Enero del 23

23 del año 2000. España resquebrajada de norte a sur, de este a oeste. Este año habrá elecciones y el pueblo decidirá. La decisión de suicidarse o no.

Certezas

Cada cual escribe sobre lo que quiere o se le ocurre. Escribir sobre lo que se ocurra no es escribir sobre lo que se quiere. Ocurrencias tenemos todos y no siempre van ligadas a lo que se quiere. ¿Las certezas? No siempre van de la mano con el anhelo. Mi certeza es la debacle de una sociedad y lo que quiero es olvidarme por un tiempo de ese centro del donut podrido al que se le dio el nombre de sanchismo –he cogido manía a la palabra–. Uno ha pasado tanto tiempo intentando descifrarlo que se ha cansado. Todo el mundo tiene derecho a cansarse algo.

Trampa

Al verano le sigue el otoño y éste empieza a pintar los parques de colores ocres. Cae el relente. La vida anda a la redonda -eso dijo Cervantes, abran el Quijote-: a la alegría la sigue la pena, pasando por la tranquilidad y el ajetreo. El día a día, las cosas del comer.

Refrescando memorias socialistas

Recientemente, la sentencia sobre el caso de los ERE en Andalucía vuelve a poner, desgraciadamente, de actualidad que la naturaleza del político, bien sea por debilidad o por maldad, cuando dispone de acceso y poder sobre el peculio estatal o ajeno, corre el peligro de extraviarse sustrayéndolo, bien en beneficio propio o con fines partidistas. Tanto en el primer caso como en el segundo, el grado de responsabilidad alcanza idéntico nivel de gravedad, por más que se quiera cínicamente justificar.

El cuento

​El decaimiento del país es un espejismo de la debilidad de quien la gobierna. Sánchez es el dueño de una carnicería podrida instalada en el sectarismo con unas mediocres vistas a la ruina. Su liderazgo consiste en una estúpida huida hacia delante en la que se desprestigia a la verdad: el cuento de la lechera termina topando con la realidad.

Orgulloso de nuestros «piolines»

Llevo tiempo sin ofrecerles nada, la vida es maravillosa y caprichosa, me mantuvo ocupado. A ello sumémosle que la pereza llamó a la puerta y abrí encantado -qué le vamos a hacer, ¿verdad? -. Bueno, hoy de piolines va el asunto, el repeinado de la Moncloa vuelve a ofrecer una escena cuanto menos grotesca.

Eurovisión: no, no todo es política

Hace cien años, Joris Karl Huysmans escribía en su novela A Contrapelo lo siguiente: 

Al mismo se dio cuenta de que los librepensadores, los doctrinarios de la burguesía, esa gente que exigía todo  tipo de libertades para poder aplastar las opiniones de los demás, no eran más que unos ávidos y  desvergonzados puritanos, cuyo nivel de educación le parecía inferior al de cualquier zapatero. 

Agotada

Uno no sabe por dónde empezar a contar. Una pescadilla se muerde menos la cola. Hay menos muñecas rusas dentro de las muñecas rusas.

​La nueva ley de educación además de perseguir la rebaja de la exigencia, provocando un deterioro de la futura competitividad, está centrada en forjar ciudadanos ejemplares ideológicamente, privando a los jóvenes de conocer los acontecimientos que forjaron nuestra Nación. El pasado se juzgará con los ojos del presente fulminando el pensamiento crítico, y entonces, quienes quieren que en la sociedad sólo imperen en identidades colectivas, conseguirán que veas con buenos ojos que en España se destituya a la gente de su puesto de trabajo por haber cumplido con su deber.

El ruedo

El mundo ha sido zarandeado por dos desgracias consecutivas: la pandemia y la guerra de Ucrania. Todas las economías europeas sufren sus consecuencias, pero algunas más que otras.

En Argelia no quieren oír hablar de España ni en Ucrania de Putin. Europa había olvidado el valor de la libertad, de la Democracia, y los ucranianos se lo han tenido que recordar con su resistencia heroica. Europa ha despertado a golpe de misil. Rusia va camino de convertirse en la marioneta de China mientras que Estados Unidos cuenta con el apoyo de la Unión Europea. Los dos campos donde se va a jugar la economía mundial.

No sé, no sé

¿Amarga victoria o dulce derrota? ¿Los experimentos mejor con gaseosa?

La Nueva Política sólo trajo fragmentación e inestabilidad, fruto de ello fue el apogeo de los localismos; la llamada España vaciada. La defensa de los intereses locales es legítima, pero cabría pensar que detrás de algunos de esos localismos, cuyos orígenes están en las promesas en vano, se esconden más intereses personales que vocación de servicio. Los grupos localistas provocan la división en los parlamentos que desemboca en la ruptura del interés general.

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