'La catástrofe climática'. Qui prodest?

‘La catástrofe climática’. Qui prodest?

La meteorología ha deparado un tórrido y prolongado verano, cuyos precedentes había alejado del recuerdo el transcurso de décadas.  Como sucede cada vez que la meteorología aprieta, en uno u otro sentido, el cambio climático, convertido, por la hipérbole en catástrofe climática, es causa recurrente de todos nuestros males,  que justifica el castigo merecido, que los políticos nos aplican bajo onerosas disposiciones, dada nuestra culpabilidad por los malos hábitos y costumbres con que gobernamos nuestras vidas. 

Trampa

Al verano le sigue el otoño y éste empieza a pintar los parques de colores ocres. Cae el relente. La vida anda a la redonda -eso dijo Cervantes, abran el Quijote-: a la alegría la sigue la pena, pasando por la tranquilidad y el ajetreo. El día a día, las cosas del comer.

El timo de las banderitas

El timo de las banderitas

Tal vez usted, sufrido lector, ha llegado a pensar alguna vez que está fuera de lugar. Las redes  sociales están llenas de perfiles con banderitas que ni le suenan, triangulillos pabajo, lazos de  colorines y todo tipo de símbolos horteras compuestos con emoticonos que facilitan a los  desaprensivos de Silicon Valley o Pearl River Delta la tarea de segmentar a los idiotas que  compartimos contenido en ellas (créame, la inteligencia artificial no da para tanto como  dicen).

La lacra del terrorismo etarra

Se ha escrito mucho sobre terrorismo, particularmente sobre el terrorismo etarra. Este libro, en mi opinión, no es uno más de los que recogen la lacra sufrida por España y por muchos españoles, yo diría por todos los españoles de bien, aunque no todos; muchos separatistas y en particular las familias del entorno etarra disfrutaron de los beneficios de ese terrorismo.

El autor me ha pedido que escriba el prólogo del libro. Lo incluyo aquí porque en él sintetizo como aprecio el contenido de la obra.

Refrescando memorias socialistas

Recientemente, la sentencia sobre el caso de los ERE en Andalucía vuelve a poner, desgraciadamente, de actualidad que la naturaleza del político, bien sea por debilidad o por maldad, cuando dispone de acceso y poder sobre el peculio estatal o ajeno, corre el peligro de extraviarse sustrayéndolo, bien en beneficio propio o con fines partidistas. Tanto en el primer caso como en el segundo, el grado de responsabilidad alcanza idéntico nivel de gravedad, por más que se quiera cínicamente justificar.

A por todas

En el debate sobre el Estado de las ocho naciones dentro de España –Miquel Iceta– nuestro déspota monclovita anunció que iba a ir a por todas. Acto seguido, la bolsa se desplomó dejando petrificadas a la banca y a las empresas energéticas al ver a un monstruo bicéfalo propagandista poner en jaque a una sociedad insomne, centrada en esquivar la miseria, que cuanto más profunda sea, más espinosa será la escalada hacia la prosperidad.

El real de a ocho: el dolar español

El Real de a Ocho era la moneda del Imperio español, al que sobrevivió ampliamente. Se trata de una moneda de plata, con valor de ocho reales, acuñada por la monarquía española después de la reforma monetaria  de 1497. Era conocida con otros nombres: peso de a ocho, peso duro, peso fuerte, dólar español. Su prestigio internacional la convirtió, en el siglo XVIII, en la primera divisa de uso mundial. Precedió a la libra esterlina de oro inglesa y al dólar de plata estadounidense en su hegemonía financiera mundial. 

Manifiesto contra la muerte del espíritu

A los 20 años del Manifiesto contra la muerte del espíritu

Hubo un tiempo en que soñar con un movimiento análogo a la Nueva Derecha francesa para España fue posible. Aunque ahora parezca apenas una entelequia, hace 20 años exactos ese instante estuvo a punto de concretarse en la realidad. Y personajes como Javier Ruiz Portella, Fernando Sánchez Dragó o el Marqués de Tamarón bien podrían haber ejercido de nuestros particulares Alain de Benoist, Dominique Venner o Guillaume Faye, si los españoles al menos les hubieran entregado la oportunidad. No fue así, por supuesto.

Porno, putas y consoladores

Porno, putas y consoladores

A menudo se tacha a nuestro sincrético Gobierno (y por extensión, a los partidos que lo componen o lo apuntalan) de moralista o puritano, por su obsesión en legislar y fiscalizar la coyunda de los españoles. No pueden estar más equivocados: para los posmos, la moral es una bola de plastilina que además cambia de color; por consiguiente, la ley no significa demasiado para ellos, dado que su cumplimiento es meramente facultativo desde el poder, ya sea por acción/omisión o a toro pasado través de indultos arbitrarios.

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