clase media-alta, pues las mujeres de clase obrera que dicen representar están hasta el coño de que sus miserias, sus violaciones y su violencia doméstica sean ninguneadas cuando el agresor no es cristiano viejo. Sus técnicas de comunicación están inspiradas en las nuevas formas de racismo progresista del siglo XXI: piensan que para el grueso de la población (por el momento indígena) una pelea a machetazos entre bandarras latinos, una africana prostituyéndose, malos tratos en una familia rumana o una manada de magrebíes cometiendo una violación es algo normal por esperable (al cabo, estos ideólogos los juzgan medio montaraces) que no va a sorprender o conmover en especial a nadie, así que solo vale la pena activar la propaganda mediática cuando la casquería huele a paisano, del mismo modo que se ignoran guerras y matanzas (salvo que interesen a algún lobby político solvente para patrocinar su cobertura, entiéndase) más allá del mundo occidental.

El tema del momento es el intento de ilegalizar la prostitución, que por ser asunto singular y de larga tradición vale la pena recorrerlo más despacio. Es una de las polémicas morales clásicas, junto con el aborto y la eutanasia; y por esta vez creo que sí han pensado lo que hacían, pues el desarrollo local de la cosmogonía femiqueer es una de las condiciones de los benefactores que los han ayudado a llegar ahí. En este caso creo que, aun partiendo de dicha asunción, han sido muy torpes en el planteamiento, tratando de poner el carro delante de los bueyes, y de paso conciliando un mamoneo muy burdo de compensación hacia las femiterfs (las más alineadas con la abolición del puterío) después de haber aceptado el sacrificio de Carmen Calvo a Posmoloc para no quitar protagonismo (ni hacer contrapunto) a Irene Montero, aunque de poco le ha servido tras la caída en desgracia de su macho alfa.

A las teóricas de todo esto (fundamentalmente lesbianas estadounidenses) les ha dado por mirar al mundo grecolatino para darle un cierto empaque a sus proposiciones, si bien con una cierta torpeza y aparatosidad (como si a los mandos estuviera un bachiller); como usar el prefijo «cis-» para referirse a lo relacionado con quien no ha hecho una transición de género, como si la reasignación fuese un accidente geográfico o parte del itinerario vital de cualquiera, algo      tan ridículo como inventar el adjetivo cisformado para referirnos a una materia prima o elemento pendiente de transformar. También se han servido de la mitología para bautizar las taxonomías de relaciones lésbicas e incluso para quitar hierro a los asesinatos de menores a manos de sus madres, denominando a dicho atenuante Síndrome de Medea (tal vez algún día excusen a los violadores como pacientes con Síndrome de Zeus o a los padres asesinos a modo de víctimas del Síndrome de Cronos).

Volviendo al tema del puterío, posiblemente estén fantaseando con el mito de Lisístrata: se creen capaces a corto plazo de polarizar a hombres frente a mujeres tal y como Pedro Sánchez ha polarizado a la población (y asegurado una  base de votos) entre rojos y fachas, la única manera realista de que las féminas pudieran llegar a alinearse en masa con su cosmovisión de estupideces… Y ahí es donde entran las putas: si bien ya lo son hoy a sus ojos de algún modo, con los sexos enfrentados y los varones heteros privados de jodienda, ellas serían las esquiroles en la huelga genital global que tejerían la única  red de contención que podría ayudar a los hombres a aguantar la posición. En su concepción pueril de la psicología evolutiva y tras haber interpretado de manera vulgar y mediocre las  tesis de Freud, las femiqueer creen que la masculinidad es un concepto falible y artificial construido socialmente por el modelo familiar patriarcal, de modo que si éste se suprime, aquella se disolverá detrás.

Y el conflicto se solucionará de modo natural como en una de las  versiones de la comedia griega: los hombres, privados de opciones en coito vaginal con putas ni civiles, soltarán su sexualidad a la fluidez y terminarán entendiéndose entre ellos, la marca kilométrica que anuncia la llegada a su extravagante utopía social. La esclavitud sexual les importa lo mismo que la violencia contra la mujer, un carajo. Tan poco como para reconocer que ni siquiera tienen cifras fiables del peso que esta tiene dentro del mundo de la prostitución; y en todo caso, el sentido común dice que la ilegalización de la actividad expulsará a la mayoría de las que ejercen de manera voluntaria o las someterá en otra modalidad a alguna mafia que ya controlase la trata antes. La prostitución se volverá más sórdida y escurridiza fuera de la vista de todos, mientras que con una regulación pasaría justo lo contrario y la explotación sexual sería mucho más fácil de identificar y combatir. Llámenme loco, pero creo que esta es la prioridad a resolver en el universo del lenocinio.

Respecto a este asunto tenemos que abrir plano, porque forma parte de un ámbito mucho más extenso. La otra gran razón para perseguir los servicios relacionados con el sexo (si han metido en la ley solo la prostitución es porque no se les ha ocurrido más, demostrando lo que conocen el mundillo) es que son de demanda mayoritariamente masculina heterosexual y baste con eso.

Estas filosofillas escupen al suelo cada vez que se cruzan con una pareja de chico y chica, pero les toca tragarse la bilis de momento si no quieren quedarse sin base potencial en la que crecer y les toque tirarse del puente de Segovia abajo; pero lo que no son capaces de soportar es que el hombre pueda ser autónomo en la obtención de desahogo sexual respecto de las mujeres, aunque sea cascándosela mientras ve una película porno. Me brota una sonrisa al recordar aquellos carteles en los que un puñado de pelisobaqueras y fauna del mismo ecosistema nos advertían a la totalidad del género masculino que no teníamos su permiso para hacernos pajas pensando en ellas, pues se trataría de una violación mental.

Sí, puterío, porno y masturbación forman parte, en realidad, de lo mismo. Los argumentos para la persecución a la industria del sexo explícito (relacionados con la explotación de personas) son todavía más ridículos, pues miente o ha vivido en una cueva quien no sepa que desde hace muchos años la sesión vermú del onanismo en el mundo la amenizan parejas o mujeres que trabajan de manera independiente en su casa con webcams o espectáculos en vivo, o más recientemente en redes sociales para pajilleros como Onlyfans, amén de unas pocas grandes productoras como Private que trabajan con luz y taquígrafos.

Por otro lado, ¿se salvaría de la quema la literatura autoerótica femenina? No creo que les falten ganas de borrarla del mapa, porque lo cierto es que se consume muchísimo y retrata verdades muy incómodas, como que cada generación de mujeres ha tenido su novela totémica de éxito (Historia de O, Emmanuelle o la saga de Las sombras de Grey) con la que las lectoras fantaseaban en ser dominadas a través del sado y el bondage… Prueba del nueve de que la pornografía solo busca excitar mediante la fantasía, que no necesariamente responde a una apetencia por llevarla a la práctica (no, en los hombres tampoco).

Diremos por último que si no se han decidido a intervenir el mundo de los accesorios masturbadores es porque nunca han terminado de triunfar entre los varones, entiendo que por lo incómodo y penoso de su limpieza después del uso debido a sus formas necesariamente convexas. No obstante, me aventuro a vaticinar que más pronto que tarde terminarán resolviendo que este tipo de aparejos deben difuminar su aspecto anatómico; y por supuesto, se prohibirá que sus aberturas tengan forma de boca o de coño. La mayoría de los consoladores, por su parte, seguirán teniendo forma de polla como hasta ahora (tanto los de meter adentro como los de vibrar), pero mencionarlo será tabú para no incomodar a las pensadoras femiqueer.

Honestamente reconozco que no confío en que este tipo de prohibiciones, de salir adelante, tengan demasiado recorrido por muchas razones. La primera que se me ocurre es que abolir la prostitución tendría repercusiones más allá de lo evidente: mandaría a la clandestinidad también a los chaperos y a las muchísimas trans que se lucran con los gustos inconfesables del vulgo. En ambos casos se verían afectadas la demanda y la oferta en colectivos que, por el momento, no conviene incomodar (y, al cabo, el objetivo son los machirulos); por no mencionar la devastación en ambientes de sexo grupal organizado o espontáneo (frecuentado no solo por heteros), donde se convertirá en sospechoso a cualquier mujer joven o efebo que acudan sin compañía a la fiesta.

Evitar el consumo de pornografía no es posible, pues muchas de las tecnologías multimedia que se utilizan en Internet se desarrollaron patrocinadas por ella, así que del mismo modo todos aprenderán a utilizar la red TOR o lo que haga falta para acceder a contenidos lúbricos y seguir tocando la zambomba a gusto. Además, ya hay organismos internacionales que defienden de manera velada el acceso a la pornografía por parte de los niños (relativizando que en ellos pueda tener efectos adversos, ya ve usted) como vehículo para su educación y el discernimiento de su combinación afectivo-sexual queer (algo que ya atisbó el inefable distopista Aldous Huxley en Un mundo feliz). Y por último, ¿alguien cree que un gobierno feminista soportaría desterrar dildos y satisfayers junto con las vaginas en lata?

Pero la razón fundamental es que el puterío y las pajas (en todas sus modalidades) son recursos que la plutocracia global no solo permite sino que también necesita y fomenta, pues el nirvana del capitalismo es una sociedad nihilista centrada en el individuo aislado, que se desfoga sexualmente con relaciones esporádicas (uno de los ejes de la sociología disoluta que propone la cosmovisión queer, que también se retrata en Un mundo feliz) y, cuando no pudiere tenerlas, a través de las industrias del sexo bajo demanda; completando la cadena de montaje de los que pretenden industrializar la vida humana junto con la reproducción artificial, el aborto y la eutanasia… Lo menciono por si algún ingenuo todavía pensaba que estos elementos son derechos conquistados a través de las luchas sociales.

Si de verdad a alguien le interesa reducir la prostitución y el onanismo crónico a niveles residuales, algo que siempre ha estado entre nosotros de manera discreta, esporádica y razonablemente vergonzante, tendrá que navegar justo en dirección contraria, proponiendo un modelo social inverso a la decadencia occidental, en el que el individuo sea dueño de su sexualidad en lugar de lo contrario.


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