Todo aquello que sucedió

Empezaba la mañana con un mastuerzo en San Sebastián, recordándonos que en España la carencia de dignidad no brilla por su ausencia. Así decía: «Queremos hacer una mención especial y específica a las víctimas causadas por la violencia de ETA. Queremos trasladarles nuestro pesar y dolor por el sufrimiento padecido. Sentimos su dolor, y desde este sentimiento sincero, afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido y que a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo».

La libertad del secuestrador

El 19 de febrero de 1979, 13:45 horas en Vitoria, Arnaldo Otegi Mondragón y Luis María Alkorta Maguregi «dando cumplimiento a las consignas y órdenes recibidas de la cúpula de ETA pm» secuestraron a Luis Abaitua, le forzaron a introducirse en el coche que otros terroristas habían robado, le taparon los ojos con «algodones y gafas oscuras» y le condujeron por diversas calles de la ciudad, «efectuando paradas y cambios de automóvil», hasta llegar «a un monte en las proximidades de Elgóibar», donde «tenían preparado un agujero o zulo, excavado en la tierra, y que consistía en un habitáculo de 2,50 metros de largo por 1,50 de ancho y 1,80 de altura, con entrada disimulada por arbustos y ramajes». En ese inhumano zulo Luis Abaitua Palacios, de 48 años, casado y con seis hijos, cuyo único pecado había sido dirigir la planta de Michelin en Vitoria, paso nueve días convencido de que no saldría de ahí con vida.

Réquiem por la cochambre

¿Para qué disimular? ¿Por qué ocultar nuestras filias? ¿De verdad hace falta maquillar las simpatías que tenemos? A estas alturas del mandato de Pedro Sánchez estas son las preguntas que deben plantearse los bilduetarras. Ya ni se molestan en tratar de disfrazar su verdadero sentir a la hora de mostrarse al mundo. ¿Por qué lo iban a hacer? Si se les pasa todo y cada día les vota más gente.

Hijos de la ‘grandísima’…ETA

Llamar estupor a lo que sentí al enterarme de que Bildu había trasladado a Meritxell Batet, Presidente del Congreso, una queja en la que avisaba de que no aceptará que se les defina como «los herederos de ETA» es escaso. Imagino que esa sensación difícilmente etiquetable es compartida por ustedes.

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